Nuevo Amanecer

Frances Kinloch: "Coronel introdujo el diálogo en el examen de la historia de Nicaragua"


Por su parte, la doctora Frances Kinloch Tijerino recuerda que para realizar un seminario en la Universidad Centroamericana (UCA) sobre la formación del Estado y los desafíos contemporáneos al desarrollo de un sentido de nación en nuestro país, la lectura introductoria, que fue el eje de las discusiones, fue el prólogo retrospectivo escrito por Coronel Urtecho en 1967, a propósito de sus Reflexiones sobre la Historia de Nicaragua publicadas cinco años antes.
Redescubrimos, señala Kinloch, con el doctor Andrés Pérez Baltodano, organizador del seminario, la asombrosa actualidad de ese texto que, en esencia, es una urgente invitación al pueblo nicaragüense a leer, estudiar y conversar sobre su historia.
La presencia de la historia en la conversación, nos dice Coronel Urtecho, es lo que acaba produciendo en un pueblo cierta incapacidad de concebirse a sí mismo sin sus propios antecedentes y la correspondiente capacidad de entender el pasado en relación con el presente. En otras palabras, genera lo que suele llamarse conciencia histórica de una colectividad.
Cuando la historia se hace presente en la mentalidad de una nación, se vuelve un elemento vivo de su cultura. Por el contrario, la falta de ese acervo imprescindible, como cuadro de referencia, aumenta la desorientación individual y colectiva, no sólo sobre el pasado, sino sobre los mismos problemas del presente, precisa la historia.
De allí el empeño del maestro por introducir el diálogo en el examen de la historia de Nicaragua. No fue otro su propósito al publicar las reflexiones sobre las lecturas que en esa materia venía haciendo a lo largo de muchos años. Esperaba provocar, pues, un “libre intercambio de distintos saberes y pareceres o maneras de ver” nuestro pasado.
Sin embargo, lo que esos dos primeros tomos produjeron en Nicaragua, observa Coronel Urtecho, fue un profundo silencio. La reacción que esperaba de sus lectores nunca llegó a su conocimiento.
Con pasión intelectual e ímpetu renovador, el “Capitán del Movimiento de Vanguardia” había emprendido la fascinante aventura de explorar y descubrir las relaciones significativas entre los procesos y acontecimientos que han configurado la fisonomía histórica de nuestro pueblo.
Sin embargo, su obra no logró, en ese momento, despertar la sensibilidad de los lectores nicaragüenses. Adormecidos, unos, por la historiografía tradicional y sus largos catálogos de hechos meramente enumerados en orden cronológico. Escépticos, otros, acostumbrados a aceptar como dogmas nacionales absurdas interpretaciones desfiguradas por la lucha política. Apáticos, los más, habituados a vivir en un presente vacío, sin profundidad histórica.
La doctora Kinloch resalta la impresionante agenda de investigación de temáticas sociales, políticas, económicas y culturales que José Coronel Urtecho detalla, con su usual ironía, bajo el título de “la retahíla de nuestra historia”.
Esta agenda revela un excepcional dominio no sólo de la historia de Nicaragua, sino también de toda Centroamérica. No obstante, incorregible iconoclasta Coronel se mofa de su propia erudición, cuando declara “únicamente un lector de historia” y proclama que la “ignorancia es el primer requisito del historiador”.
Continúa diciendo Kinloch, la historia es también la presencia de las conversaciones del pasado en nuestra propia conversación, observa Coronel. Por tanto, es preciso poner oído a la multitud de voces, apenas perceptibles, tejidas entre las líneas de toda literatura histórica; en especial, en las cartas, memorias y crónicas, pues ellas nos revelan los valores y códigos culturales que rigen el comportamiento político de los actores sociales en cada época.
En suma, nos advierte Coronel, la historia es la conversación de un pueblo sobre su pasado. Mientras no haya entre nosotros un suficiente número de personas que lea y converse sobre ella, no habrá nada que se parezca a una conciencia histórica nacional. Únicamente la historia como conversación, la historia no sólo escrita, sino vivida como diálogo, y por lo tanto como ejercicio de la libertad, hará posible entre nosotros la convivencia, concluye la historiadora.