Nuevo Amanecer

Miguel de Torre, sobrino de Borges

"Se dice que a Tio no le gustaba Gardel --apunta Miguel de Torre--. No fue así, le gustaba su manera de frasear", aunque rechazaba "su endiosamiento póstumo" y su parecido físico a Perón.

Testigo privilegiado de la vida privada de Jorge Luis Borges, su sobrino Miguel de Torre intenta contar la trama interior de los Borges en el volumen autobiográfico Apuntes de familia, y apenas traza su propio retrato, el de alguien ajeno a un mundo signado, según lo definió el mismo poeta, por la noche y los libros. Si narrar una existencia es un arduo trabajo, intentar narrar varias --en este caso Borges, su hermana Norah, su madre Leonor y su cuñado Guillermo de Torre-- le queda holgada al autor, que lejos de hacer dialogar esas visiones, las inmoviliza en el supuesto valor del mero suceso. En este anecdotario no jerarquizado, conviven lo llamativo con lo irrelevante, en desmedro de lo que verdaderamente interesa, y está en función de las posibles vinculaciones entre el mundo del personaje, su obra, sus obsesiones, sus gustos y el contexto sociocultural.
El autor, Miguel de Torre, hijo de Norah y Guillermo, ve en su casa de infancia “libros y colecciones de revistas por todos los rincones, creciendo como plantas trepadoras”, y enfatiza: “Qué familia libresca”. Pero más que juntar y apilar libros, los personajes de Apuntes de familia son una especie de viajeros --escritores y lectores-- de la literatura. Y es precisamente en ese punto donde no acierta el testimonio autobiográfico del autor, quien lejos de interpretar y reflexionar sobre lo vivido, vislumbra un cuadro familiar habitado por seres exóticos, extravagantes. Para Miguel de Torre, cada uno de sus familiares escritores “adoleció de irrealidad”, algo que le atribuye a los “desdichados, patéticos, arbitrarios, aunque siempre queribles intelectuales o artistas”. También hablará del destino de su tío como la “fatalidad del escritor”. Las apreciaciones del autor ponen de relieve un cúmulo de fobias familiares discriminatorias de todo tipo: Borges piensa que para hacer “carrera literaria” ayuda ser “puto o comunista”; el niño “Gorgie” le reprocha a su hermana: “¡Qué vergüenza que tengas una amiga negra!”. Además, los personajes echan mano de una terminología clasista: “gentuza”, “hordas”, “gente baja”, “la plebe”, etc. El tono despectivo se prolonga al interior del espacio hogareño, donde la abuela Leonor trata a su hijo poeta de “infeliz”. El propio autor del libro acerca una animosidad semejante: al hablar de su tío Jorge Luis --respecto de la obra de su hermana Norah-- como “mediático”, aunque asegura venerarlo “como a un Arlt” y explica “de la especie cultivada, naturalmente”. Y acota que de niño veía a los modelos de su madre pintora como “arquetipos de fealdad”.
Pese a lo superficial del libro, aparece aquí el reverso de un Borges consagrado, en sus trajines del día a día, articulado a las locuciones populares, el lunfardo y la baraja. Un Borges socarrón introduce en el juego del Truco cantos del tipo: “Por metérsela a una mina/ muy estrecha de cadera/ la poronga me quedó/ como flor de regadera”, y además deletrea con tono mordaz nombres de tangos de doble sentido: “El fierrazo”, “Sacudime la persiana”, “Qué polvo con tanto viento”. Este tema sobresale en el anecdotario: las conversaciones de Borges con José Saboridio, letrista de “La Morocha”; su preferencia por el ritmo de milonga, los tangos que solía canturrear (“Margot”, “Polvorín”, “Flor de fango”) y su relación con Gardel: “Se dice que a Tío no le gustaba Gardel --apunta Miguel de Torre--. No fue así, le gustaba su manera de frasear”, aunque rechazaba “su endiosamiento póstumo” y su parecido físico a Perón. También le gustaba Jorge Vidal, a quien escuchó con su sobrino en un local de la calle Corrientes. Al autor de El aleph le gustaba el cine --según cuenta Miguel de Torre--, aunque desestima la producción de cine nacional, disfruta a Bill Haley en “Rock around the clock” y ve varias veces el film “Amor sin barreras”; por otro lado, siente “repugnancia” por los títeres y rechaza la ópera, el teatro, el ballet y los conciertos.
Un atenuante de Apuntes de familia en cuanto a la distancia del autor respecto al mundo de sus personajes, podría --sin pretender entrar en algún tipo de psicologismo-- un hecho que deja entrever Miguel de Torre: la expresividad afectiva en el hogar era escasa. Si para su tío poeta “una mujer embarazada era un espécimen perteneciente al reino de la zoología fantástica”, a su padre “tampoco le atraían los chicos”. De Torre argumenta que esa falta de afecto era “involuntario, por desconocimiento de la vida cotidiana en otras casas”, agregando esta perla: Borges “afortunadamente no había tenido hijos, porque con su total carencia de sentido práctico no habría sabido qué hacer con ellos. Respecto a sus amigos, los demás intelectuales, es cosa sabida que por lo común no se aparean; de aparearse, generalmente no se reproducen: de reproducirse, nace generalmente un solo individuo”.
Si el autor subestima al artista, pondera en cambio a su abuela Leonor, que incluso dejó escritos que superan --dice-- “a cualquier difuso estilista”. Y agrega: “Gracias a Dios no era una literata”, sino “una persona absolutamente natural, sin complejos ni traumas”. Hija de un comisario y poseedora de un rígido carácter, doña Leonor, que lo único que le pedía a Dios era “salud y sirvientas”, aparece en estas páginas dando cuerda a un Jorge Luis inanimado. El poeta algo terco que, según su madre, “se atrancaba como una mula”, terminaba acatando “el parecer de su madre”. Este singular vínculo sobre el que abundaron tantos biógrafos, lleva a Miguel de Torre a concluir en que la presencia de esa madre escolta fue fructífera para el poeta, ya que “sin ese constante machacar, mi tío, él solo, seguramente nunca habría llegado adonde llegó”
El testimonio de vida cobra algo de espesor con algunos vistazos de la domesticidad de los personajes, el tío Borges regalándole a su sobrino un cortaplumas, un disco de Sinatra, imanes, unas antiparras para nadar bajo el agua y numerosos libros que van de la mitología nórdica al Martín Fierro. Y sobre todo con la reproducción de cartas, libro de memorias, etc., y comentarios del tipo: “Lo apasionaban las mujeres mediocres” (se refiere a Borges), “en su biblioteca no había libro de escritoras” (...) “De toda la obra de mi tío” su hermana Norah rescataba sólo algunos poemas, en particular aquellos sobre los mayores (...) Bustos Domecq y Suárez Lynch no le hacían ninguna gracia”. De “‘El informe de Brodie’ de su hermano dijo que era un bodrio”’.
Apuntes de familia, Miguel de Torre Borges, Editor Alberto casares, Buenos Aires, 2004.