Nuevo Amanecer

Una muestra del teatro de Harol Pinter


El Premio Nobel de Literatura 2005 fue otorgado al dramaturgo británico Harold Pinter (Londres 1930), otro de similar oficio, el italiano Dario Fo (1926), también recibió esta distinción en 1997. Fo tiene en sus obras un agudo humor y sátira política y social, es igual que Pinter, un intelectual de ideas de izquierda, son polémicos críticos comprometidos. Algunos han afirmado que los “Nobel” están reservados a escritores con estas tendencias del pensamiento. Mario Vargas Llosa (1936), quien recientemente visitó Nicaragua, ha sido prudente en aceptar esa afirmación y simplemente ha dicho que no esperaba el premio, si tiene que venir, vendrá. En la última década, el más importante reconocimiento literario del mundo, fue concedido al chino Gao Xingjian (2000), al caribeño (Trinidad y Tobago) Vidiadhar Naipaul (2001), al húngaro Imre Kerstész (2002) y al sudafricano John M. Cohetes (2003), cuyos maneras de pensar más bien podrían ubicarse entre el centro y la derecha. Suele ser universal que la creación artística en cualquiera de sus formas está marcada por un profundo compromiso humano y social, es cierto que el arte, en cualquiera de sus manifestaciones, es en sí esencialmente revolucionaria e innovadora, su carácter auténtico así lo demanda.
Pinter es un autor surgido de la posguerra, reconocido como una voz contemporánea, cuenta con una extensa obra que data desde 1957 con “El Cuarto”, caracterizadas por desarrollarse con muy pocos personajes (dos o tres) y sus escenarios son precisamente recintos cerrados, una habitación y/o una sala, aunque afirma que “estoy convencido que lo que pasa en mis obras podría suceder en cualquier parte”. Desarrolló el tema político, criticó la tortura y la opresión lingüística. Ha sido muy poco traducido al español, hasta ahora que el reconocimiento del Nobel ha movido a las editoriales a promoverlo para el público lector hispanohablante. Uno de sus traductores, el argentino Rafael Spregelburd, afirma que “es un autor consagrado, muy extraño, muy absurdo”, entiende su obra como una “idea de revolución, de subversión del orden, como un compromiso total e íntegro”, para él es un movimiento constante, una búsqueda. Expone “el diálogo como un verdadero campo de batalla”, por la “forma en que estudia el movimiento del poder y la manera en cómo surge el lenguaje”. Afirma que “estuvo con la revolución sandinista y con la denuncia por las atrocidades de la guerra de Irak”, aunque el dramaturgo reconoce que no está comprometido como escritor, ni religiosa ni políticamente que simplemente “escribo porque quiero escribir”.
Reconozco que prefiero más ver teatro en su propia escenografía que leerlo, así como la poesía tiene la preferencia de una lenta lectura en voz alta que logre articular el sentido de lo escrito y la musicalidad del lenguaje y la novela o el cuento piden una lectura de corrido con la vista que siga la trama y despierte los sentidos, la representación de una obra llega a todo su dimensión cada vez que se abre el telón y es dramatizada. No he visto representada ninguna obra de Pinter, sólo he leído seis de ellas, sobre esa base comparto estos comentarios.
En “El cuidador” (1960), hay tres personajes que dialogan en tres actos en una misma habitación llena de cachivaches en donde vive Aston, quien ha llevado a Davies, un viejo que no tenía adonde ir. Mick, el hermano de Aston, es el dueño del local. El huésped a pesar de recibir posada y no poseer nada, parece un hombre haragán, ha quedado sin trabajo, manifiesta desprecio por los negros e inmigrantes y termina exigiendo cosas, y hasta pretendiendo sacar al que generosamente le ha dado acogida, aprovechándose de las alucinaciones de Aston, quien lo habían llevado en el pasado a estar internado en un centro. Necesita un par de zapatos, pero más que pedir, exige gustos; se justifica responsabilizando a otros, evade responsabilidades. Mick le ha ofrecido trabajo como cuidador del local, dice no conocer el oficio. A pesar de haber vivido en la calle, dice que le molesta el aire que entra por la ventana hacia la cama que le han ofrecido para dormir. Afloran aquí las actitudes humanas, el ánimo de aprovecharse, el arribismo inútil y la falta de gratitud, las ilusas aspiraciones que no pasan de ser eso, los males sociales vistos en la cotidianidad, en las concretas expresiones de un coloquio.
“Los enanos” (1960), hay aquí tres personajes, un cuarto y una sala. Len toca la flauta; Pete le dice que hay que ser más elástico, “por elástico quiere decir estar preparado para tus propios desvíos”. Mark se queja con Len por pasar mucho tiempo con Pete, “él no te hace nada bien, yo soy el único que sabe cómo manejarse con él”. Len le dice a Mark: “sos como una víbora en mi casa”, agrega: “¡Ustedes, dos hijos de puta, me convirtieron en una piltrafa y no puedo arreglarla!”. Habla de su tesoro que es su rincón. Hay una suma de percepciones, intrigas derivadas de alucinaciones surgidas de la convivencia.
“La colección” (1961), cuatro personajes en tres escenarios. El joven Bill, diseñador de modas, es visitado por un desconocido de nombre James, quien afirma que en la semana pasada intimó con su esposa Stella en una habitación, en ocasión de un Congreso en el que coincidieron. Le da detalles, Bill se niega, acepta algunos hechos. James afirma que la misma Stella le ha contado. Él cree entender una cosa, ella afirma decir otra y Bill pretende reconocer algo diferente, su amigo Harry interviene. Hay en esto mentiras, fantasías y dudas. El joven afirma: “Cuando te enteras de la verdad toda herida sana”, en este caso finalmente nada es claro, pudo haber ocurrido o todo fue imaginado. Hay indiferencia, celos y hasta “extraños comportamientos”. ¿Qué de todo es producto de la imaginación de lo que se quiere, no se quiere o se supone y qué es la realidad?
“El amante” (1963), son tres personajes en dos áreas; una relación de matrimonio, Richard y Sarah, donde ella recibe a uno o diferentes amantes en su propia casa con el conocimiento del marido en los horarios donde éste anda trabajando; él por su lado sostiene relación con una mujer a quien paga por sus servicios. Ella dice que solo a él lo quiere, lo otro es sólo sexo, “lamento que tu aventura posea tan poca dignidad”. Se cuentan mutuamente, él afirma: “la franqueza a cualquier costo. Esencial para un matrimonio saludable”; un día se cansa y le dice a Sarah que ya no reciba a los amantes en casa, que lo haga fuera. Dice no estar celoso, ¿se imaginan los hechos o son reales? En la noche ella siempre espera al marido, hace la cena, cumple sus deberes.
“Escuela nocturna” (1960), seis personajes, en dos escenarios. Walter, después de haber estado en prisión una vez más, regresa a la casa de las tías, donde éstas han rentado su habitación a Sally, joven guapa que dice ser maestra y en la noche asiste a una escuela nocturna donde estudia idiomas; le tienen una gran admiración, hasta han pensado podría ser una buena esposa para el sobrino. Resulta que la joven realmente asiste en la noche a un night club donde baila; ha dejado una nota en la habitación y se ha ido. En una foto la joven baila con una pelota, las tías dicen que está con las “chicas de la escuela”, “no sabía que daba clases de gimnasia”. Las apariencias engañan y a veces uno quiere engañarse, vivir de la propia ilusión que se termina creyendo.
Menciono cinco “Sketches de revista”, escenas breves: Disturbios en la fábrica, una conversación en una oficina con obreros inconformes; El blanco y negro, dos ancianas conversando mientras toman dos tazas de sopa; La parada del colectivo, una fila de gente en una concurrida parada de autobús; El último, en un puesto de café conversan un mozo y un vendedor de diarios; y en Oferta especial, una secretaria en el escritorio de su oficina, una tarjeta dice: “¡hombres en venta!”, ¿es un chiste o es en serio?
En todas estas obras se expresa la rutina y el retrato de la época, la expresión de las reacciones humanas que siguen siendo presentes, esperadas reacciones a través de diálogos precisos y agudos donde el “pinterismo” se manifiesta con sus seres marginales hablando y sus escenarios que no necesitan más coreografía que el teatro mismo de la vida donde no deja de estar presente “un profundo misterio”.
Managua, 12 de enero de 2006.