Nuevo Amanecer

Memoria de Gustavo Adolfo Páez


Hoy, 19 de noviembre, se cumplen dos años del inesperado fallecimiento en la ciudad de Miami de Gustavo Adolfo Páez, apreciado poeta nacido en Jinotepe, en 1954, que gozó de la simpatía y la estimación de sus familiares, amigos y demás personas relacionadas con la creación artística y literaria que valoraron no solo su calidad poética, sino su carácter jovial y armonioso, reacio a rencillas y confrontaciones.
Páez, autor de dos poemarios, “EL LÍMITE DEL TIEMPO” y “Sueño, LUEGO EXISTO”, miembro entusiasta del Centro Nicaragüense de Escritores, investigador teatral en el Ministerio de Cultura del gobierno sandinista, y animador de galerías de arte como Epikentro Gallery, estudió ciencias teatrales en México, país en donde se relacionó con maestros como Ernesto Mejía Sánchez y poetas y actores mexicanos. Murió siendo director del Centro Cultural del Convento San Francisco de Granada, en plena producción poética, cuando redactaba sus “ESTANCIAS DE INFINITO”, libro inédito del cual leyó algunas partes en el Centro Tower de Miami, días antes de su muerte, acontecimiento que consternó a los muchos corazones que tuvieron la suerte de recibir su calor humano, en especial el de su esposa Nora Frech y el de sus hijas Lluviana, Jordania, Dayana y Daniela.
En un medio desgraciadamente propenso a la envidia, al odio ponzoñoso, al resentimiento, a la detracción gratuita y a la desunión permanente, Páez, integrante de la que podríamos llamar Generación del 80, fue un poeta cordial que no alimentó rencores y se llevó bien con todo mundo, motivado sólo por el afecto y por la visión de la poesía como un espacio para la celebración del canto y del gozo de los sentidos, un poeta maravillado por el espectáculo de la vida y su naturalidad fluyente, siempre a la escucha de las cosas vitales en su dimensión instintiva, clara, fresca, matutina. Una poesía sin complejidades intelectuales, pretensiones ideológicas o metafísicas ni rebuscamientos esotéricos.
La creación poética de Gustavo Adolfo está indisociablemente relacionada con el nacimiento del día, el cantar de los pájaros, el descubrimiento imprevisto de las frutas maduras, la aparición del primer amor, la primera exploración erótica, el primer sueño y, por supuesto, la presencia sobrecogedora de la infancia, del niño que no se resigna a ser adulto.
El día y sus primeros fulgores, el sol encendiendo el horizonte, el niño y su mundo inventado y vuelto a inventar, los diversos colores en la retina, el esplendor del campo, cosas, seres y objetos de una naturaleza viva no escindida, dispuesta ahí, en un escenario de celebración perpetua, éste es el mundo de sentimientos, sensaciones y visiones de Páez, un universo sin contradicciones ni fisuras en el que predomina la armonía.
¡Gracias, Gustavo, por tu existencia y tu residencia, como diría Neruda, en la tierra!
¡Gracias por tus palabras que le dieron ternura y alegría al mundo que viste!