Nuevo Amanecer

LA VOZ A TI DEBIDA (1933)


Pedro Salinas (Madrid 1891- Boston-San Juan, Puerto Rico 1951

A JVC

Ahora con nuestro barco en la otra orilla, con la emoción de haberlo vuelto a leer y sentir el corazón como la primera vez, puedo declarar, como se lo dije en una noche larga y reciente al querido Julio Valle Castillo en el vaivén de su mecedora, que éste que viene acá con la altura de un capitán y la sonrisa más afable del mundo, es para mí, de todos los de la Generación del 27, el poeta que más me gusta. Vaya por delante esta confesión subjetiva que me hace renunciar a cualquier otra intención de tener más o menos acierto cuando hablo de él. No puedo. Sus palabras me cautivaron en un momento y hoy, vuelven a hacerlo. Su poesía es como ese viejo amor que siempre desciende o vuelve, y se marcha y crees que es ido, y de pronto está otra vez ahí.
Por eso, con ese mismo corazón en la mano, me voy a permitir la exageración (para mí no tanto) de decir que La Voz a Ti Debida es el mejor poema de amor que he leído en mi vida. Es el que siempre va conmigo. Una búsqueda y un recorrido. Si alguien me pregunta por un poeta diré que Pedro Salinas, y por un poema, La Voz a Ti Debida. Porque en parte de él reconozco la voz de mis poetas favoritos. Porque es la mejor búsqueda del amor que he visto u oído, porque es la mejor compañía para el amor.
Su biografía es un viaje sin vuelta. Nosotros hoy le hicimos viajar de nuevo. Se exilió de la España de Franco y se enamoró, como Juan Ramón Jiménez de Puerto Rico. Hoy yace en una tumba del cementerio de Santa Magdalena, junto al mar en San Juan de Puerto Rico. Pasó la vida enseñando algo más que Literatura en distintas universidades de Estados Unidos y Puerto Rico y fue una cátedra andante para muchos poetas, entre ellos, su alumno Luis Cernuda.
La Generación (o el grupo poético del 27, mejor dicho) no surgió espontáneamente. Detrás, dando sombra estaba Rubén Darío, Juan Ramón y Machado. Es decir, la explosión, la revolución del Modernismo, fue atemperado en su esencia por JRJ y ajustado al corazón castellano por el andaluz Machado. Por tanto, el Grupo del 27 está formado por hijos, a veces no tan agradecidos como merecían sus maestros, de estos poetas que entregaron ya la esencia. Y Pedro Salinas la recoge y la vuelca en breves versos, en un ritmo constante y agudo que nos lleva de la mano por un sendero único, una experiencia distinta. Cerrar La Voz a Ti Debida y decir: “Ya éste lo ha dicho por mi”.
Al buscar una vieja edición de Clásicos Castalia, donde aparecen reunidas La Voz a Ti Debida y Razón de Amor, las obras cumbres de la segunda etapa del poeta, descubrí (ya no lo recordaba) que tenía anotadas en los amplios márgenes de muchas estrofas de estos poemas sin título que discurren solos, mi propia historia con el nombre de una novia de cuando tenía, no sé, dieciséis o diecisiete años. Mejor dicho, no creo que llegara a ser novia, era más un amor que no tenía pero que tenía el nombre de ella. No sé si me explico. El caso es que yo, a cada estrofa que decía lo que a mí me pasaba, escribía al lado exactamente lo que me ocurría con la susodicha. La Voz a Ti Debida es un recorrido por el amor, que no necesariamente (aunque se hable en el poema de “Ella” tiene que ser una mujer concreta, ni tampoco la Margarita Bonmatí (esposa del autor) ni tiene por qué ser nadie, podría hasta decirse que esas palabras para ese amor, las puede recoger cualquiera que sienta algo por alguien o por algunos, o hasta puede ser la experiencia de un amor místico desde lo corporal. Ya lo dice al final: “Y así luego,/ al separarnos, al nutrirnos/ sólo de sombras, entre lejos, / ellas/ tendrán recuerdos ya, tendrán pasado/ de carne y hueso,/ el tiempo que vivieron en nosotros, / Y su afanoso sueño/ de sombras, otra vez, será el retorno/ a esta corporeidad mortal y rosa/ donde el amor inventa su infinito.” Al lado puse yo mi propia anotación, claudicando a no poder tenerla, me dije: “¿Ves?, no es necesario haber tenido su amor, pues tendré su recuerdo y con eso bastará. Haber sabido que he podido amar y amarla, inventando”. Ahora que lo leo, creo que era, en lo secreto, un poco cursi. En fin.
El amor inventa su infinito, porque es lo que más se desprende de nosotros, y es más nuestro y no lo es, nuestra voz se hace de otro, de otra, “A ti debida” que viene de un poema de Garcilaso. Pero el recorrido comienza con estos inolvidables besos de versos:
“Tú vives siempre en tus actos/ Con la punta de tus dedos/ pulsas el mundo, le arrancas/ auroras, triunfos, colores,/ alegrías: es tu música./ La vida es lo que tú tocas”
¿A quién se dirige el poeta, quién es esa o ese que toca la vida? En la espera del amor verdadero, él se prepara, se hace llano para, como los antiguos caballeros, purificarse, hacerse merecedor, y dice: “No, no dejéis cerradas/ las puertas de la noche,/ del viento, del relámpago/ de lo nunca visto…/Porque puede venir./ Hoy o mañana, o dentro/ de mil años, o el día/ penúltimo del mundo./ Y todo / tiene que estar tan llano/ como la larga espera”
Pero la espera no está exenta de deseo, de una voluntad por el amor de dejarlo todo, como dicen los boleros, y a ese ritmo me sostengo cuando lo leo de nuevo: “¡Si me llamaras, sí,/ si me llamaras!// Lo dejaría todo,/ todo lo tiraría: /los precios, los catálogos,/ el azul del océano en los mapas,/ los días y sus noches,/ los telegramas viejos/ y un amor./”
Y ya cuando está con su amor, cuando lo encuentra, hay algo que siempre busca más allá de todas las máscaras, la esencia, unirse, algo parecido al Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz: “Quítate ya los trajes,/ las señas, los retratos;/ yo no te quiero así,/ disfrazada de otra, /hija siempre de algo/ …Y cuando me preguntes / quién es el que te llama,/…enterraré los nombres y la historia./ Iré rompiendo todo/ lo que encima me echaron/ desde antes de nacer/ Y vuelto ya al anónimo/ eterno del desnudo,/ de la piedra, del mundo,/ te diré:/ “Yo te quiero, soy yo”. Al lado había escrito en mi adolescencia: “Ella es otra cuando está con sus amigas, ojalá fuera ella misma”: Yo creo que a sus amigas no les caía yo nada bien, y me parecía que cambiaba mucho.
El final, inevitable, es la separación, la ¿pérdida? El poeta entonces, encuentra la voz nuevamente: “No quiero que te vayas,/ dolor, última forma/ de amar/…Tu verdad me asegura/ que nada fue mentira./ Y mientras yo te sienta,/ tú me serás, dolor,/ la prueba de otra vida/ en que no me dolías./ La gran prueba a lo lejos,/ de que existió, que existe,/ de que me quiso, sí,/ de que aún la estoy queriendo”
El amor siempre tiene su prolongación en otros, en otra cosa: “Lo encontraremos, sí./…ha de ser ya con otros/ labios, con otros nombres/ y siglos después, esto/ que está queriendo ser/ hoy, aquí, desde ahora/ Eso no lo sabemos./ Sabemos que será./ Que en algo, sí, y en alguien/ se tiene que cumplir/ este amor que inventamos”.
Estamos rodeados de sombras, de incertidumbres de miedos, que no son sino ganas de vivir la vida hasta la última gota que nunca se derrama. De esas sombras el poeta dice que “piden realidades”. Algo nuevo siempre viene. Por eso estos libros son enemigos del bostezo, y te ayudan a estar atentos, a ir haciéndose merecedores de este amor que está, otra vez como dice la canción: en el aire. Hay que hacerlo real. Inventarlos, serlo, lo único que no muere de todos nosotros.