Nuevo Amanecer

Entidades Metafísicas


Teatroshumanos
Los cuadros de Mariu Fonseca de Lacayo configuran entidades metafísicas en plena reverberación; sustancias corpóreas en estados de trascendencia. Los estropajos, base iconográfica de las obras, semejan cuerpos entreverados, que aparecen, no como materias inertes, sino como protagonistas vivientes de una historia sísmica. Envueltos en una pasión o en una lucha, estáticos y calmos, contorsionados y
y dancísticos, cada estropajo configura un “momentum” de la vida, un estado existencial, o un instante metafísico. Los estropajos simbolizan personajes, seres imaginarios; o bien plantean estados internos, instantes cósmicos o introspecciones ontológicas. Dominados por intrincados nudos y denodadas contracciones, reconstituyen un encuentro, perfilan a un ser, o muestran una sugestiva expresividad humana. En sus acordonamientos y enfrascados encuentros, semejan cuerpos eróticos poseídos de amores intensos o cuerpos guerreros en trascendentes confrontamientos. Los estropajos muestran abigarrados y sensuales nudos de los que emana un “clan” misterioso y sugestivo. Cada trabajo revela una intensa narrativa, un teatro de pasiones y de emotividades, en el que se gesta una épica. Hay abrazos, enroscamientos, nudos, en indisolubles enfrascamientos y uniones. El estropajo es una excusa de la artista para recrear instancias metafísicas e ideaciones humanas. Es un argumento para narrar su propia visión del mundo. Mariu muestra una profunda sensibilidad humana al capturar sensitivos momentos y tangenciales estados, en estos seres metafóricos que se simbolizan en los paños. Mariu atrapa en ellos, momentos ígneos de absoluta transmutación. Los cuadros expresan lo trascendente humano, el sumo encuentro. El espectador descubre en cada tela secretas resonancias de vida.
Raíces étnicas-resonancias ancestrales
Las telas muestran estropajos de prolijas configuraciones y detallados patrones geométricos que recuerdan aquellos de las tribus ancestrales. En sus complejos diseños y texturas filigranas, rememoran paños rituales de una milenaria etnia; semejan mantos ceremoniales que invisten de poder al sacerdote o al chamán. Reconstituyen cobertores que sirvieron a un acto sagrado. Los paños simbolizan investiduras sacras de poderes antiguos. Por otra parte, la fina hilada en las telas recrea telares ancestrales en los que hila la sofisticada manualidad de indígenas manos femeninas. Los paños crean resonancias con tiempos antiguos que tuvieron lugar en nuestros territorios latinoamericanos. Hay en Mariu una intención de búsqueda y de conexión con los orígenes, de remontarse hacia nuestra historia antropológica, en una sugestiva afirmación de lo étnico de América Latina, que nos define también como continente.

*Crítico de arte. Miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte. AICA-París, Francia. SENIOR EDITOR de la revista ARTE AL DIA Internacional.