Nuevo Amanecer

Los enterradores


Tu brazo puede halarte desgracias.
Y si otros sirven en la cofradía,
los males se multiplican.
Se encadenan como bandadas de pájaros negros,
no dan tiempo a nada ni a nadie,
te sacan los ojos, te picotean la lengua.
No importa la ruta que escojas,
socavan el paso y te hunden.
Son interminables las fosas comunes:
de manos que creyeron que dar de comer al hambriento,
lo salvaría.
De voces alzándose ante la inminente catástrofe,
de quienes calmaron la sed que no cesa,
se acrecienta en las urnas refrigeradas de los
(supermercados, pronóstico del futuro.
De hombres y mujeres, de niños. ¿Se salvaron de algo peor?
de huesos y carne se llena la tierra.
¿Y el libre albedrío, la lucidez, la iluminación?
¡Nada práctico lleva uno en el bolsillo!
La oración,
el único poder que no acaba
sobrevive con todo el peso y hedor de los enterradores.
Como lombriz de tierra suaviza el poro por donde se suelta
la esperanza.