Nuevo Amanecer

Sobre congresos y regresos


Del 3 al 7 de octubre del corriente año se desarrolló en la siempre cálida ciudad de Panamá, el Congreso de Escritoras y Escritores de Centroamérica, convocado por la Asociación de Escritores de Panamá con el apoyo de la Universidad Tecnológica de Panamá y una treintena de patrocinadores entre los que destacan la Alcaldía de Panamá, cuatro bancos, dos editoriales, un hotel, una línea aérea, un cooperativa, personas particulares y algunos medios de comunicación. Realmente un esfuerzo organizacional de gran altura liderado por los escritores Enrique Jaramillo Levi y José Luis Rodríguez Pitti.
Fueron cuatro días de literatura, apretados, casi saturados, entre ponencias, recitales y presentaciones de libros: poesía, cuento, novela, ensayo y casi nada de teatro. No obstante fue notoria la ausencia de público sobre todo de estudiantes, cosa rara siendo que la Universidad Tecnológica era una de las instituciones convocantes. Ello redundó por supuesto en la escasa venta de las publicaciones que habíamos llevado los escritores a dicho encuentro regional. En corrillos se especulaba que el poco público asistente se pudo deber al cover de US$10, y por la sede que era en Coacecss, un auditórium no muy accesible. Otras ausencias notorias en las actividades del Congreso fueron algunos escritores panameños como Pablo Menacho, Consuelo Thomas y Berta Alicia Peralta.
No obstante, fue interesante la interacción entre jóvenes literatos casi novicios con escribidores reconocidos de ligas mayores, todos provenientes de los seis países participantes: entre los primeros menciono al nicaragüense Francisco Ruiz Udiel, al hondureño Alberto Destephen, al panameño Javier Alvarado y al salvadoreño Carlos Soriano; y entre los segundos a Julio Escoto, Vidaluz Meneses, Mario Roberto Morales, Luis Rocha, Magda Zavala y Helen Umaña, sin dejar de mencionar la participación estelar de Sergio Ramírez, quien estuvo ahí para presentar su nueva novela “Mil y Una Muertes”.
Uno de los objetivos de aquel conclave era propiciar la creación de una federación con escritores de la región. Al respecto, los panameños tenían la propuesta de conformar una Fundación, pero luego de reflexiones y cabildeos se llegó a la conclusión de ir mejor por la Federación cuyo posible bautismo quedó proyectado para mayo de 2006 en Honduras. Por tal motivo se crearon comisiones nacionales que tendrán por encargo consultar con escritoras y escritores de los respectivos países, cuyos insumos servirán para redactar el proyecto de constitución.
Se trata entonces de darle pita una vez más al viejo sueño de organizar a los literatos del área, un gremio difícil sobre todo en El Salvador, donde todos y todas son genios y genias o por lo menos pretenden serlo.
Personalmente lo que más disfruté en este Congreso de plumíferos, fueron las veladas de cabildeos, tertulias, licor, chistes y asuntos del oficio que se organizaban por la noche en habitaciones o en la terraza del hotel donde nos habían hospedado.
La última noche que estuve en Panamá (jueves 6 de octubre), Marcel Douglas, hijo de mi amigo el actor salvadoreño Norman Douglas (quien tiene 27 años de residir en Panamá), me invitó a tomarnos unos whiskies en un bar donde una banda llamada Ruleta interpretaba música de Rolling Stones, Stephen Wolf y The Cream, a manera de contrastar aquella intensa jornada literaria con la melancolía del clásico rock inglés.
El viernes 7 de octubre temprano en la mañana hubo un paseo por el canal y en la noche una recepción ofrecida por la Universidad Tecnológica, actividades en las que ya no pude participar por haber tenido que retornar a mi país, sobre lo cual quiero reseñar la siguiente situación. Por razones económicas esta vez viajé a Panamá por tierra: cuarenta agotadoras horas de viaje, de verdadera vocación para glúteos y espinas dorsales, cuyo linimento en cierta medida es la lectura que te ayuda a soportar el isócrono ruido del bus, sobre todo al llover como ha estado lloviendo en los últimos días. Pero cuando venía de regreso las autoridades migratorias de Costa Rica, haciendo alarde de una prepotencia casi comparable con el gorilismo de la migra gringa, retuvo el viaje más tiempo de la cuenta debido a los exhaustivos registros con perros y detectores en la búsqueda de droga, pero lo más surrealista fue cuando a la hora de revisar las maletas me requisaron nueve bolsitas de incienso que había comprado en Panamá pensando en los recuerdos que uno trae para los amigos. Luego del fastidio en dicha frontera como a la una de la mañana nos volvieron a detener para revisar de nuevo las maletas, todo lo cual ocasionó que perdiéramos el trasbordo de las 3 AM en San José, ya que por el atraso el bus llegó dos horas más tarde.
Por lo tanto, resignado, tuve que quedarme todo el sábado en San José, lo cual me obligó a ser testigo de la algarabía nacional que se armó en la ciudad por la noche, debido al triunfo de la selección de fútbol de Costa Rica contra la de Estados Unidos, que concede por tercera vez al país centroamericano el pase de participación en el Mundial del próximo año. Por cierto, el fútbol es también tema para literatos y para muestra allí están el uruguayo Eduardo Galeano, el salvadoreño Hildebrando Juárez, el nica Sergio Ramírez y ya por último el hondureño Galel Cárdenas, quien de la misma manera hubo de participar en el Congreso que aquí reseño.
Ahora sólo resta esperar que los propósitos de esta reunión en Panamá rindan sus frutos, ojalá en Honduras la idea vaya mejor cuajada y que las debilidades de este Congreso recién concluido se conviertan en fortalezas en función de la palabra, nuestra palabra ¡Abur!
San Salvador, 10 de octubre de 2005.