Nuevo Amanecer

LIZANDRO CHÁVEZ ALFARO: La identidad del escritor caribeño


El interés de Chávez Alfaro por la marginalidad del Caribe nicaragüense y de su propia condición de marginalidad del escritor nicaragüense y de su propia condición como escritor caribeño. Aunque la condición de marginalidad no es exclusiva de nuestros escritores, Alfonso Reyes afirma que la quinta esencia latinoamericana es vivir al borde de dos culturas: la precolombina y la europea, y concluye que, al no ser producto directo de ninguna de las dos culturas, el escritor latinoamericano tiene una perspectiva peculiar que Reyes llama “inteligencia americana”, definida como una especie de irreverencia en el manejo de ambos legados culturales; esa inteligencia le permite al artista una gran libertad creativa.
Lizandro Chávez no es ajeno a esta síntesis cultural que como escritor latinoamericano le lanza a la libertad creativa. En “Abreviaciones de la experiencia literaria” nos habla precisamente de la paciencia del verdadero lector, de la gozosa paciencia que lleva al lector activo a incorporarse a la obra y concluir el proceso literario, donde en efecto se decide la suerte de lo escrito. Incorporado participa. Participando corre sus riesgos, no menores que los del autor al que se asocia. Entra en la confabulación. Niega su inocencia.
El acto creativo se inicia en la lectura. Leer es disciplina en la que hay un ineludible aprendizaje. El gozo que experimenta el lector consumado se manifiesta en innumerables matices: el asombro, la identificación, el encuentro, la colisión, la observación con obras, temas y autores que van de una manera y otra filtrándose.
Lizandro Chávez reconoce entre sus experiencias literarias cuatro obras:
Del gozo producido por identificación, hay en mi experiencia literaria cuatro obras muy precisas: Luz de agosto, de William Faulkner; Bajo el volcán, de Malcolm Lowry; Gran sertón: veredas, de Joao Guimaraes Rosa; y la vida breve, de Juan Carlos Onetti. Son lecturas con las que, aun deslumbrado, me pareció recuperar partes de mi persona, perdidas en el tiempo, antes que su respectivo creador me entregara cada una de ellas.
Nos remite a otro elemento fundamental en la identidad del escritor, sus ideas de la invención literaria han sido confirmadas en la experiencia literaria como lector y han corroborado que la invención literaria debe estar cimentada en las pasiones.
Pasión no es solamente el sentimentalismo desmelenado, sino todo aquello que un hombre o una mujer consideran motivo poderoso para haber nacido, para gozar o padecer su existencia, para morir aferrado a lo que es su verdad. Estoy convencido de que fuera de las pasiones, todos son incidentes melódicos del mundo irracional para usar un memorable título de Juan de la Cabada.
La identidad literaria se alimenta según el autor de factores muy diversos a los términos geográficos-políticos, pero la invención literaria es una obligación que el autor tiene que llevar adelante para esclarecer o cuestionar sobre un conflicto esencial, así lo expresa Chávez Alfaro:
Así, la invención literaria --que para mí es el replanteamiento de un conflicto esencial por vía del lenguaje, “innovador y potencialmente infinito”--, se produce en tal adelantamiento. Por paradójico que parezca, adelantar, en este caso, es bien alumbrar lo que yacía en la oscuridad o proyectar la duda sobre lo que brillaba en falsa luz.
Columpio al aire es precisamente el replanteamiento de un conflicto esencial por la vía del lenguaje. La obra presenta una manifiesta voluntad formal que pareciera dificultar sus planteamientos, pero lo que busca es precisamente proponer, resolver, producir nuevas significaciones.
En entrevista realizada al autor sobre los ámbitos artísticos y los alcances de la literatura se expresó como sigue:
El ámbito de la cultura en su expresión artística, siempre es mayor que el ámbito delimitado por intereses de clase dominante en cada sector de una región entera; superior a la peripecia de cada sector. Perdurará lo que exprese mejor el riquísimo fondo humanístico contenido en cada obra narrativa […] Creo que todo dependerá de la honestidad con que lo contemos. El éxito inmediato es patrimonio de la literatura ligera. La perdurabilidad está determinada por otros componentes culturales.
Fiel a estos preceptos como escritor, Chávez Alfaro ha superado las limitaciones regionalistas, clasistas e ideológicas, ha sabido sumergirse en los abismos de la condición humana. Como escritor ha encontrado “eficacia social dentro de la eficacia estética”.
En el proceso creativo, Lizandro Chávez ha inventado un mundo, personajes y cosas, ha alumbrado y cuestionado conflictos esenciales, pero junto a todo esto ha dado forma a su propia identidad, como él mismo cita a Fernando Alegría, escritor y crítico literario chileno, autor de La novela hispanoamericana y la Nueva historia de la novela hispanoamericana, para aclarar la actitud de un novelista:
No es manipulador de personajes adiestrados para expresar sus ideas: es un individuo entre innumerables seres y cosas que algo piden de él. Se las ingenia, entonces, para darles forma, metido en ellos, sospechando que en el proceso se da también una forma a sí mismo en el sentido de su vida y de su comprensión de la realidad.
Desde la “nebulosa provincia de lo emblemático”, como se refiere Chávez Alfaro, el mundo del artista, del “fabulador literario”, construye Columpio al aire, cuya circunstancia es local, pero su aire está atravesado por todos los aires que soplan en el Caribe cosmopolita. Material de indudable riqueza humanística traído desde antiguo en el tiempo y desde todas las geografías, para asentarse de manera definitiva, duradera, como patrimonio histórico y cultural de nuestra identidad. Porque como el mismo Chávez Alfaro afirma al referirse a los poetas atlánticos: “Han pasado por todo lo que algo tenía que contribuir a su formación. Sin embargo, no le deben nada a nadie”.
Valida la obra de Chávez Alfaro la sentencia de Reyes, que es asumida luego por Borges y tras él muchos más: La única manera de ser provechosamente nacional consiste en ser generosamente universal, pues nunca la parte se entendió sin el todo. Esta misma lección ya la recibimos de manera más esencial y directa de Rubén Darío, referido y citado en Columpio al aire en textos fundamentales a su identidad como “A Colón” y “Lo fatal” y reconocido como el que consagró el Modernismo: Lo azul fue siglos después una elegancia literaria que brotó en puntos varios de la América hispana, consagrado a su hora por el genial consorte de Francisca Sánchez.
Chávez Alfaro dirá sobre el Modernismo:
Es la gran cuenca del Caribe de donde el idioma sale transportado por el movimiento mental que sus autores llamaron Modernismo. Decidieron pagar con creces el idioma sus adelantados y capitanes: Gutiérrez Nájera, Silva, Martí, y en la cresta de la ola atlántica se ve todavía el galeón que regresaba del Caribe a España con el tesoro labrado por Rubén Darío, nacido en Nicaragua, forjado en la antigua Castilla del Oro.
Darío es para Chávez Alfaro no sólo el modernista cosmopolita, apasionado y combativo, sino también el poeta hidalgo, dueño de inmensos bienes invisibles, que cantó al amor y la sinceridad, generoso y compasivo y que alcanzó el vigor y la luz que genera la reflexión en su obra Canto, de Vida y Esperanza.
La reflexión de Chávez Alfaro sobre Darío va más allá, penetra en la complejidad del forjador de palabras y reconoce la complejidad del colonizado, que en sus virtudes abarca la de puntual pagador de deudas supuestamente impagables. Y continúa Chávez Alfaro: Y sería falaz pensar que Darío, ingenuo indiano, no captaba la brusca contradicción que iba y venía entre metrópoli y colonias del imperio fenecido.
Su hidalga propuesta era resolver la contradicción por gracia del idioma, insiste, pagó con creces el don del idioma […] en una sola remesa de reluciente español mucho más de lo adeudado… Y yo, araña dariana, saludo el sol verdadero sin rencor alguno.
Chávez Alfaro, con esa misma actitud generosa que reconoce en Darío y que él como “araña dariana” tiene, “sin rencor alguno” ofrece una obra, Columpio al aire, en la que reconociendo como suyo el idioma del colonizador, exalta a su Caribea ecuménica, eterna, perpetua. Canta o cuenta con la conciencia del hombre de su tiempo que reconoce que el idioma es primer atributo de toda nación. [y que] Ésta pervive por él, aun en caso de partición de su territorio. También reconoce la distinción entre Estado y nación y la plena vigencia del concepto de estado multinacional, pluriétnico y plurilingüe.
Si utiliza el español, no es del colonizador, es el suyo enriquecido, “saturado” con todas las voces, con toda la cultura que recoge la cuenca del Caribe. El Caribe se formó a un ritmo histórico y cultural distinto.
El Caribe lucha contra las limitaciones impuestas y la necesidad de definir su identidad, lucha por forjar una imagen propia. La contradicción entre Caribe y Pacífico la resuelve Chávez Alfaro a través del idioma.
Si percibiéramos rencor, deseos de venganza, altanería o superioridad, es porque su discurso está construido reproduciendo el poder hegemónico atribuyéndoselo al margen. No hay rencor ni mezquindades, sino conciencia histórica. Chávez Alfaro en Columpio al aire nos ofrece la imagen del Pacífico en su propia lengua, pero construida desde la alteridad y nos permite conocer la identidad caribeña construida desde sí mismo. Responde a la necesidad de reivindicar lo que es propio y a la obligación de concienciar ofreciéndonos una imagen “alterada” por la posicionalidad del que construye y narra.
Así, la invención literaria --que para mí es el replanteamiento de un conflicto esencial por la vía del lenguaje, “innovador y potencialmente infinito”--, se produce en tal adelantamiento. Por paradójico que parezca, adelantar, en este caso, es bien alumbrar lo que yacía en la oscuridad o proyectar la duda sobre lo que brillaba en falsa luz.
Columpio al aire es, precisamente, el replanteamiento de un conflicto esencial por la vía del lenguaje. La obra presenta una manifiesta voluntad formal que pareciera dificultar sus planteamientos, pero lo que busca es precisamente proponer, resolver, producir nuevas significaciones.