Nuevo Amanecer

Movimiento


Desde el siglo XIX, Thomas de Quincey, con The English Mail-Coach (1849), hace del movimiento el paradigma de la contemporaneidad. Obviamente, porque la época contemporánea se define por la progresión de los medios de transportes, empezada, pero en términos de grandes viajes y relaciones intercontinentales, con Marco Polo, y desarrollándose por la necesidad de buscar nuevas vías a Asia, después de la toma de Constantinopla por los Turcos (1453). En los siglos XVII-XVIII, el implemento de los relatos de viajes, pre-etnográficos, y el viaje iniciático de los artistas formándose a Italia, y en el siglo XIX a Oriente (o sea, África del Norte), favorecieron la visión idealizada de los viajes como momentos peligrosos y excitantes (es “Brise Marine”, 1865, de Mallarmé). Así la novela presenta aventuras interoceánicas, con Robinson Crusoe (1719) de Defoe, Moby Dick (1851) de Herman Melville, La isla de Tesoro (1883) de Stevenson, los libros de Kipling y Jack London, o el tardío El Viejo y el Mar (1958) de Hemingway, y Cantos de Cifar y la mar dulce (1971) de PAC, reivindicado viaje homérico, pero con ecos jonasianos y hemingwaianos. Se suman numerosos relatos de viajeros reales, de los grandes capitanes como Cock, hasta relatos macabros como el de la Medusa que inspiró Géricault, y los, fantasiosos, acerca de filibusteros, que todavía inspirarán a Hollywood en la primera mitad del siglo XX. Personajes como Indiana Jones o Alan Quatermain (inspirados en Henry Rider Haggard) y su versión femenina Lara Croft provienen de esta moda, igual Tarzán, versión adulta de Moogly de Kipling. La modernidad marca el paso de una sociedad inmóvil, si exceptuamos a los mendigos, coquillards (viajantes hacia Santiago de Compostela), beguinas, franciscanos, prostitutas (solteras sin familia, violadas por gremios de jóvenes de la ciudad y, consideradas después impuras, obligadas a irse sin tener derecho a permanecer en ningún pueblo), a una sociedad comercial de tránsito, con puertos, aeropuertos, trenes y autopistas. Los sociólogos, entre los cuales Pearsons, apuntaron que el pasaje de una sociedad rural a una sociedad industrial provoca cambios, como la necesaria movilidad del empleado en la ciudad, ya no arraigado a un empleo fijo, sino sometido a la necesidad de cambiar en función de la economía. La invención del motor a pistón (1712) y a vapor (c. 1744) empujó los transportes terrestres y marítimos. El carbón se volvió la principal materia prima del siglo XIX, tanto para el calentar el hogar, como para los trenes, multiplicándose las minas en Europa. Los héroes decimonónicos viajan siempre: los Tres Mosqueteros salvando a la Corona, Oliver Twist y Sin Familia los dos en busca de su familia, Sherlock Holmes, Rouletabille y Arsène Lupin para resolver enigmas. Por inconformidad social, los beats, con On the road (1957) de Kérouac, proponen una alternativa que, eco del filme The Wild One (1953) de László Benedek, creerá los “road movies”.
La evolución en el espacio supone el sometimiento al tiempo (de partida y llegada, del viaje, cambio horario), que crea una nueva tensión, perceptible en las películas policíacas o de acción, y antes, precisamente relacionado con el viaje, en Jules Vernes: La vuelta al mundo en 80 días (1873) y Michel Strogoff (1876). Esta “cuarta dimensión”, explícitamente nombrada por H.G. Wells en The Time-Machine (1898), define aquí un viaje en el propio tiempo. El carro es elemento en movimiento que, revolcándose en el lodo, permite, apuleanamente si se compara con la novela Le Boucher (1988) de Alina Reyes, a Marinetti en su Manifiesto futurista (1909) renacer a la vida y el arte. Movimiento son Dinamismo de un perro con correa (1912) de Balla, o Riña en la galería Vittorio Emmanuele y Forma única de la continuidad en el Espacio (1913) de Boccioni, esta última muy similar al Desnudo bajando una escalera (1912) de Duchamp. Forma única y Desnudo son idénticas a las fotos de Marey en Francia y Muybridge en Inglaterra, que descomponían en el siglo XIX el movimiento de cuerpos en acción. Se ha insistido mucho en la influencia de la foto en el pasaje a la abstracción, pero nunca en la del tiempo de pose. Muy largo a inicios de la foto, imponía, para evitar movimientos inesperados, a los retratados quedarse: mano sosteniendo la cabeza, imagen que se volverá convencional del intelectual o pensador. De lo mismo, las fotos de fantasmas del siglo XIX, mostrando formas borrosas, que se lograban trabajando el negativo, tienen renuevo en los filmes inspirados en Jacob’s Ladder (1990) de Adrian Lyne, y probablemente influenciaron la representación futurista del movimiento por superposición. Más cercanos al auge fotográfico, y primeros en utilizar el movimiento como extensión temporal de la forma, son los impresionistas, en particular Monet con sus series de un solo objeto (catedral de Rouen, Meules, estación Saint-Lazare, ninfeas) pintado en función de cada hora del día. Los cubistas desarrollan una doble progresión espacial: por superposición de las capas matéricas en sus collages, y giratoria, lo que tampoco nunca fue analizado correctamente, del artista alrededor (sea sólo intelectivamente) del modelo para verlo bajo todos los ángulos. En la misma época, el movimiento no sólo tiene valor concreto, espacial, sino también místico, como en Alfonso Cortés, o los movimientos de luces del cinético Modulador-Espacio-Luz (c. 1930) de Moholy-Nagy, el cual prefigura el op art, a su vez primer paso hacia el arte conceptual y sus corrientes: happening, body art y land art (que presupone un desplazamiento hacia el sitio de la acción artística, como el pintar fuera del taller para los impresionistas). La extensión de la obra en el espacio y el tiempo, por superposición de los movimientos en un solo espacio material concreto (el del cuadro o la escultura, como en Boccioni) o desmultiplicación de los ángulos (cubismo), provocó una nueva forma de arte, que se expresaba por ritualidad gestual (inversión de la desacralización de las figuras africanas por los cubistas) en el action painting del expresionismo abstracto, y la posterior creación, mediante la reducción al cuerpo como lugar estructuralista de lenguaje, de la acción pintoresca en Klein y el body art, llegando finalmente a la extensión del espacio del arte del lienzo al objeto pegado (por superposición de capas, como entre los cubistas), la tridimensionalidad del espacio con las instalaciones, y, finalmente, la extensión temporal artística, con el tiempo del happening/performance, casualmente remitido en sus inicios (con John Cage, Maciunas y Fluxus) a la rítmica musical, o sea, explícitamente dependiente del tempo.