Nuevo Amanecer

Rodrigo Castillo Fotógrafo de espíritu viajero

“Mis fotografías son retratos, esencias de las cosas, partes bonitas, encuentros con mi alma, luz, sombra, objetos tienen mi sello personal”

Rodrigo Castillo es el fotógrafo que se hace escuchar en voz alta, conjugando el retrato de un día feliz, sincero, con pasión de aire, tierra, agua y corazón nicaragüense. “Mis fotografías son retratos”: en ellas, se percibe la paciencia, a pulso sostenido por conquistar la belleza del paisaje; el esfuerzo firme, para embriagarse de aventura, y soñarla, en “el aquí y ahora”, de una Nicaragua bella, hermosa y cumplidora, a contratiempo, siempre con las ganas de impactar la realidad.
Castillo aprendió con la luz todos los secretos de la fotografía. Su ligazón con el oficio fue sorprendente, original y con gran decisión por servir. Ha vivido todas las iniciativas: desde lo biográfico y poético, con voz que deja huella en la narración permanente, que tiene presencia en la identidad del país.
Y así, en la vista pública de sus fotografías nos involucramos en los contactos de las emociones, narraciones y en la profunda y desconcertante reflexión de la certidumbre de vivir en el país de la imaginación.
Mi entrevistado se declara un ciudadano útil a la sociedad nicaragüense, y por ese rumbo traza día a día signos de armonía en la casa habitable de sus sueños.
Narración, reflexión y memoria serán nuestros compañeros de viaje en esta entrevista con Rodrigo Castillo, un viajero del espíritu.

Tito Leyva: Rodrigo, cuéntame un poco acerca de una fotografía tuya que aparece en el sitio web de la empresa Kodak
Rodrigo Castillo: Cuando iba en el aire, la pensé, porque me impresionó la vista del río San Juan, la pensé en la calidad técnica, pese a la poca luz y con el movimiento del helicóptero con dos tipos de películas, 120 y 35. Lo que hice fue tomarla de dos formas diferentes con las dos cámaras. Desde que yo la tomé, sabía que era una foto impactante. Cuando bajé a revelarla, de todos los rollos que tomé en esa fila, que eran 24, fueron las tres últimas tomas del rollo de 120 que resultaron espectaculares.
La empresa Kodak realizó una convocatoria para seleccionar a los diez mejores fotógrafos de Latinoamérica, y Castillo fue uno de los escogidos para poner sus obras en su página web.
TL: ¿Uno sabe interiormente cuando va a producir una buena fotografía?
RC: Cuando yo veo algo, que puede ser desde una circunstancia, una cosa, un momento; desde una piedra, una flor, una muchacha, una señora, una vieja o un sombrero, estoy viendo en términos fotográficos un montón de elementos que me permiten armar una fotografía en un proceso muy veloz. En ese momento comienzo a racionalizar ese instante, un punto de vista, la velocidad que voy a utilizar, el ángulo y el tipo de lente. Y no paro, porque ya sé dónde está la foto. Yo tuve mucho ejercicio de medir la luz con el ojo, porque mis primeras cámaras fueron mecánicas.
TL: ¿El trabajo con la sensibilidad es lo más importante?
RC: A mis alumnos de los talleres de fotografía les he dicho que el interés por la fotografía se aprende, porque es tangible, pero que los elementos artísticos son de gran peso para producir una buena fotografía. Pero también les he confirmado que la sensibilidad artística se desarrolla y se tiene porque se nace con ella. Pero también se adormece o se trata de esconder. Mi experiencia me ha revelado que en los primeros rollos se descubre quién es fotógrafo.
TL: ¿Cómo es ese proceso de crear con la luz?
RC: Algunos colegas dicen que la fotografía se escribe con luz, se pinta con luz. La luz es un instrumento fundamental, pero no es el único. La luz es un destello, un rayo, un instante, un punto, para el que se trabaja con imágenes. Es un proceso de dominio constante. Cuando se apaga la luz es cuando nos morimos.
TL: ¿Cuáles son tus claves como fotógrafo?
RC: Lo importante es querer tomar la foto. Yo he tomado retos por encargo, porque tengo el carácter para asumir las posibles dificultades. Hay fotos que me han marcado para siempre, y otras no. O alguna plata, que significó tomarla decentemente. El parto de mi último hijo, que ahora tiene 11 años, significó para mí momentos hermosos e inolvidables, así como el resultado de fotografías impresionantes.
TL: ¿La fotografía te da mucha motivación para reflexionar?
RC: La fotografía está cargada de símbolos, elementos, signos y mensajes. Una fotografía es un mundo por sí mismo, porque trasmite una historia. Una fotografía puede cambiar el rumbo de la historia. La fotografía es capaz de construir una imagen, así como también destruirla. La fotografía de Hasenfus, que recorrió el mundo, cambió el rumbo de la guerra en Nicaragua. Yo sé que la imagen juega un papel importante en la comunicación humana. La fotografía es un medio de expresión artística. Yo desarrollo y trato de dar mensajes. La mayoría de mis fotos son simples, de mandarinas con sus colores lindos, paisajes nunca antes vistos, que por eso son bellos.
TL: ¿La fotografía es espejo y máscara?
RC: Es espejo de la realidad, no es la realidad; es imagen de un objeto, fragmento de la realidad. Es interpretación. Es la manipulación de la realidad. Yo imagino, como cuando un mono se vio por primera vez en un espejo o cuando el hombre por primera vez reflejado en un charco observó la luna arriba y abajo, y de pronto se vio él como un efecto de magia. Todos con una cámara enfrente nos transformamos.
TL: ¿Qué es la realidad?
RC: El fotógrafo generalmente trata de interpretar la realidad. La fotografía no es la realidad, porque ésta es mucho más rica. La fotografía nos permite transportar nuestra mente y recrearla como el rostro bello y desfigurado. Hice una fotografía de Vivian Pellas con su máscara junto a su hija, muy fuerte y muy linda. A ella le gustó mucho, y para mí es una de las fotografías más lindas que he tomado.
TL: ¿Has captado en algún momento la belleza de la vejez?
RC: Sí, una foto de mi abuela con mi tercer hijo; no es perfecta, tiene un grado de desenfoque, pero es bella, porque es el rostro de una anciana junto al de un bebé, con los mismos colores de los ojos, el mismo tono de piel con diferencia de casi 80 años. Una relación directa entre esa anciana y el rostro nuevo de ese niño. Esa foto es una de las más impactantes.
TL: ¿Y la fealdad?
RC: Cuando empezaron los temblores en Masaya, yo le dije a un colega que fuéramos a tomarle fotos a la iglesia de San Juan de Oriente. Llegamos y tengo fotos de una pared cayendo, de una persona saliendo de los escombros, de piedras en el aire, así como el horror de la gente y el pánico de muchos.

TL. ¿Qué te obliga a tomar fotografías, el ímpetu creativo o la necesidad por descubrir?
RC: Es una forma de vida más bien. Tomar fotografías me relaja y me satisface. La mayoría de mis fotos no las he impreso, están en negativos, pero yo me las imagino en positivo. Tengo muy claro y estoy consciente del valor de mis fotografías, de la calidad documental, del riesgo que afronté al tomarlas, para producirlas, porque mis fotografías son aéreas. Puedo escoger a mis clientes, porque no vivo bajo presiones económicas, gracias a Dios”. No es que viva con una cámara al lado, pero tomo fotografías todo el tiempo y salgo mucho. Me dedico a tomar fotografías de documentos viejos, para perfeccionarme. Tomarle una fotografía a un cuadro es distinto que a un documento. No tomo pastillas para dormir, no tengo ansiedad; cualquier cosa, tomo la cámara y me voy a tomar fotos.
TL: ¿En algún momento tu oficio de fotógrafo ha afectado tu intimidad?
RC: No, en otro sentido. Muchas instituciones serias, grandes y responsables, han pirateado mis fotografías, causándome daño moral, por lo que las he demandado, afrontando todos los riesgos por defender mis derechos de autor. Han abusado de mi trabajo fotográfico, me han robado. Lo peor es descubrir sus ardides y que todo quieren politizarlo. Con algunas instituciones me he arreglado satisfactoriamente y otras están por esa misma vía.
TL: ¿La fotografía es recuerdo o nostalgia?
RC: La fotografía congela ese instante que ya pasó, y lo vincula con la memoria para recrear una atmósfera, por eso podemos recordar los olores, el ruido del tren, es más fácil, porque cumple con reproducir esos ambientes que fueron agradables, y eso a la gente le emociona.
TL: ¿Te gustaría tomarle una fotografía a Dios?
RC: En un vuelo de 12 horas por la Costa Caribe, con mi cámara digital, contraté a un camarógrafo, por cierto muy ingenuo, para que filmara cómo realizaba mi trabajo fotográfico en las alturas. En Managua tuvimos un percance al entrar a una formación de nubes y tormentas, y creí que no saldría vivo, fue un momento de gran temor, y empecé a tomar fotografías para no demostrar miedo. Y en ese instante el muchacho me pregunta: don Rodrigo, don Rodrigo, ¿a qué le está tomando fotografías? Y yo le respondo: No ves que está Dios. Es lo primero que se me ocurrió. No tengo esa pretensión de tomarle una foto a Dios. Pero sé que en el parto de mi último hijo, en una flor de colores bellos, en una mariposa, en ese atardecer de mi foto escogida, en todo lo que veo y fotografío ahí sé que está Dios.
TL: ¿Con quién dialogas, quién es tu alter ego en la fotografía?
RC: Yo siempre dialogo en voz alta, y me salen expresiones, que mis hijos conocen muy bien cuando estoy realizando mi trabajo. Hablo conmigo y a la gente le sorprende que un fotógrafo actúe así, pero yo en ese momento estoy en mi subconsciente, en el rincón de lo bello y lo abstracto. Es mi reacción con mi cerebro: consciente e inconsciente.
TL: Sitios históricos, ¿cuáles no te gustan de Managua?
RC: El botadero histórico de La Chureca no me gusta, y no hago fotos de ese lugar, porque afecta mi sensibilidad. El Mercado Oriental no me gusta, se ve mal desde el aire, y abajo es un desorden. Sin embargo, por encargo cada año realizo fotografías aéreas de Managua, para el anuario de una empresa internacional. Managua no es muy atractiva.
TL: Rodrigo, ¿cómo son tus fotografías?
RC: En mis fotografías casi no uso flash. Son simples, naturales, me encuentro con el punto de vista natural. Tengo bellas fotografías de Ernesto Cardenal y de Fidel Castro. Mis fotografías son retratos, esencias de las cosas, partes bonitas, encuentros con mi alma, luz, sombra, objetos, tienen mi sello personal.