Nuevo Amanecer

Sentado, ausente de sí...


A León Núñez
y Guillermo Rosthchuh Tablada

Sentado, ausente de sí, frente al mundo
allá a la mesa, con la miseria y el dolor,
flacos como el grito final en fila hacia el horizonte,
y huecos el cuerpo.

Nos comíamos nuestras carnes, dulces de hambre,
deseosos de lustrar el esqueleto desnudo
para reír del alma harapienta,
mofándonos de su lágrima desgarrada
del ojo exprimido en los labios.

Recto camino hacia el golpe; nacer es morir.
Cena de mar, extensamente profunda cuando topa
la esencia.
Más grande el interior de las personas -ningún orífice-
que la espejísima vida.

Allí veo el sol herido, sudando sangre salitre,
ardiendo el ocaso infestado, con suspiros oprimidos.
¡Ya puedo morir!

Veo allí que absorbían mi alma en hilos
de coágulos.
¡Ya debo morir!

Sentado, ausente de energía,
buscando un pequeño blanco al negro;
pero de pronto, veo tres clavos allí, un martillo y una cruz escondida
y un hacha detrás.
¡Ya quiero morir!

Si supieran -los que ven esta escena de mar
profundamente extensa- que uno está consciente del mundo mágico,
aquí inerte dentro del ataúd,
oyendo en silencio sus verdades
y en público sus mentiras,
y bajo tierra comiéndose mis carnes -lejos del pueblo, nostálgico-,
esta multitud del cuerpo, carnes de mis carnes.

Ni tampoco es magistral la cena de mar,
extensamente profundo en la última
mesa rayando el confín.

* Santo Tomás, Chontales.