Nuevo Amanecer

Tsunami del corazón


Estas noches de trotante vejez
Cuando el rocío astral baña la tierra
Con sus orines milenarios.
En ese tiempo en que me acomodo con la noche
Esa señora que no era mía, que nunca quiso
Pues tenía un dueño cósmico
Intangible, dominador, celoso y amoroso
Que si delinques te señala
Y si le amas te delata
Con la algarabía
De su amor inmenso y avasallador
¡Tsunami del corazón!

En estas noches mullidas de vigilia
Donde los canes de la alborada
Le ladran a la sombra del espejo
Y en el sueño de la inconclusa
Muerte te esculcas hondo en la onda
Buscando el fantasma
De tu alma,
Ser inagotable, perseguidor, deleznable
Tenaz, flechero de la vida.

Así paces corderos, paces almas, paces pasiones.
El espejo aúlla estremecido
Al no encontrar las huellas de sí mismo.
Sólo el abismo llama con su clamor.
¡Desde allá lejos! ¡Desde muy lejos!
¡En la lóbrega profundidad!
En la lóbrega eternidad de tu cerebro.

Chinandega
27 de noviembre de 2005
Primer Domingo de Adviento