Nuevo Amanecer

Ernesto Castillo: "Coronel era todo un enseñar con el pensamiento"


Tito Leyva: ¿Cuál es la mejor forma de recordar a José Coronel Urtecho?
Ernesto Castillo: Yo creo que sería recordarlo como persona, no sólo como poeta, porque Coronel es de esas personalidades que son íntegras, independientemente de sus distintas épocas. Pero como persona humana, genial en todo, hasta en los errores.

TL: ¿ JCU fue un gran pensador?
EC: Es que José Coronel nunca dejó de pensar. El primer recuerdo que yo tengo es de mis diez años, y aún tengo grabado lo que escuchaba de Coronel, en un periodo difícil para él, porque estaba en crisis, y yo era un niño. Sin embargo, me queda grabada esa imagen de admiración a un hombre que pensaba como José, desde entonces.

TL: ¿Cuáles eran los grandes y pequeños temas de conversación con JCU?
EC: Es que con el poeta Coronel no habían ni pequeños ni grandes temas de conversación, era un solo tema, y podía pasar de la cosa más sencilla y más pequeña a lo más grande, y José comenzaba a hablar, hablar y hablar; y uno a escuchar, escuchar, y de repente salía con otra cosa y con otra, pero todo era un enseñar con el pensamiento. No te puedo precisar, a mí me tocó más que en cosas de literatura en cuestiones de la vida cristiana, de la responsabilidad de los jóvenes como tales, siendo él, mayor que nosotros, por ejemplo en el caso de la UCA, de la que fue fundador, y después promotor de actividades de los chavalos, con una rapidez que podía asimilar el pensamiento de los jóvenes como el de los adultos. Por supuesto, yo tengo la imagen de José como poeta. Me parece que José debe verse en su integridad. El hecho de que no haya escrito tanto era precisamente por eso, porque pensaba tanto, porque era más un poeta del habla que de escritura.

TL: ¿Qué hallazgos ha encontrado en la prosa de José Coronel?
EC: Yo creo que es esencial algo que no se conoce mucho en Nicaragua, es lo que él trabajó con entusiasmo en dos piezas: uno es el discurso de inauguración de la UCA, un reflejo del pensamiento de José que veía venir como una visión de la sociedad. Y la otra, las reflexiones de la empresa privada, que le dedicó mucho tiempo. Muchas cosas se hubieran solucionado en este país, si el pensamiento de José se hubiese escuchado. Incluso, dentro de la Revolución, hubo un intento de conversación con Carlos Fonseca, en que algo tuve que ver con eso. No eran más que esfuerzos que habían sido generados por José, en ese pensamiento. Yo creo que a esas reflexiones no se les ha dado su verdadero valor que todavía tienen: son un pensamiento profundo sobre las necesidades de Nicaragua, enfocándole a la empresa privada que todavía tiene los mismos temores y las mismas debilidades que José advirtió antes de la caída de Somoza, y después del frente sandinista, son importantísimas.

TL: ¿Y en su papel de historiador, cómo ubica usted a Coronel?
EC: José se ve en sus reflexiones de la historia, que él mismo interrumpió porque quiso llegar de Gainza a Somoza, y no le dio ni le hubiera dado tiempo. José vivía en una reflexión permanente, pero además profética, no la del historiador simplemente acucioso, que es importante, sino el que examina el pasado para asimilarlo y profetizarlo, que es lo importante de José, aunque en este aspecto aún falta por estudiarlo. Claro que hay cosas bellas, como la Pequeña Biografía de mi mujer, que a uno lo llenan de gozo. Pero José sabía que la poesía le quitaba tiempo al pensador.

TL: ¿Sugerente, contradictorio, divergente, cómo ubica usted a Coronel?
EC: Es que en una personalidad como la de José, la contradicción no es una contradicción de aferrarse, sino una contradicción de vivir las épocas; y por su mismo espíritu de empujar, él empujaba a cierto punto y después se retiraba a Las Brisas, y es cuando había ciertas contradicciones del profeta que se retira a pensar y después a profetizar, y eso se ha interpretado, a veces, como contradicciones de orden político, pero realmente él tenía la visión, lo que pasaba es que era impulsivo. Así se entregó en la época con Luis Alberto Cabrales, Pablo Antonio y José Román, en la vanguardia, y pasó a la política, lo mismo pasó con la revolución, si vos ves, Los Paneles del Infierno son el reflejo de su entrega total.

TL: ¿Y acerca del legado de Coronel, qué nos puede comentar?
EC: Acerca del legado de José, yo lo miraría en dos vías; primero, que con sólo el hecho de pensar y no ser egoísta con el pensamiento, sobre todo con las generaciones menores, desde Mejía Sánchez, Ernesto Cardenal, hasta los que éramos chavalos, como Luis Rocha y otros. José fue generoso, pero con rigurosidad. La otra vía es que José, además de ser excesivamente generoso, tenía una rara humildad intelectual, que es muy difícil en esa clase de pensadores. José nunca asumió eso, tal vez el hecho de vivir en Las Brisas, de amar el campo, a él lo hizo regocijarse con cosas pequeñas. Incluso, José en conversación le daba la misma importancia a un chavalo de 15 años, que tal vez le miraba algún rasgo que podía dar, que a un poeta reconocido nacional e internacional.