Nuevo Amanecer

Patria insobornable


Patria, plena, firme, sustancial. Verbo que llena las arterias. Diamante que fulge en las entrañas como un sol vivo, tenaz y silencioso. Íntegra luz que alumbra la inocencia, la culpa y los deberes.
Fronda del amor total. Primero y último abrazo. Sendero y selva que no fenecen. Orgullo del vástago primigenio.
En ti, Patria, nace y crece la historia, pedernal insobornable. Espada siempre deshojada nunca marchita.
En este camino, este valle, aquel peñón, en la llanura que los ojos devoran, allí pisaron con bota y pie desnudo, los arcanos.
Yo soy la extensión de tu nombre, en mi ser la huella de un patriota se petrifica. La palabra del benemérito se convierte en mármol. La herida del sacrificado se vuelve fuente del dolor. La bandera desplegada es antorcha permanente.
Nada en mí puede ser más cierto que tu esplendidez, más verdadero que la flor nacida en tu vasto y fragante jardín, más fresco que el agua donde bañaron los abuelos en el confín de un río que torna siempre a un mismo sitio.
Nadie puede sustituir tu beso ni tu rostro, ese corazón que es diáspora y brasa en la vena infinita; por que en tus labios la comunión de los pájaros, de los riscos, de los niños, de los frutos se vuelve arcilla tierna, sabiduría inagotable, ofrenda temblorosa.
Que nadie ose levantar su puño contra el pedestal que eleva tu virginidad vital. Caiga sobre tus traidores el filo que haga rodar cabeza, alma, lengua y pecado tenebroso.
Ni con el roce de la luz te ofendan el hijo pródigo, el maldito o la rosa fementida del extraño.
* Escritor y poeta hondureño