Nuevo Amanecer

Centroamérica es con todo derecho América Latina


Héctor Miguel Leyva Carías (Honduras, 1963) se doctoró en Literatura Hispanoamericana en la Universidad Complutense de Madrid, con su trabajo Narrativa de los procesos revolucionarios centroamericanos (1960-1990); es profesor de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras y especialista en literatura hondureña y centroamericana. Leyva nos brindó una entrevista exclusiva para Nuevo Amanecer Cultural.
CM: ¿Está nuestra literatura en consonancia con América Latina desde todos los aspectos: formal y de contenido?
HL: Por supuesto. Centroamérica es con todo derecho América Latina. Nuestras experiencias me parecen incluso de una rica intensidad y dramatismo, de los que los autores están sabiendo dar cuenta. Pero del mismo modo como el continente no es un todo homogéneo, las producciones artísticas y literarias son diversas y heterogéneas. La violencia verbal y la estridencia política de nuestra narrativa, por ejemplo, tal vez tienen más que ver con el momento histórico que viven nuestras sociedades que con la sintonía con una determinada tendencia literaria. En este sentido, el hiperrealismo estaría enganchado a experiencias regionales profundas. Lo que hay que desechar es la idea de que existe una sola literatura y de que debemos medir el éxito de los autores locales con respecto su sintonía con tendencias literarias internacionales. Lo que suele llamarse “corrientes principales” de la literatura o “las obras maestras” del continente más tienen que ver con procesos de canonización de tendencias y autores, o con fenómenos de mercado, que con la posibilidad real de ser expresión de un improbable “espíritu continental”.
CM: ¿Considera que es pertinente hablar de postcolonialismo, posmodernidad o postoccidentalidad en CA o habría que indagar nuevas formas de teorizar nuestros procesos?
HL: Los conceptos vienen a ser algo así como instrumentos ópticos que nos permiten ver ciertas cosas, y de ahí que sean necesarios, pero como toda lente también nos ocultan o nos deforman otras en el mismo campo de visión, con lo cual siempre hace falta mejorarlos. Mal haríamos en no tratar de desarrollar nuestro propio juicio, como mal haríamos en no considerar lo que otros han pensado (independientemente de quiénes sean esos otros). Los conceptos a los que usted alude están siendo elaborados y replanteados en todas partes, y no veo por qué no habríamos de hacerlo también en Centroamérica.
CM: ¿Cuáles son los sujetos susceptibles de narrar en esta época, me refiero a dos elementos: quién está narrando y a quién se está narrando?
HL: Antes y ahora las clases medias y medias altas han hecho prevalecer sus puntos de vista en la narrativa. Son las clases que han conquistado el poder de la escritura, pero que no son homogéneas y pueden proyectar distintos intereses o configuraciones ideológicas, como también hacer patentes distintas sensibilidades y experiencias. En este sentido, más interesante que el origen de clase parecen ser los vínculos afectivos, sociales y políticos que establecen las narrativas. A mediados de siglo, en las gruesas novelas regionalistas, los autores se asumían como la conciencia de la nación. En la narrativa testimonial de los 80, algunos autores celebraron pactos de solidaridad con sujetos subalternos (campesinos, indígenas). Actualmente algunos autores se desentienden de este tipo de propósitos y deliberadamente sólo quieren hablar de sí mismos y de los que son como ellos.
CM: ¿Cómo se presenta desde la óptica formal esta narrativa?
HL: A mí me parece muy diversa y rica en posibilidades y registros. Algunos autores confían en las posibilidades de la escritura vanguardista (aquella altamente intelectualizada que busca romper el lenguaje y los modos perceptivos convencionales para recuperar el mundo). Otros exploran los lenguajes locales (por ejemplo, los estilos verbales urbanos y marginales), con la intención quizás de fijar en las huellas de la voz las fugitivas experiencias de este momento histórico. Otros importan, desmantelan y vuelven a armar artefactos culturales metropolitanos, como el de la novela policíaca, que una vez reensamblados consiguen acoger experiencias locales y transformar los propios artefactos. Otros han vuelto sobre las novelas históricas, otros sobre las novelas líricas, otros incursionan en la novela light, en la literatura gay, en la pornografía, etc.
CM: ¿Esta narrativa busca tener un efecto en concepciones pendientes en nuestra área como: modernidad, fronteras, nacionalismos, etc.?
HL: Efectivamente, algunos autores siguen proponiéndose fines didácticos, en el sentido de que se conciben a sí mismos como maestros que quieren guiar a la sociedad revelándole sus faltas y sus horrores. Otros tal vez sólo tratan de ser honestos con sus propias experiencias y reflexiones, las que consideran que pueden tener algún interés para los demás.