Nuevo Amanecer

Civilización


En Remedio en el mal (1989, Madrid, A. Machado, 2000), Jean Starobinski analiza el surgimiento del concepto de civilización y urbanidad y civilización en la época moderna (siglo XVII-XVIII), dentro de la dialéctica con el concepto de barbarie y salvajismo.
De hecho, es en los siglos anteriores, a partir del Renacimiento, como mostró Panofsky en base a la primera página de Vasari, que se empieza a distinguir lo moderno de lo antiguo, con espacio temporal ideológico intermedio: lo medieval como entre dos, momento de barbarie, en el que se destacó el arte de los godos: el gótico. A lo que, probablemente, pretende acercarse Starobinski en su epílogo (pp. 293ss.).
Los grandes descubrimientos mediante la ampliación del espacio geográfico navegable por y para los europeos permitieron reasumir imágenes antiguas como es Hermés, dios del comercio, la urbanidad y los intercambios entre humanos y divinidad. Mercurio se vuelve así un dios prominente a partir de los s. XV-XVI. Los viajes dan primero lugar a los libros de maravillas, de Marco Polo a Cristóbal Colón y a historias sobre seres sobrenaturales en los confines del mundo conocido, mientras la época barroca, contraparte de las luchas religiosas y la Reforma en sus distintas formas (luteranismo, calvinismo, anglicanismo, jansenismo), rechazando el mito, desconfía de los monstruos en artes si no es con fin moral o ejemplar.
Rastros de esta dicotomía entre un mundo civilizado seguro y otro arcaico, peligroso e inestable, son: Asesinatos en la calle Morgue de Poe, en el que un orangután propiedad exótica de un marinero recién llegado mata a dos mujeres, Le Horla de Maupassant, con la enfermedad incomprensible del héroe, traída desde la desconocida América, El Exorcista y las demás películas y narraciones sobre momias o demonios maniqueos que se apoderan de personas en la sociedad contemporánea por haber sido traídos en tierra occidental, en general, casualmente, en barco, figura-símbolo de los descubrimientos modernos. Así los discursos etnográficos que se conforman y configuran en los s. XVII-XVIII suponen no sólo, como en Rousseau o Bernardin de Saint-Pierre, una oposición entre la buena naturaleza y la civilización pervertida, sino una mirada fantasiosa sobre lo ajeno considerado como exótico.
Así todavía a finales del siglo XIX la mitología comparada consideraba como muestras no religiosas, sino míticas, de sociedades primitivas, por oposición a Grecia, los relatos y cuentos africanos o americanos, como confirman las consideraciones introductorias tanto de Frazer como de Saintyves en sus respectivas obras. Lo utilitario de la pierna de jamón --adyuvante del héroe en un cuento africano-- confirmando según Saintyves la inferioridad de la axiología religiosa de los pueblos no europeos respecto de las religiones greco-romanas y judeo-cristianas, carentes supuesta y falsamente éstas de fin de utilidad. De hecho, si la mitología comparada estudia las religiones y mitologías universales dentro de este marco, la primera forma de ciencia humanística, y el modelo por todos los posteriores desarrollos de la ciencia contemporánea, es la sociología de Comte a inicios del siglo XIX, basada en esta mística ascensional, como el hegelianismo, del Ser fuera de Sí al Ser en Sí, del enajenamiento con Dios y el Logos, a la reunión como en la Gran Mística baja medieval.
Los estructuralistas y Barthes, en sus divisiones implícitas de las artes, contemplan la misma elevación religiosa de la animalidad al estado de civilización, de lo plástico al oral y lo escrito, último grado éste del sentido, mientras los anteriores lindan con el famoso grado cero en cuanto manifestaciones populares, que Barthes encontrará desarrolladas y al poder en los mass-medias de hoy en Mitologías, texto contemporáneo y de titulo homófono de Mitológicas de Levi-Strauss, quien, igual, en sus otros escritos, rechaza el significado fuerte de las artes plásticas, por oposición a la literatura oral o escrita.
Es así desde el Otro, relegado al ámbito del salvajismo y la barbarie, que se dibuja el contemporáneo, cuyo arquetipo es James Bond, dios itifálico y todopoderoso que rige sobre los cielos, las aguas y la tierra, y se expande a los cuatro puntos cardinales, y los exploradores moldeados sobre la figura de Allan Quaterman y su copia por Spielberg: Indiana Jones. Versiones femeninas del modelo son el personaje de serie televisada encarnada por Tia Carrere y el de juegos de vídeos llevado posteriormente a la pantalla grande: Lara Croft.
Equivale lo anterior a plantear que todas las ciencias humanísticas contemporáneas se han fundado con base en una oposición implícita entre pueblos avanzados y atrasados, tanto a nivel de proyección histórica en el tiempo como en el espacio: la etnografía del siglo XVIII y las interconexiones con los trabajos de Buffon, Humboldt, Darwin o Squier en el siglo XIX, sobre fauna, flora y costumbres de las sociedades primitivas; Rou-sseau, el buen salvaje y la cuestión de la educación natural; los orígenes de la ley según Kelsen, sociólogos como Harris, y las teorías paralelas de Mariategui; los estudios del behaviourismo, de Pavlov, Skinner y Konrad Lorenz; la sociología comtiana y la antropología; el historicismo antropológico de clases de Engels y el marxismo, y el abarcador concepto alemán de “Kultur” y constructivista ruso de arte total y diseño para las masas; Levi-Strauss y el estructuralismo; Grimm y el rescate de los cuentos como material primogénito del alma del pueblo; los orígenes de las castas en Dumézil; su consecuencia en las teorías nazis de la raza aria y la correspondientes manifestaciones fascistas de los intelectuales latinoamericanos y la teoría de la quinta raza cósmica de Vasconcelos; la teoría de conflicto en la Escuela de Francfurt, con especial interés de parte de Marcuse en el caso de los movimientos de liberación no occidentales, y el desarrollo de dicha teoría en los años 1990 con Huntington; las tesis acerca del arte y la crisis civilizatorio en Freud o Jung (éste en El Arte y la Vida), y de la cultura de masas de Adorno, Barthes, Chomsky, Umberto Eco y los sociólogos del arte; la cuestión del posicionamiento desde la otredad y el sometimiento en las filosofías latinoamericanas (Zea, Roig, Fuentes) y africanas; el cosmos de naturaleza y el cosmos de cultura en Hegel y Panofsky; el origen popular y astral de las representaciones cultas según Warburg.