Nuevo Amanecer

Tarde húmeda de octubre

A Leonel Lacayo Maliaño

Regresábamos. Impulsados
por el deseo de la memoria regresábamos.
A la sombra de los mismos árboles crecientes
con nombres indígenas regresábamos.
Buscando las señas del pasado
en el arañazo del tronco, en la flecha
y la letra, la fecha de la cita
y el sitio olvidado, abandonado
a la inercia de cacharros y maderas podridas,
charcos, pedregales, lodos,
tablas desvencijadas, ropas colgadas en vaivén,
sin aquella silla y aquella mesa
con el mantel floreado para el ágape,
el guapote y las mojarras fritas con pinol,
¡listas junto al chilero, la tortilla, el plátano
y el trago!
Lago de Nicaragua, Gran Lago,
larga fosa ensimismada, indescifrada,
escondite de la serpiente que se devora
a sí misma, Cocibolca: calmadas están
tus aguas en esta tarde húmeda de Octubre
en que casi no hay costa y te vemos
como una inmensa página blanca
ofreciendo su espacio para el hormigueo
de una inmortal escritura desplegada,
con sus trazos y apretados garabatos,
más allá del horizonte que se pierde
en la humareda del cielo…
o como un vasto espejo plateado besando
y reflejando nuestros pies, atravesado
solo por un vuelo frotante de zarcetas
que acentúan el color de la blancura.
19 de octubre de 2005
Rivas, Gran Lago de Nicaragua.