Nuevo Amanecer

Paolo Ruffilli y El rito de la aflicción


“La manera de este joven poeta me ha gustado: haber elegido el camino de la substracción, del cortar y del reducir, para expresar las cosas del mundo y de la vida”, dijo Eugenio Montale (Premio Nobel, 1975) en un programa de radio en el año 1977, refiriéndose a Paolo Ruffilli, poeta italiano nacido en el año 1949. Por otro lado, el crítico Roland Barthes consideró que, “ Ruffilli es un caso único del modo en el que la palabra poética se muestra como palabra de punzada, después de haber sido por un momento más o menos prolongado, palabra de luminosidad”. Y además que, “la fuerza de su poesía, hablando específicamente de su obra La Cámara Oscura, reside en angustiar al lector encantándolo”. Paolo Ruffilli aprendió a fuerza de subir las escaleras de la vida, el rito de la aflicción y el arte de morir sin engaños, como escribió en su poemario “La alegría y el duelo”.
Ha publicado, entre otros, los siguientes libros de poesía: La quercia delle gazze (1972); Quattro quarti de luna (1974); Notizie dalle Esperidi (1976); Prodotti Notevoli (1980); Piccola colazione (1987, American Poetry Prize); Diario di Normandi (1990, premio Montale); Carnera oscura (1993); Nuvole (1995) y La gioia e il lutto (2001). Ha publicado, además, la edición de la Operette morali de Giacomo Leopardo; la traducción foscoliana del Viaggio sentimentale de Sterne, y las Confessioni d’un italiano de Nievo.
Ha traducido a Gibran, Tagore, la Metafísica inglesa y la Regola celeste del Tao. Paolo Ruffilli participará en el II Festival Internacional de Poesía en Granada 2006, el cual se llevará a cabo del 6 al 11 de febrero.
Fragmento de
"La alegría y el duelo"
Como callar y de paso
fingir que no se
ve la herida,
temer sólo
que se termine...
dejados ir
y condenados
a la deriva.
Remitido y vencido
el miedo fuerte
de la sepultura,
el espectro de la fosa
donde el yo no viva,
mirar a la cara
y no considerar ya
una amenaza
o una vergüenza
la cuchilla
que corta el hilo.
Para reconciliarse
con los ciclos inmutables
y readaptarse
a la propia suerte.
Porque el luto
llama la vida,
no otra muerte.
Traducción:
José Luis Reina Palazon