Nuevo Amanecer

Año Nuevo


En las primeras fiestas de Navidad, los romanos, basándose en el mito babilónico del árbol verde (Tammuz reincarnado) nacido de un tronco muerto (el antiguo dios sol Nimrod), representaban el calor del nacimiento del nuevo dios solar por árboles de pino, de los cuales colgaban cerezas rojas, que después fueron esferas, como símbolo del dios sol. El 28 de diciembre (matanza de los Inocentes por Herodes), como en las Saturnales, pinos y hogueras están presentes en la despedida del Año Viejo, prolongándose muchas de las fiestas hasta Año Nuevo, símbolo de renacer y nueva vida. El 6 de enero era el día de la fiesta del solsticio de invierno para los egipcios y los árabes. En 120-140, los gnósticos cristianizaron esta fiesta pagana al sol. Los germanos y celtas agregaron sus abetos y luminarias, que tradicionalmente habían servido para ahuyentar a los espíritus malignos en las llamadas “noches rigurosas”, del 25 de diciembre al 6 de enero (día de los Reyes Magos) - en Suecia del 13 al 25-, doce días que correspondían a los doce meses e indicaban el tiempo que iba a hacer en todo el año, elemento primordial en sociedades agrarias. El 6 de enero era, además, el día de Navidad en el calendario juliano, todavía utilizado en la Iglesia ortodoxa, el día.
Al igual que los sajones colgaban regalos y golosinas del árbol, costumbre alemana, donde el misionero inglés Bonifacio sustituyó en el siglo VIII los sacrificios que se hacían en la encina sagrada de Odin por un pino adornado en homenaje al niño Jesús, en las Saturnales los romanos se ofrecían regalos, los “strenae” que vinieron a ser las “étrennes” francesas, perdurando la entrega de regalos en la San Nicolás, Navidad, Año Nuevo y el día de la Epifanía, el 6 de enero. A San Nicolás-Santa Claus corresponden el Père Chalande savoyard, el Père Janvier bourguignon o el Olenzaro vasco, que distribuían regalos a los niños, siendo sin embargo San Nicolás el modelo central en Alemania, Bélgica, Suiza, y el Norte y Este de Francia. Los niños depositaban sus zapatos cerca del hogar, con heno y zanahoria para el asno que montaba el santo. A los niños malos el santo sólo les dejaba un tuco de carbón. Ahora bien, en Italia, es la hada Befana quien distribuye el 6 de enero, día de los Reyes Magos, regalos a los niños, el mismo momento en que los Reyes Magos depositan regalos a los niños en España, lo que nos aclara sobre la derivación, probablemente por medio del pasaje del calendario juliano al gregoriano, entre el 25 y el 6, confusión además sustentada y ampliada por el ciclo de los doce días. En el día de la Epifanía, rehace un pastel de los Reyes en el que se “tire le roi”, el que encuentra un fríjol volviéndose rey, ritual que mezcla el recuerdo del Rey de los Reyes de la tradición religiosa medieval, que se elegía mediante sorteo para encarnar los Misterios teatrales, y las Saturnales romanas, en las que el Rey del día, que tenía poder absoluto, era el que hallaba el fríjol en el pastel, sea cual fuese su posición social, hombre libre, noble, o esclavo. Era el niño más joven que se escondía debajo de la mesa para, respondiendo a la pregunta: “Phoebe Domine” (“Señor Febos”, siendo éste el mismo astro solar), designar a quien iba cada parte del pastel. Símbolo de fecundidad, el fríjol es promesa de suerte, riqueza, poder y virtud. La costumbre perduró en región como Normanda, bajo la forma deformada de: “Fabae Domine” (“El fríjol/(o haba) de Dios”). El ritual del pastel de los Reyes se presenta como ofrenda matrimonial en “Piel de Asno” (Les contes de ma mère l’Oie, 1697) de Perrault, la cual esconde su anillo en el pastel que hace para el príncipe. Las primeras “fèves” (habas) de porcelana de Saxe datan de 1875. El fríjol es tradicionalmente blanco.
Para los celtas, el 24 de diciembre era el día de renacimiento del Sol. Asociaban un árbol a cada mes lunar, el abeto, árbol del nacimiento, era el del 24, y, como símbolo de vida, decorado con frutas, flores y trigo. En los Misterios del siglo XI el árbol del Paraíso era un pino adornado con manzanas rojas (confusión etimológica entre “malum”: “mal” y “manzana”). En el siglo XII aparece la tradición en Alsacia. Es en esta región, en 1521, que por primera vez se menciona el árbol de Navidad o de Cristo. Se hacía el árbol con ramas cortadas tres días antes de Navidad. En 1546 la ciudad de Selestat en Alsacia autoriza a cortar árboles de Navidad la noche de Santo Tomás, el 21. En 1510 en Riga (Letonia), se menciona el árbol adornado con rosas artificiales, al que se ponía fuego. En el siglo XVI, rosas, símbolo marial, manzanas (en el antiguo calendario de los santos el 24 era dedicado a Adán y Eva, canonizados por las Iglesias orientales), dulces y pequeñas reposterías en forma de hostias adornaban el árbol, lo que atestigua todavía un grabado de 1806. La Iglesia consideró el árbol como práctica pagana y masona hacia la mitad del siglo XX, y el Concilio Vaticano II (1962-1965). La práctica de poner la estrella de Belén en la punta popularizó el árbol en los medios alemanes del Norte. En 1560, durante la Reforma, los protestantes rechazaron la pesebre o belén a favor del árbol simbólico del Paraíso (recordatorio de una tipología de la redención en el nacimiento del Salvador), difundiéndose éste en los países protestantes: Alemania, Escandinava. En el siglo XVII nace el árbol con iluminaciones: por lo caro que era la cera, se ponían mechas dentro de nueces llenadas con aceite. En 1738, Luis XV y su esposa Maria Leszcynska introducen el árbol en Francia, en 1840 la reina Victoria y su esposo Albert, de origen alemán, en Windsor. A finales del siglo XVIII, el árbol se difunde en Canadá, por imitación de Inglaterra. En 1837, la duquesa de Orléans Hélène de Meck-lembourg, también alemana, da a decorar un árbol en las Tuileries. Se generaliza la tradición después de la guerra de 1870, por medio de los inmigrados de Alsacia-Lorena. Las primeras decoraciones eléctricas aparecen en 1880 en los EU.
Como “Cenicienta” (Les contes de ma mère L’Oie), símbolo según los folcloristas del año viejo barrido, remplazado por el nuevo, los cuentos de Navidad como “La niña de los fósforos” (1845) de Andersen o “Un cuento de Navidad” (1843) de Dickens, presentan, en tono social, el paso ritual de lo viejo a lo nuevo: los tres fantasmas de Dickens son, al igual que los tres Reyes Magos, según las leyendas cristianas, las tres edades de la vida y los tres continentes entonces conocidos (Europa, África y Asia), el Futuro dispuesto por el Pasado desde el Presente de la Alegoría de la Prudencia (1565-1570) del Tiziano, y los recuerdos de Scrooge en sentido histórico la barrera entre la buena Navidad de los niños ricos y la mala, simultánea, de la pequeña vendedora. En Dickens los dos tipos morales de Navidad son los de Scrooge, que la desaprovecha, y su empleado, que no la puede tener.