Nuevo Amanecer

Hilda Vogl


La obra de Hilda Vogl permite acercarse a la cuestión del primitivismo

Los temas del primitivismo son evidentes: lo visible.
De la misma manera que la obra de Luis Morales permite estudiar la biblioteca del artista (Warburg, Wittkower), la de Vogl permite estudiar su genealogía. En Nicaragua, el primitivismo se divide en dos: por un lado, jóvenes, y por otro damas de la excelente sociedad. La diferencia que ello implica es entre un discurso desde, y un discurso sobre. La misma escuela primitivista nicaragüense, nacida en Solentiname con Ernesto Cardenal, presupone un discurso de clase, ya que identifica la cultura popular con un tipo de arte obligatoriamente genuino y naturalista, de la realidad vista, dejando a un lado la intencionalidad.
De orígenes alemanes, Vogl, al igual que los Mántica, o artistas y escritores como Gaspard García, Helen Dixon, o Helena Ramos, la inscripción en una realidad nacional presupone un mayor énfasis en la elección. Hay una gran diferencia entre nacer en un país y elegirlo. Aunque nacida en Nicaragua y siendo nicaragüense, al igual que Carlos Mántica, Vogl en su obra parece producir un arte definido por estos dos rasgos: clase y nacionalidad.
De hecho, el “discurso sobre” implica cierta etnografía de la representación. Como mostró la reciente exposición en Añil, los temas del primitivismo caribeño nicaragüense son relativamente distintos a los del primitivismo del Pacífico, y, por ende, permiten ver que el arte naïf no es exento de significado. Así, el desnudo, como elemento tropical, estético y sexual, y lo religioso como elemento cultural y cultual, son los dos temas recurrentes del primitivismo caribeño presentado en Añil. De la misma manera, mientras el primitivismo Pacífico se dedica a escenas de la vida cotidiana, ante todo campesina, y a representaciones de flora y fauna del lago, a lo que se suman representaciones neo-granadinas de vistas de calles e iglesias en cuanto patrimonio cultural nacional, las tres cosas por el origen solentinamiano y vanguardista (por cardenaliano) del género, el primitivismo de Vogl se hace más etnográfico, dedicándose a eventos nacionales, y también más moderno, presentando minifaldas y despale, en una visión estética de la pobreza, que, salvando la diferencia de técnicas, es paralelo a las fotografías de Claudia Gordillo y Celeste González. Encontramos así en la obra de Vogl imágenes sandinistas, entre las cuales imágenes de soldados en armas, así como alegóricas de unión nacional debajo del sombrero de Sandino (variación acerca del tema medieval del manto de la Virgen) que protege la nación del fiero y bárbaro águila estadounidense cantado por Darío. De lo mismo, la obra de Vogl reproduce el corte del café y del algodón, los altares de la Purísima, la fiesta de Santo Domingo, la corrida de toro, los grupos musicales con marimba, la venta de artesanía precolombina o el juego de béisbol. Así la obra de Vogl, aunque ilustrando también la infaltable carreta de bueyes del primitivismo nacional, se vuelve más narrativa (en algunas obras las casitas llevan con “Bordados Pérez” y “Pensión Rosita” , indicando así el oficio del dueño) que las escenas atemporales del primitivismo tradicional, en cual tiende a devolver una visión del país como paraíso terrenal arraigado en escenas inmutables de un pasado insuperable, devolviéndonos así a la crítica de Fanon al modelo ideológico de oposición entre una cultura sometida, pegada en un pasado de tradiciones, y una cultura de dominación, con una cultura integradora en perpetuo proceso. Al contrario, si bien asume los detalles del género, la obra de Vogl integra siempre datos del hoy en su pintura: en un cuadro, el niño guiando la carreta de bueyes lleva una gorra roja, en otro, la casita lleva un afiche sandinista, mientras afuera los niños juegan béisbol, en otra una venta de artesanía (que, de alguna forma, es una mise en miroir de la obra misma de la autora) lleva en su pared dos indicaciones contradictorias: un rótulo medio caído de Coca Cola y un graffiti “Unidad... frente a la agresión”, otra obra todavía presenta enamorados en el campo que, en el atardecer, las gallinas ya dormidas y lo niños todavía jugando, se cuentan piropos al amparo de los altos árboles. El enamoramiento gratuito del nicaragüense bajo el árbol (también reminiscencia del medieval y simbólico árbol verde de mayo) es un motivo recurrente en la obra de Vogl, detalle etnográfico concreto puesto a manera de señal y juego de connivencia con el espectador en medio de escenas panorámicas, típicas del primitivismo, éste proponiéndose a menudo, conforme una tradición derivada a su vez de las artes menores (miniatura, tapicería) medievales (tradición que, dicho de paso, se encuentra también en China en la misma época, y, probablemente, también, en Europa, proviene de un nuevo etnocentrismo nacido del encuentro con otras civilizaciones y continentes, en intercambios comerciales y/o bélicos), describir cartográficamente los lugares y actos de la vida cotidiana del pueblo, integrado en su quehacer vario. Mientras cierta obra representa minifaldas, otra muestra el basurero de hierro cilíndrico recuperado pegado a la casita donde los dueños lo usan. La visión sobre la pobreza y el socialismo del arte de Vogl se expresa en los detalles de las ruedas reparadas de las dos versiones de la carreta con el niño de gorra, o la camiseta remendada en tres lugares del niño dándole un beso a su madre.
A como, probablemente, la utilización en Cajas y Tesoros de Morales, remite al encuentro de dos mundos, y el intercambio de espejos para oro, y, en el mismo Morales, la figura cíclica de la espiral, asociada con la noción de escritura de la historia, expresa el carácter no sólo historiográfico de la obra de Morales, sino también discursivo de la historia en sí, la obra de Vogl permite entonces describir el primitivismo como una visión moral, estetizante, etnográfica, discursiva e historicista, de lo nacional, inscrita en la continuación de las artes menores, dentro de una tradición proveniente en el mundo occidental de la baja edad media, de una representación del mundo para nobles, señores y viajantes. Dato que confirma el público comprador del arte primitivista hoy.