Nuevo Amanecer

Primera novela de Bautista Lara

Como una primicia para los lectores de NUEVO AMANECER CULTURAL, publicamos la Introducción a su primera novela “Rostros ocultos”, la cual será presentada el próximo viernes 25 de noviembre, a las seis de la tarde, en el Auditorio del Hogar Zacarías Guerra, al cual su autor ha donado esta primera edición

INTRODUCCIÓN

A pesar de lo que podrían pensar, ésta no es, desa­for­tunadamente una novela de ficción, es una ficción de la historia real, con personas y circunstancias que no son pro­ducto únicamente de la creatividad de alguien que se ha toma­do la osadía temeraria de escribir a partir de su humana imaginación.
Hay cuentos que salen de la nada, pero en este caso, son narraciones que pueden tener nombres y ape­llidos, fechas y lugares reales, que ustedes mismos pue­den ver cotidia­namente; si alguna ficción podría entreverse, es precisamente la necesaria para ocultar las identidades y no poner en evidencia las intimidades y privacidades a las que cualquier persona tiene legítimo derecho, por muy poco poder político, social o econó­mico que tenga.
Si se aventuran a leer estas historias, háganlo como yo lo hice, con la mente abierta, sin prejuicios, como espar­cimiento y curiosidad, quizás cierta descon­fianza e incredu­lidad, disfrutando de lo que se cuenta a través del lenguaje y aventurándose en imaginar por encima de los límites de lo que las palabras han sido capaces de expresar. Podemos coincidir en que falsear la realidad y falsear el lenguaje es lo mismo que falsear la ficción y aparentar el silencio que suele tener su propio bullicio, al fin y al cabo se enlazan tanto que podrían parecer lo uno o lo otro. Ustedes, como yo lo fui en mi momento, tienen la libertad de recrear todos aquellos argumentos que apenas han sido enunciados, some­ramente descritos, tienen la independencia de cualquier lector comprometido de seguir con los hilos de la creatividad los desenlaces de las historias, pueden sondear las caras ocultas de las verdades y las certezas de las mentiras, escarbar entre las líneas e identificar su propio contexto, oponerse abierta­mente a lo dicho, enojarse, resignarse, sollozar o sonreír y hasta coincidir con lo que aquel desafortunado ha sido moti­vado a narrar.
Comparto sobre percepciones surgidas de la convi­vencia con la gente que suele transportarse en los buses urbanos de Managua, capital de la República, en mundos individuales que coexisten, interactúan y a la vez son únicos, complemen­tarios, a veces indife­ren­tes y ajenos, a pesar de las comunes coincidencias y las odiseas sociales e históricas compartidas, de las murallas divisorias que como fronteras, los separan de los otros. No esperen hechos extraordinarios, tal vez no los hay, son relatos sobre cosas comunes de gente corriente que, en este relato, ni nombre propio tienen, pero aman, sueñan y sufren en su anónimo silencio que por ahí palpita y bajo el calor húmedo tropical, suele despertar. Comparto lo que Albert Camus escribió para nosotros en una de sus novelas: Pero, desde el fondo del corazón, sé que los más miserables de ustedes han visto surgir de su oscuridad un rostro divino. Es ese rostro lo que le pido que vea.
Acompáñenme, pues, en este recorrido, vaya­mos tran­quilos, sin miedos, despojados de prejuicios; tengan confianza, que mientras se lee, ningún riesgo existe, por muchos laberintos que la lectura cuente, nada de eso conta­mina, a lo sumo podrían ser cómodos especta­dores, sufren los otros, sobre los que se habla, ¿acaso somos también nosotros? Es proba­ble, que el escenario tan próximo al que se refiere haga de muchos un perso­naje y nos sintamos no sólo referidos, sino personal­mente involucrados. Eso, en todo caso, no es asunto mío. No nos llenemos de complicaciones pasajeras, al final, todo se vuelve simple, se regresa a lo esencial. Si alguien se atreve a ir más allá, también es libre de ha­cerlo, cada quien es dueño de su propia creación y sobre­saltos mientras lee o mientras vive. Les recuerdo una expresión de Joyce, el autor de Ulises, y que Borges repi­te: La historia es una pesadilla de la que quiero desper­tarme.

Managua, 30 de agosto de 2005