Nuevo Amanecer

Navidad


Según Alexander Hislop (The Two Babilon, 1853, 1858), ya que la Biblia ubica el nacimiento de Cristo cuando los pastores cuidan sus rebaños a cielo abierto, no puede ser posterior a octubre, ya que de diciembre a febrero el clima es demasiado frío en Palestina. Por las lluvias comenzando en septiembre-octubre, es probable que el nacimiento no sea posterior a la primera mitad de octubre. Los impuestos romanos se imponían en el momento más favorable, no en invierno, Lucas cuenta que María dio a luz durante la recolección de impuestos. Además, hubiera sido poco factible viajar en invierno, por el embarazo de María.
El 25 de diciembre es promesa del renuevo, alargándose los días, después del equinoccio, el 21. Por lo que los ritos en honor al dios solar Mitra tuvieron equivalente en Roma con las Saturnales en honor a Saturno, dios de la agricultura (Earl y Alice Count, 4000 Years of Christmas, New York, Henry Schuman, 1948, p.37). Los romanos consagraban al dios agrario Jano las Calendas o primeros días del año (“Januarius”, que dio nombre al mes de: “Janvier”, “January” o “Enero”). Hislop cita a Tertuliano, quien se quejaba en 230 de la inconsecuencia de los cristianos al reproducir fiestas paganas, con intercambios de regalos, para el Año Nuevo. Asimismo, “Por el año 245 Orígenes en su octava homilía sobre el Levítico, repudia como pecado la idea de observar el nacimiento de Cristo como si fuera un rey Faraón” (The Encyclopedia Britannica, 11 ed., vol. 6, p. 293: “Christmas”). De hecho, es sólo en el siglo III que se aceptaron estos rituales en el seno de la Iglesia, con el fin de cristianizarlos y atraer adeptos (Man, Myth & Magic: The Illustrated Encyclopedia of Mythology, Religion, and the Unknown, Richard Cavendish ed., 1983, vol. 2, p.480: “Christmas”). Sólo en 534 Navidad fue declarada fiesta romana, y en el siglo VIII cristianizado el árbol.
La pesebre o belén fue introducida por San Francisco de Asís, quien en 1223, tres años antes de su muerte, inauguró el primer nacimiento en una gruta de Greccio, la presencia del buey y la mula, que no está en los Evangelios habiendo sido afirmada por Orígenes, en base a Isaías, 1, 3: “El buey reconoce a su dueño y el asno el pesebre de su amo, pero Israel no me conoce, mi pueblo no tiene entendimiento”. La tradición de los belenes, con figuras de loza o porcelana, inició en Nápoles, de donde pasó a España a finales del siglo XVIII, durante el reinado de Carlos IV, mediante los franciscanos, la moda del presepio, o pesebre italiano, difundiéndose en Cataluña y Levante, con episodios comunes de la anunciación a María, la búsqueda de posada, el portal con el “Misterio”, el anuncio a los pastores, la adoración de los magos y la huida a Egipto.
A inicios del siglo XVII, los inmigrantes holandeses católicos que crearon Nueva Amsterdam (actual NY) celebraban según la costumbre de Alemania, Holanda, Bélgica y las regiones Alsacia-Lorena de Francia la noche de la San Nicolás: el 6 de diciembre, o Sinterklaas (transformado por fonética en Santa Claus). El santo (por sus milagros: devolvió niños robados a sus padres, protegió ladrones del diablo y porque un cruzado robó un dedo de su reliquia en Bari, Italia, para llevarlo a Saint-Nicolas-de-Port en Lorena, desde donde se difundieron peregrinaje y culto hasta Rusia, donde es uno de los principales santos, y Grecia de la que es patrón) premiaba a los niños buenos y regañaba a los malos, este último papel que, a partir del asedio de Metz en 1552 por Carlos V, fue desempeñado por el coco (“Père Fouettard”), sustituto del rey, cuya efigie había originalmente sido quemada en público. Por lo que Santa Claus tiene correspondencia con el Hombre del Bolso (Argentina, Uruguay), Hombre del Saco (España y México), Viejo del Costal (México) y Sacoman (en spanglish, zonas fronterizas de México), cuya figura, proveniente de los vagabundos con costal al hombro llamados linyeras (del piamontés “lingér”: “pobre”), tiene un papel muy importante en las canciones de cuna y se referencia por primera vez el Auto de los desposorios de la Virgen (siglo XVII), de Juan Caxés (cit. por Mariana Masera, “Las nanas: ¿una canción femenina?”, Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, Madrid, 1994, No 49, 1, p. 205). En los EU de hoy se confunde con el Rey de Los Vagabundos, cuyo trono es en el Polo Norte. Según Joan Amades (“Los ogros infantiles”, Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, 1957, No 13, pp. 254-285), el “Home del Sac” catalán tenía que ver con la actividad industrial y era el que llamaba a los niños con una tonadilla o un teatrillo para obtener saín de su cuerpo una vez desollado.
En 1809, Washington Irving describe que San Nicolás se desplazaba a caballo en el cielo para distribuir más rápido sus regalos. El 23/12/1823, The Troy Sentinel (NY) publica el cuento “A Visit From St. Nicholas”, de Clement Clark Moore, donde el santo obispo es un gnomo regordete y risueño, que pasa por las chimeneas y se desplaza en un trineo con ocho alces (Blitzen, Dasher, Dancer, Comet, Cupid, Donder, Prancer y Vixen, la tienda de los EU Montgomery Ward agregó un noveno: “Rudolf the Red-Nose Reindeer”, encargado de alumbrar el camino de Santa Claus con su “nariz roja luminosa”, en su anuncio de fin de año 1939, Rudolf reaparece en la canción de 1947 de Gene Autry). Durante la Guerra Civil de los EU, en Harper’s Weekly (3/1/1863) el caricaturista Thomas Nast hace de San Nicolás un elfo, de nombre Santa Claus. En la reedición de 1883 del cuento de Moore, se le agrega el subtítulo: “‘Twas the night before christmas”, lo que modificó para siempre la fecha del intercambio del 6 al 24.
En un dibujo de 1885, Nast pone la casa de Santa Claus en el Polo Norte. A partir de 1917, en la Primera Guerra Mundial, los soldados estadounidenses recibieron muchas tarjetas navideñas con Santa Claus, popularizando el personaje en Europa. A partir de 1931 y durante treinta años, Coca Cola hizo campañas con un Santa Claus ya no verde (color del renuevo después del equinoccio tradicional del Father Christmas inglés), sino rojo y blanco, colores de la marca.