Nuevo Amanecer

Claribel Alegría: "Con los niños aprendemos a sentir y disfrutar las palabras"


Una plática de pleno amor es lo que comparten todos los miércoles en el hospital La Mascota, un grupo de poetas mayores unidos por la pasión de poesía, para enseñarla, y compartirla con niños enfermos de cáncer. Son voluntarios de la palabra. Humildes servidores de la belleza, que intentan no quedarse con esa expresión mágica, y han decidido brindar todo el conocimiento que han aprendido a lo largo de años de dedicación y fantasía a estos angelitos escogidos por la fe prendida de sus vidas, para fortalecerse en sus dolores y romper todo el tedio de su enfermedad con la compañía fraterna de la poesía. Entre ese grupo de amables artistas de la palabra que integran el poeta y sacerdote Ernesto Cardenal y el poeta y novelista Fernando Silva, está la poeta Claribel Alegría, con su bondad y cariño compartido con el amor animando a los infantes y guiándoles.
Con Claribel conversamos para conocer cómo ha sido esa experiencia hermosa de descubrir y amar la palabra con niños, que en poco tiempo de integrados a los talleres de poesía han alcanzado con talento el oficio del gozo y la alegría de sentirse útiles, pese a las dificultades de salud que afrontan en sus vidas.
Esta gentil conversación tiene como testigo y cómplice amable las limonarias del patio de la poeta y su encanto por la vida profundamente dedicada a trabajar la poesía, el género más antiguo de la humanidad.
¿Cómo le explica a los niños qué es poesía?
Nosotros, tanto Ernesto como yo, Fernando y los poetas invitados al taller, tratamos de decirle a los niños que no le tengan miedo a la poesía. Los invitamos a compartir y a sentir, que la poesía es una maravillosa señora, una maga buena. Les decimos que somos sus guías, para descubrir la ilusión de su belleza y recibirla con gozo y afecto todos los días de sus vidas. Y así como ellos, a veces, toman sus lápices de colores, para hacer un dibujo, para hacer una casita o un lago, o lo que a ellos se les antoje, también pueden hacer uso de las palabras, que son como los colores. Les decimos que las palabras son fáciles, entretenidas, dóciles, y que digan lo que tienen adentro. Que sean sinceros. Y se pregunten: ¿De qué color es Managua? ¿Cómo describir la ternura del color de Estelí? Nos interesa que los niños inventen cosas, así mismo que escriban sus pensamientos como quieran, pero que sientan esa pasión por trasladar en palabras lo que está en su corazón.
Claribel, ¿qué color es la poesía?
¡Qué bonito lo que me dices! Para mí es azul. Con varias tonalidades de azules. Pero, puede haber también poesía roja. No sé. Cuando me lo preguntaste pensé en azul, porque es mi color preferido.
¿Cómo orientarlos a escribir un poema?
Guiarlos con tono natural, nada forzado, haciendo un ejercicio de imaginación, para que describan cómo es su casa. Otro ejemplo, empezar un poema... “yo quisiera ser”... y así con la fantasía del niño escribir... “yo quisiera ser un gato... yo quisiera ser un pajarito...” y así empiezan a aflorar cosas bellísimas y muy sensibles. Los niños están contentos y nosotros también por sus progresos con la escritura.
¿Por qué la poesía?
El hombre desde que empezó a hablar y emitir sonidos, está haciendo poesía. Es el género más antiguo de la humanidad. La poesía tiene una fuerza comunicativa enorme. Siempre estamos haciendo poesía en cualquier circunstancia en la alegría y en la tristeza.
¿De qué manera estimulan a los niños, para que entre todos descubran los secretos de las palabras?
Una primera muestra para descubrir el valor de las palabras se lo presentamos con la lectura de poemas breves, para que los disfruten y no se cansen. Leemos a poetas como Emily Dickinson, Pablo Neruda, Rubén Darío, William Carlos Williams y los nuestros. Después de la lectura, les decimos que escriban todo lo que imaginen y que lo hagan en completa libertad, sin temor y con muchos deseos de comunicar. Los niños tienen un gran poder de captación y han mostrado mucha habilidad y gracia al escribir sus poemas. Son como todos los niños inteligentes y con deseos de aprender.
¿Cuál es el método de apoyo que utilizan?
Cada cosa que hacemos la realizamos con naturalidad. Todo es una práctica sencilla y compartimos la enseñanza leyendo en voz alta los poemas de los niños que no saben leer. Otra disposición es que uno a uno lean sus creaciones y si lo desean que comenten lo que más les gustó. Luego la asistente de Ernesto, Luz Marina Acosta, se lleva los poemas para guardarlos en el archivo y seleccionar los poemas mejores y leerlos en la próxima sesión. Y es cuando se produce en el grupo de poetas infantiles escenas maravillosas al observar cómo se les iluminan sus caritas por el gozo de haber sido escogidos sus poemas.
Contemplar la alegría de estos niños y compartirla es realmente un acto hermoso.
¿Cómo les orientan a compartir experiencias y conocer cosas necesarias del oficio?
Lo esencial que compartimos con los niños es que aprendamos a sentir y disfrutar las palabras. Que nuestro oficio es deleite por el buen uso y la satisfacción que se produce al escribir buenos poemas.
Les enseñamos algunos truquitos como: no digas “es como”, sino que “es eso”, ejemplo: “esta flor es como una campana”, no. Escribir: “la flor es campana”, porque en esencia es. Cositas así y muy breves.
¿En el taller les enseñan a los niños a conocer las rimas, las adivinanzas?
A los niños no les exigimos nada. Lo más importante es que lo que digan sea poesía. Que su escritura se haga de manera libre. No utilizamos rimas.
¿Los niños talleristas se muestran felices por la enseñanza de la poesía?
Los niños están felices y nosotros también. El aporte del taller de poesía les sirve para desahogarse de las ataduras de la enfermedad que padecen y cada vez observamos más cosas y mejores encuentros más participativos y hermosos. Esa felicidad se comparte y se disfruta cuando los niños escriben poemas lindos a sus animalitos preferidos como las tortuguitas, los gatitos o que una niña escriba sobre la nostalgia de su región caribeña. A mí se me salen las lágrimas y me anima a compartir con ellos sus pensamientos y sus anhelos.
¿Cómo intuyen ellos el brote de la poesía?
Los niños intuyen y la poesía se les acerca. Con la práctica se convierten en amigos de la poesía. Jugamos a llamar a la imaginación y lo que surge es poesía, ese espacio grato que nos va a servir toda la vida.
¿Los padres de los niños asisten a las sesiones del taller de poesía?
Entre los niños y sus padres compartimos una gran fraternidad. Los padres nos demuestran sentimientos de confianza y amistad. Están al lado de sus hijos, principalmente las mujeres.
Todos somos amigos de la poesía y ese sentimiento se profundiza con lindos resultados en la creación de sus poemas.
¿Los niños captan que la práctica de la poesía les ayuda como apoyo moral y emocional en su enfermedad?
Los niños reconocen que la escritura de poesía es de gran apoyo moral y emocional, porque la práctica les sirve para desahogarse y hasta olvidarse por un momento de la enfermedad.
En el taller hay una niña que está fascinada con el poema de Rubén Darío, “A Margarita”, pese a que es extenso. Cuando nos reunimos los miércoles, los niños nos saludan preguntándonos: ¿Y ahora qué poemas nos traen? En los talleres no imponemos disciplina estricta. Los realizamos jugando con las palabras. Y que los niños escriban libremente sobre el tema que quieran.
En el taller, asisten dos hermanitos, que son espléndidos. La niña se llama Guadalupe, es de rostro afiladito, muy dulce y muy aplicadita, que me dice que ella es poeta. Su hermanito es muy activo y con gran deseo de surgir como una promesa de la poesía.
¿Cómo surgió el taller de poesía?, ¿de quién fue la idea?
El taller de poesía surgió hace tres meses y con la asistencia permanente de los poetas que participamos los miércoles a las cuatro de la tarde. Ernesto es el fundador y quien retomó la idea que le propuso un médico italiano para utilizar la poesía como terapia para niños enfermos de cáncer. Cuando el poeta Cardenal nos la propuso nosotros nos entusiasmos y decidimos participar como voluntarios y la experiencia ha sido gratificante y muy provechosa, porque en vez de enseñar, estamos aprendiendo. Somos guías que gozamos haciendo nuestro trabajo en beneficio de niños que tienen una gran fuerza interior, que saben que pueden morir, y que sobrepasan el dolor que produce la quimioterapia escribiendo poesía.
¿Qué le han dado estos niños?
Estos niños me dan felicidad y mucho amor. Yo estoy muy entusiasmada. Estoy aprendiendo de ellos. De su fe ante la vida. De la ternura de sus sentimientos. Es una bella experiencia compartir con estos niños estos talleres de poesía.
¿Anteriormente había enseñado en talleres de poesía para niños?
Yo había realizado talleres de poesía, para adultos y para poetas, pero con niños es mi primera experiencia y la estoy disfrutando.
En estos talleres estamos aprendiendo que la poesía es un juego, no un asunto intrincado, difícil, que nos sirve para distraernos. Para encontrar vocación, porque en los niños existe talento.
¿Dónde está ese gran taller de la poesía?
Todos somos poetas desde niños, pero cuando llegamos a la madurez, nos apena sentir asombro, nos da vergüenza decir que nos gusta una puesta de sol, o disfrutar unas lindas limonarias. Olvidamos que si se pierde el asombro, se pierde la poesía.
¿Se sigue asombrando?
Todo el tiempo.