Nuevo Amanecer

Rubén Darío y Las Mil y una Noches


Entre los primeros libros que leyó Rubén Darío se encuentra el de “LAS MIL Y UNA NOCHES” (1), libro infaltable en cualquier biblioteca por muy poco consultada que ésta sea. Las huellas de estos relatos fantásticos se pueden rastrear sin mucho esfuerzo en toda su obra. Es más, el poeta llegó hasta acuñar un calificativo especial y desconocido en su época: miliunanochesco. Que lo utiliza en variadas composiciones suyas, entre ellas la “Balada sobre la sencillez de las rosas perfectas”, dedicada a la señorita Carmen S. De Concha: “Celebrad prestigiosas Scherazadas/ llenas de hechizos miliunanochescos”, fechado en 1912, con interrogante (2).
También en la dedicatoria de ALI (oriental) al Dr. Jerónimo Ramírez le dice al comienzo: “Amigo mío: A usted que tanto gusta de las cosas, del misterioso Oriente; amigo de todo lo lujoso e imaginativo; a usted que tanto se engríe saboreando ese estilo mitad perlas, mitad mieles y flores de las leyendas del maestro Zorrilla”.
Desde el comienzo, al utilizar la palabra hebrea Rabí (Mi maestro, mi Señor), ya se está refiriendo al lejano Oriente, lo mismo que al hablar de guzla, instrumento de una sola cuerda de crin, que del nombre Zelima, muy común en Arabia o en Iliria. La historia contiene todos los elementos propios de una pasión oriental: la linda mora Zela, de bello rostro de hurí, y además: “Su hermoso traje de seda/ que el céfiro va a plegar/ deja sólo adivinar/ lo que a la vista se veda / y para verse pueda/ tanto hechizo soberano/ ha dicho un alfaquí anciano/ que es necesario morir/ y ser justo y luego ir/ al paraíso mahometano”. (Alfaquí=Doctor en la Ley):
“Alí, el etíope bello/ negro, hermoso, alto y fornido”; el Baja Gran Señor, dueño de un alcázar (castillo) en donde mantiene encerrada a su hija que, con todo el lujo y fastuosidad carece de la libertad que exige la pasión amorosa. El caballo, indispensable en el desierto y del cual hace una descripción magistral:
Potro de negro color,
Nariz ancha, fino cabo,
Crespa crin, tendido rabo,
Cuello fino, ojo avizor
Enjaezado con primor
De Alí corcel de combate­;
Nunca el cansancio lo abate
Y casi no imprime el callo
Cuando se siente el caballo
Herido del acicate.
En la caravana también se cuentan camellos y dromedarios que cargan toda una ciudadela para acampar en un oasis paradisíaco donde abunden palmeras, dátiles y agua. Todos estos elementos, como tengo dicho, los encontraremos con frecuencia a lo largo de la obra dariana.
También el poeta es muy explícito en las descripciones orientales en el poema “Pórtico”, que escribiera para el libro “En Tropel”, del poeta español Salvador Rueda, en 1892, y cuyos endecasílabos dieron origen al comentario que hiciera don Marcelino Menéndez y Pelayo sobre la procedencia de esta métrica, emparentándola con la gaita galaica: “Tanto bailé con el arma del cura/ tanto bailé que me dio calentura”. Copiarnos algunas estrofas del poema:
Pájaro errante, ideal golondrina,
Vuela de Arabia a un confín solitario
Y ve pasar en su torre argentina
A un rey de Oriente sobre un dromedario;
Rey misterioso, magnífico y mago,
Dueño opulento de cien Estambules
Y a quien un genio brindara en un lago
Góndolas de oro en las aguas azules.
Ese es el rey más hermoso que el día
Que abre a las musas las puertas de Oriente;
Ese es el rey del país Fantasía
Que lleva un claro lucero en la frente.
Es en Oriente donde ella se inspira,
En las moriscas exóticas zambras
Donde primero contempla y admira
Las cinceladas divinas lambras;
Las muelles danzas en las alcatifas
Donde la mora sus velos desata;
Los pensativos y viejos califas
De ojos oscuros y barbas de plata.
De manera que no es atrevimiento afirmar que toda la pedrería exótica, todo el lujo, toda la sensualidad, mezclada con su sangre tropical, viene de Oriente y los nombres de califas, Rubíes, moriscas zambras, incidieron profundamente en el alma de nuestro poeta, aunque posteriormente haya dicho: “Cálamo, deja aquí correr tu negra fuente” para escribir sus nocturnos.
“Las Mil y una Noches” es un libro erótico en muchas de sus historias, Marcel Proust se deleitaba y volvía a su relectura mientras escribía su obra para recobrar el tiempo perdido ( ). Rubén la menciona con exactitud en esta estrofa, como también se refiere a sus protagonistas más sobresalientes, Scherezadas y Dinarzada, hermanas entre sí, y el Visir caprichoso:
Por lamentar a mi conciencia
Quedó de un sonoro marfil
Un cuento que fue de Las Mil
Y una Noches de mi existencia
Scherezada se entredurmió...
El Visir quedó meditando...
Dinarzada el día olvidó…

Del libro inédito:
Cuando María Despreció a los Rubios de Oakland
Todavía
Si me preguntan adónde fue el amor
yo les contesto que a la fosa común
Allí está arrodillado, mirando los huesitos
la ceniza y lo deforme
el ojo caído en la mitad de la boca

la hinchazón y la espalda
rajada por un trueno
de láser,
allí las manos esposadas
una y la otra amarradas
un tiro en el costado y en la espalda
tal vez al corazón,
el campo de concentración gigantesco
albrook y números al pecho
mount hope el gran crematorio
y el espacio que arde todavía
El cuartel
Lo que quedaba del cuartel bombardeado
astillas de pared muñecas rotas,
carne amasada con pan de lágrimas y muertos que
no tuvieron tiempo de saber que morían
mientras buscaban el fusil,
eso, hijos míos del mañana
biznietos gloriosos de los sobrevivientes avergonzados,
eso, lo que quedó, fue destrozado
a punta de mazo, a golpes, a odio, a miedo
mientras rugían los usurpadores
frente a las cámaras oficiales democráticas

Dignidad
Uno al espanto le puso punto en boca
amelló el filo del aire para seguir de pie
abrió la puerta y puso hamacas
extendió los pasadizos
multiplicó los espacios de la casa
se abrió a la madrugada
al rojo sol martirizado.

Amor, y mentiría si te digo
que me acordé de ti por tus dos ojos
no te lo he preguntado pero sé
que moriste con todo el que moría
y ambos ahora somos sombras,
sobrevivientes
lo que queda del ultraje:
vergüenza
dignidad
El militar
Porque estaba la lumbre en ellos y
los hijos dormidos
y el barrio alegre a pesar de la terrible amenaza
él le dijo despacio: anda y cierra la puerta
voy a hacerte el amor
quizás el último.
Ella puso una llama de fuego entre los ojos
un incendio del bueno
y se prendió.

La T--65 descansaba
y sobre la boca del fusil ella puso
su ropa
él miró hacia el reloj, ven pronto amor
apúrate no olvides, Isabel,
Tengo guardia a las doce
Espera fiera
Cuando se vio en los diarios y la vio
desnuda
ambos
abrazados
miró con ojos plenos la belleza
de aquel amor
María, quiso saber ¿cuánto tiempo ha pasado?
entonces fue al cuartel y oyó con toda claridad
que un mes había pasado
y que el bandido aquel
a golpe de martillo golpeaba contra muros apenas en pie
y la ciudad caía en piedras pequeñitas
Todo era destrucción allí donde agarró el fusil
Ciego de ira buscó las cenizas de su cuerpo y
se metió entre ellas
desde entonces una espera fiera habita
en la ciudad
de los muertos sagrados que pocos
se atreven a nombrar

Angela
De “Eagle” el perro busca cadáveres que no existen,
hijo de gringa que es huésped de lujo en Panamá, todos hablan, es
noticia a color, de primera plana, mas de ti Angela, y de todas las víc-
timas de la invasión yanki 1989, quién habla, quién de tus huesos:, de
las cenizas de tantos quién se ocupará?
angela, si tú vivieras estos días
si despertara tu corazón de un salto
desde la muerte adonde fuiste
premeditadamente
mejor dicho asumiendo los riesgos,
te extrañaría enormemente que
eres silencio aún
que nadie te maldice ni bendice ni dice tu nombre
que eres una historia colectiva y difusa
innombrable y temeraria
apenas “los muertos de diciembre”.

estás allí, seguro, dentro de ese montón,
a quién le importa la soledad de tus viejos zapatos
a quién tu cuaderno de muchacha
a quién le importa, en verdad, Angela,
Agripina o Artiro,
tu nombre y apellido,
el espacio que antes ocuparas en la casa pequeña,
en las esquinas de la multitud.
A quién contarle las razones de peso que tuviste
para alistarte en eso que fuera
patria libre o morir
ni un paso atrás - por Panamá la vida

una gringuita llamada sara york
no he oído nada de ti sara york
vestida de pollera
condecorada por cartas y medallas
caballito de troya tal vez
que alguien tomó en serio.
no he oído una palabra de ti sara york
qué cosa eres?
detrás de ti qué cosa sara, sara,
qué cosa piensas? dices?
acaso no viste a fondo?
dices que amabas Panamá
te creo
la amabas, la querías,
ya se saben las formas del amor
con que tu pueblo ama
vorazmente
a la fuerza
a garrote
a trampa
Sara York qué vergüenza
estás callada
MORAVIA OCHOA