Nuevo Amanecer

En este mundo matraca nadie de reir se escapa


(El arte de novelar)

En este mundo matraca, la tercera novela de Franz Galich, ha salido a luz gracias a ADESCA, y en ella -como Cervantes que adjudica la autoría del Quijote a Cide Hamete Benengeli-, le adjudica su autoría a Cide Tomat Tomatío, quien es a su vez uno de sus personajes. Al leerla vienen a nuestra mente los cuentos de mentirosos, supongo que porque la mentira exagerada -tanto las que aparecen en la novela como las que aparecen en los cuentos-, semejante al mito, la podemos encontrar en diferentes versiones de las distintas historias y formas de la narrativa, en nuestro caso, por ejemplo, en los cuentos de Nachón Gago o las Aventuras de Juan Parado, señor de El Diriá, de Carlos Alemán Ocampo. En este sentido, una versión del palo volador de Charpadeoro en la novela es el palo volador de Nachón Gago en Nicaragua. O una versión de la caza de siete venados con un solo tiro de su arma de fuego por parte de Sietementiras, otro personaje de la novela, es también la del mismo Nachón Gago, quien en una ocasión mata no siete venados, sino sólo dos, pero, exagerando más las cosas, a uno lo mata con un pedazo de plátano que le sirvió de bala y al otro con la baqueta de su rifle, la que además de traspasar al venado que está en ese momento bebiendo agua del río de paso pesca veinte pescados que salen fritos debido a la alta temperatura que llevaba la baqueta.
No es mi propósito poner todas las versiones de las mentiras exageradas que se encuentran en Este mundo matraca, pero creo que no hay que pasar por alto el hecho de que en su fabricación es muy probable que tenga que ver la influencia de Rabelais, ya que desde la entrada vemos a éste dirigirse a los lectores que van a comenzar a leerla, y debido a que si bien es cierto que la hipérbole en la obra adquiere matices muy particulares, su presencia nos puede llevar inevitablemente a considerar los posibles rasgos rabelaisianos que quizás tengamos en nuestra identidad que continúa andando a la deriva; o al menos estudiar más a fondo lo de Güegüence que se dice que hay en nosotros. En todo caso la hipérbole es un recurso de la novela, pero no el único. A lo largo de la obra, Franz Galich recurre a la oralidad, de la cual nace precisamente el nombre de la novela. También recurre a lo fantástico, dichos y refranes, la parodia, se habla el idioma que a los personajes les parece, se recitan poemas, se conjuga el verbo Guate según sea el ciudadano (chafarotes, patriotas, etc.), tiene lugar la risa, la burla, el canto, los recuerdos, y entre muchas cosas más, surge de repente la filosofía popular.
Franz Galich se deja llevar por sus personajes. Su tarea pareciera ser la del fotógrafo que los retrata, aunque aquí puede que sean retratos más de lo que llevan por dentro que por fuera en sus vidas. Son personajes representantes de tres generaciones: Charpadeoro, Sietementiras y Mentirafresca, es decir abuelo, hijo y nieto, respectivamente. A Mentirafresca lo vemos tomándose una botella de vino, ordinario, como el Cóndor que venden en las pulperías, compitiendo por el primer lugar, la memorable noche del 3 de mayo de 1980, tomársela les lleva a los competidores siete segundos. Los siete segundo que dilata en tomarse la botella de vino no son otros que los que corresponden a la estructura interior de la novela; mientras que el tiempo exterior son muchos años, el de las tres generaciones mencionadas. No sé por qué, siendo que en esta novela se impone el humor, a mí la botella de vino me remitie a Edgard Allan Poe con su Manuscrito hallado en una botella, quizás sea por el artificio en ambas obras; porque en Poe es el escrito del personaje protagonista cuando el barco se hunde y que él mete dentro de una botella que lanza al mar con la esperanza de que a uno le llegue, ¡y ese es el manuscrito que leemos! En tanto, en la novela de Galich son los recuerdos que tiene Mentirafresca mientras se toma la botella de vino y que escribe Cid Tomat Tomatío, ¡y esos recuerdos son la novela que leemos!
Lo que nos cuenta esta novela se vierte en una estructura, la cual pareciera cerrarse al terminar de leerse cuando en la competencia, Mentirafresca se ha tomado el vino. Sin embargo, queda abierta con su Epílogo sobre el epílogo, y dejar abiertos los finales en las novelas quizás provenga de Kafka (prototipo de novelas abiertas, carentes de final, con desenlace inimaginable, según el crítico Mariano Baquero Goyanes), y es a mi modo de ver una de las grandes características de las novelas de Franz Galich, junto al cruce de géneros, entre otras, las cuales contribuyen a que se cumpla lo que Carpentier dice en su Problemática de la actual novela latinoamericana: “la novela empieza a ser gran novela (Proust, Kafka, Joyce…) cuando deja de parecerse a una novela”, aun cuando es inobjetable la muda cervantina que hay en ella, algo que no es nuevo tampoco, pues Lionel Trilling (nos vuelve a decir Mariano Baquero Goyanes en Estructura de la novela actual, p. 178) se atreve a decir que todas las grandes novelas vienen a ser variaciones del Quijote.
No hay duda, estamos ante una novela muy singular. Los títulos de los capítulos son bastantes largos, a la manera de las obras clásicas, donde se habla de lo que va a leerse, y cada capítulo en sí puede ser leído como un episodio o como un cuento, incluso, tal como acontece en el Quijote que nos podemos saltar la novela del curioso impertinente, también en esta novela de Galich podemos hacer algo parecido en determinados momentos. Esta forma de novelar no es meramente casual, tras ella pareciera perseguirse el objetivo de configurar una razón estética en torno al arte de novelar, razón que no deja de estar presente en lo que hablan los personajes; implícita, por ejemplo, en la conversación que aparece en la mente de Mentirafresca cuando éste platica con Cide Tomat Tomatío. Del recuerdo de tal conversación se extrae que las novelas “a la par que divierten y entretienen deben mostrar las distintas caras de la vida.”
En este mundo matraca, nadie de reír se escapa, y si esto es así la razón estética mencionada se cumple también, ya que el humor, herencia no desvinculada de lo que está sucediendo en la producción literaria del continente americano, el autor procura desplegarlo a lo largo de esta novela en particular, semejante a otro gran escritor nicaragüense, Sergio Ramírez, aunque éste lo hace mayormente, según Carlos Fuentes (Sergio Ramírez y la comedia narrativa, LPL, sábado 02/02/02), en el cuento. Divertir, entretener y mostrar la cara de la vida de Amatitlán, es lo que ha tratado de hacer Cide Tomat Tomatío, personaje con el que guarda distancia Franz Galich, “pariente lejano de los héroes, a petición de ellos mismos para entretención de todos sus coterráneos que también son sus parientes lejanos en la honradez y casi hermanos en el difícil y extraordinario arte de la mentira”.

*El autor es licenciado en Economía, Artes y Letras y máster en Literatura Hispanoamericana y de Centroamérica.