Nuevo Amanecer

Escritoras con piel de mujer


Hasta el siglo XIX, las mujeres escritoras y novelistas no pasaban de ser la excepción. Sin embargo, desde el siglo XX han dejado escuchar su voz. América Latina no se ha quedado atrás y cada vez es más grande el boom de mujeres escritoras que han llegado a ser verdaderas best seller, como la chilena Isabel Allende con su realismo mágico y las sagas históricas de la mexicana Ángeles Mastreta. Ellas han inaugurado un mundo de míticas geografías corporales de erotismo febril, de diosas primordiales, donde muchas veces más que la calidad ha primado la posición de género y a la vez se ha vuelto un verdadero festival de ventas. Pero también hay figuras más pausadas e inquisidoras, como la colombiana Laura Restrepo, quien alterna con la escritura socarrona de la venezolana Mónica Montañes y el idealismo mágico de Ángela Becerra. Conclusión: no hay escuelas, pero sí una exuberante producción de plumas femeninas. En esta edición conversamos con cuatro de ellas, mujeres formadas, profesionales, intelectuales, de claras posiciones políticas, que nos hablan de sus últimos libros y de sus impresiones acerca de la escritura de mujeres.
Gioconda Belli
Juana la Loca es la metáfora con la que esta escritora nicaragüense revisita los temas que la han constituido como persona, feminista, política y escritora, en su novela El pergamino de la seducción. Una mezcla explosiva que Gioconda Belli conduce con la fluidez del agua, en una novela sobre la desgraciada reina española del siglo XVI, en la que hay fuentes serenas, meandros con los remolinos de la pasión y las intrigas cortesanas, y lagos empozados como la tristeza de una vida que no pudo ser: “Juana fue una mujer que por su pasión, su sensualidad, su carnalidad, su belleza, fue castigada socialmente”. Y en la que logra una obra mucho más acabada que la poesía erótica, a veces romántica y muchas veces política por la que se ha hecho conocer.
Belli siempre ha dado de que hablar. Cuando era una joven de 20 años, perteneciente a una de las familias más acaudaladas de Nicaragua, escandalizó con sus fuertes poemas eróticos. Pero su trasgresión continuó: “A través de la poesía, llegué a la revolución sandinista. Me di cuenta que uno no se libera sólo individualmente”. Después del triunfo sandinista ocupó varios cargos públicos hasta que se rindió a su otra pasión: la literatura.
Hoy pasa la mitad de la vida montada en los aviones que le permiten conciliar dos universos. Una parte del año está en Los Ángeles, donde vive con su esposo, su hija, muchos silencios y la oportunidad de concentrarse en la escritura. La otra parte del año la pasa en Managua, arrojada a la vida pública. “Soy francotiradora, estoy vinculada a toda la vida del país. El intelectual en Nicaragua, y en toda América Latina, tiene una función más allá de la mera creación literaria”. No tiene pudor alguno en afirmar que su escritura es definitivamente feminista, porque piensa que “todavía estamos deconstruyendo una imagen femenina con la que no estamos de acuerdo y que nos ha perseguido a través del tiempo”.
Piedad Bonett
Es una mujer muy pequeña. Concentrada. No ha hecho de su vida una leyenda, sino que se presenta como una discreta profesional de las letras, una profesora universitaria, sin tras escenas. En silencio, escribe con un cuchillo afilado que deja sobre la superficie pocos cortes, pero cada uno de ellos absolutamente profundos. “Mis poemas cuajan en un primer verso que me da la música. Después viene la libertad asociativa y entonces llega el trabajo de deshacerse de las necedades. Aquí el secreto es no tener demasiado amor por uno mismo”.
No parece estar preocupada por dejar sentadas posturas de géneros ni declaraciones políticas. Pero aunque Bonett escribe desde lo profundo de su conciencia, con una limpieza quirúrgica, con un cuidado artesanal, con una profundidad religiosa, tiene un gran apetito de realidad: “Soy una intelectual a la que nada del mundo le puede ser ajeno”. Esta voracidad y exacerbada sensibilidad indudablemente tiene el filtro de su cuerpo y conciencia de mujer, pero éstas no son obsesiones ni limitantes.
Los ecos del mundo, del difícil momento de su país, reverberan en cada una de sus perfectas estructuras. “A mí me pegan muy duro las escenas en la calle, las noticias, o a veces son cosas más íntimas: la historia de un soldado enloquecido que mata a sus compañeros...” El deseo de abrirse a otros temas la ha llevado de la poesía a la novela. “¿Por qué restringirme al terreno de la poesía que sólo me permite abordar la realidad de una manera?” de esta inquietud ha salido recientemente su tercera novela Para otros es el cielo, en la que asume el reto de encarnarse en un hombre, un intelectual que descubre que en el mundo actual el pensamiento no es una necesidad y termina acorralado en el rincón de un circo, como un incómodo animal de feria que de moverse mucho rompería toda la cristalería.
Bonett, sin embargo, no tiene miedo de romperla, sino que lo hace con su estilo mesurado, despojado, pero profundamente lírico, con el que recrea el difícil paso del hombre (y por supuesto de la mujer) sobre la Tierra en una obra original y limpia. Recientemente Icono Editores publicó un trabajo singular de Bonett –El mundo según García Márquez-- en un intento por penetrar en el pensamiento del nobel colombiano.
Graciela Montes y Ema Wolf
Este par de escritoras argentinas, aunque han tenido carreras muy prolíficas y exitosas individualmente, este año no hay más remedio que considerarlas en pareja, como un matrimonio muy bien avenido que se ha ganado uno de los galardones más prestigiosos de la lengua castellana: el Premio Alfaguara de Novela 2005 por su novela El turno del escriba.
Esta obra, que ganó entre otras 649 concursantes de España y Latinoamérica y se ha editado en 19 países hispanohablantes, va tras las huellas del infatigable viajero Marco Polo, aunque desde una perspectiva diferente: la del amanuense pisano con quien Marco Polo se encontró en una cárcel, que fue quien escribió finalmente su historia: “Había demasiado material sobre Marco Polo. No podíamos volver a hacer lo mismo, entonces pusimos el foco en lo oscuro de la historia. Por eso se trata del turno del escriba, del que no trascendió y al que nadie recuerda, pero por quien existe la leyenda”. La elección para este relato de Marco Polo, típico personaje de aventuras, tiene que ver con la carrera de estas dos escritoras, pues ambas tienen trayectorias en la escritura juvenil, en obras que circulan en todo el ámbito hispano, y que les confiere cierta “frescura, despreocupación, desfachatez en la escritura”. Mas éste no es el género exclusivo en que han incursionado: han sido traductoras, editoras, ensayistas, periodistas. Como activistas, intelectuales comprometidas y columnistas de opinión, nunca han dejado que sus ficciones se vean limitadas por sus posiciones políticas, existenciales o de género. Los discursos feministas las tienen sin cuidado. Nunca lo han considerado parte integral de sus ficciones. Según Wolf: “La posición feminista en la literatura no me parece útil, no me interesa, concretamente no me sirve”. A las exacerbaciones femeninas, a sus manierismos, oponen una escritura orgánica, documentada, el deleite de desarrollar un personaje, de hacer transcurrir una historia, de recrear minuciosamente una atmósfera, de navegar en la mareas de la historia, de poner a andar un sueño, tenga el género que tenga.