Nuevo Amanecer

El sueño de tío Billy (Clemente Guido), Adiós muchachos (Sergio Ramírez Mercado)


“CALIBAN, a savage and deformed slave “The Tempest”.
William Shakespeare.

La presente reflexión es parte de una densa ponencia preparada para alguna reunión literaria, sobre la base de la reflexión de las dos obras y autores nicaragüenses, Clemente Guido, Sergio Ramírez Mercado y de los conceptos teórico literarios de Arqueles Vela, guatemalteco. Nunca la presenté, los apremios por sobrevivir y reiniciar mi vida en Guatemala, eran urgentes. Después concentré los esfuerzos para tratar el tema de la Globalización para Voz Urbana, la revista de Eddy Alfaro.
Para mi buena suerte, en el año dos mil me encontré al doctor Clemente Guido, quien ese momento era cónsul de Nicaragua en Guatemala, no imaginaba que, cuatro años después, se nos escaparía. Pasé entonces, por la Suite Reforma apartamento 602 un mediodía, para conversar de literatura, nos escapamos a tomar ron y a compartir una comida. Pasamos por Amatitlán, subimos, vimos el majestuoso Volcán de Agua desde el mirador de Santa Elena Barillas, y nos detuvimos en diversos momentos, a compartir la bebida espirituosa. Hablamos de nuestro Centro Nicaragüense de Escritores, con gran nostalgia le relataba de mi estancia en Inglaterra, de lo productivo de las clases en la Universidad de Warwick y otras en Saint Andrews, en Escocia, las visitas al lugar de Shakespeare, Stratford-Avon, pero que nada lograba calmar mi ausencia de Nicaragua, algo que no puedo superar.
Clemente me entregó su libro El Sueño de Tío Billy, y el último libro de poesía de Luis Rocha Urtecho, La Vida Consciente. Continuamos dialogando, sin faltar las historias sobre el Nuevo Amanecer Cultural, la casita de la playa, entre Pochomil y Masachapa, le comentaba de los cuentos de la Abuela, doña Modesta Páramo, personaje de varios cuentos; ella vivía hasta arriba del viejo muelle de Masachapa, Montelimar, de cómo fue que una vez a la abuela la rafaguearon las lanchas rápidas de la CIA, creyendo que los grandes toneles vacíos de melaza, de la época de Somozón, al lado de su casita, donde comíamos pescado frito con arroz, contenían enormes depósitos de combustible.
Para no hacer largo el asunto, deseo compartir estas reflexiones en proceso, nunca terminadas, como un homenaje a quien considero un gran hombre, un profesional de alta calidad, a un amigo, para quien, a pesar de algunas diferencias de pensamiento político, coincidimos en mucho, mucho más de lo que imaginamos, al doctor Clemente Guido.
EL SUEÑO DE TÍO BILLY Y ADIÓS MUCHACHOS
Hondureños, salvadoreños, guatemaltecos, costarricenses, nicaragüenses, filibusteros, franceses, europeos, cubanos coinciden en la historia El Sueño del Tío Billy, décadas después, nos encontraríamos muchas más nacionalidades y anhelos comunes en el proceso centroamericano de los 70 y 80, pero en diferentes calidades, por el amor y por la guerra, por el presente y por el futuro, como recuerda el autor de Adiós Muchachos.
A inicios de los 70, sorpresivo fue el encuentro con Pedro Joaquín Chamorro, en Guatemala, en un concurso literario del Instituto de Cultura Hispánica, él con El Sí de Las Alemanas, y yo con mi Pescadito de San Martín (cuento desarrollado en San Martín, Jilotepeque), días aciagos aquellos, sobre todo en los 80, cuando se asesinó a lo mejor de la intelectualidad guatemalteca, los intelectuales eran perseguidos por todos lados, de manera directa y no tan oculta como en la actualidad; el tema nacional y la conflictividad de clases sociales asomaban en todo nuestro quehacer, algunos nos comprometíamos decididamente por los cambios que incluían, claro está, las relaciones internacionales, basados en los principios de soberanía y autodeterminación.
En América Latina, en los años 1950, se consolidaron regímenes dictatoriales con el apoyo del movimiento anticomunista internacional, causando exterminio y cientos de desaparecidos, que la justicia internacional nunca reivindicó, institucionalizándose la impunidad. La acción del intelectual Rigoberto López Pérez, en Nicaragua, demostró que el compromiso de los intelectuales con sus pueblos era real, la proyección literaria de aquella época fue expresión del sentimiento nacional y popular.
Actualmente, se proyectan conclusiones y revisiones de una literatura regional de nuevo envuelta en un ciclo literario golpeado por los resultados adversos y por los desalientos. En el caso de las obras del doctor Clemente Guido y del doctor Sergio Ramírez Mercado, El Sueno del Tío Billy y Adiós Muchachos, respectivamente, de nuevo la literatura centroamericana manifiesta la preocupación de los creadores por los problemas nacionales, particularmente y en este caso, por los conflictos internos que si bien matizados por el ambiente regional e internacional, el neoliberalismo y la globalización de las relaciones injustas, también manifiestan los serios atrasos históricos, de estructuras caducas supervivientes en un mundo, aunque dominado por la alta tecnología, cuasi feudal e inquisitivo.
Y es que el proceso de internacionalización de la economía presiona sobre los países en vías de desarrollo o en vías de profundizar y ampliar su subdesarrollo socioeconómico, hacia un mundo más cerrado, aislado y excluyente.
La necesidad de conformar bloques grandes o pequeños de países aparece como una condicionalidad, sin embargo las comunidades y grandes grupos sociales son aislados y expulsados de los procesos tecnológicos, del acceso a los servicios, la educación, la salud, la vivienda. Dramática es la situación de la juventud, totalmente abandonada.
Si bien se entrelazan las economías, se disuelven los lazos comunitarios, la identidad se esparce y se sumerge en profundos niveles de ignorancia manipulada, no se sabe si para resistir o sumarse al sueño de los justos. Por otra parte, el Estado funciona más como unidad económica, en función de las transnacionales y apéndice de las mismas, gestionando las migajas, como pequeño enano representante del capital especulativo, revelándose una vez más el carácter atrasado y servil de las clases dominantes.
Nada bueno se espera de ellas, más que seguro dolor y marginación, pues ni un solo proyecto estratégico de desarrollo se ha planteado ni antes ni después de los Acuerdos de Paz, Centroamérica sufre la profundización de las deformaciones, los sueños de la burguesía feudal y clase media se concentran en los grandes supermercados y los gobiernos los anuncian como grandes obras, Caliban un salvaje y deformado esclavo.
La identidad nacional es subsumida por oligarquías que priorizan el saqueo y los intelectuales se repliegan en la lucha por la sobrevivencia, y los lazos culturales regionales son abatidos por la indiferencia y la violencia.
Es más, se rescata la violencia, vieja y amada institución del poder tradicional que, ante la incapacidad de brindar alternativas democráticas, le utiliza, se critica a los jóvenes, pero el sistema violentamente se ensaña con ellos.
La coincidencia entre procesos de paz, y por otro lado programas de ajuste estructural, añadiéndose a ello la presión por la adecuación de las economías nacionales a las iniciativas neoliberales de los bloques económicos, se manifiesta objetivamente en contra de la actividad cultural.
Cierre de escuelas de arte, editoriales, salas de teatro, de cine, altos precios de los libros, grandes dificultades para publicar, dominio de la transnacionales de las comunicaciones, televisión por cable y la globalización de la versión injusta de la opinión publica, por ejemplo, que al lado de otras consecuencias, reducen el papel de la memoria histórica y de la realidad misma.

(Este artículo finalizará en la próxima edición, del sábado 04/02/06).