Nuevo Amanecer

Don Christophe Colomb


La figura de COLÓN, colocando su imagen en el cuadro de la historia, debería verse significando más que la hazaña enorme de un hombre, el resultado de una concepción humanística del universo, determinada por la fuerza del Renacimiento.
Ese destino que cumple Cristóbal Colón con sus propias manos, en el hecho del descubrimiento de América como un Mundo Nuevo, no fue otra cosa más que el resultado cumplido de todos los valores encarnados en el Renacimiento.
Como si quisiera decirse que no hay ni héroe ni virtud casual. Nada. Todo es consecuencia del Renacimiento, y que, acaso, se pudiera poner como un fenómeno evolutico bio-social universal.
Que la persona que llevó a cabo la empresa del descubrimiento de América haya sido Cristóbal Colón: ese es el caso; y no hay duda de eso. Lo que pueda conjeturarse en seguida, tendrá siempre el valor que se le pueda dar. Quizás anecdótico, que en nada menoscaba el conjunto del valor de ser de ese hecho histórico, el más importante del mundo.
Claro que tampoco estaría bien seguir con el ya repasado asunto de tener a un Cristóbal Colón incomodado todavía dentro de las interminables conjeturas. No; a ningún valor práctico nos conduce. En todo caso, dejando primero tranquilo a don Cristóbal con todo lo que hizo, se puede divagar un poco, como decía antes, a propósito de la fecha del 12 de octubre, poniendo en letra chica de periódico, algunos razonamientos más o menos oficiosos; sin que se les dé otro margen más que el de simples adosados gratuitos, que se juegan.
Empezando por puntos convenientes, decimos que:
-CRISTÓBAL COLÓN, en la fecha del descubrimiento (1492), su edad era de 47 años (había nacido en 1445).
Uno de los hombres más cultos de su época: marinero de profesión, políglota, geógrafo, cartógrafo, político, navegante toda su vida, que se cuenta en su haber, que hasta sufrió un naufragio en uno de sus viajes por el mar Mediterráneo.
Jean-Paul Duvois en l’Amerique espagnole vue et réve (Promovis, 1968) habla de la parte de sueño y de mentira, que tuvo el descubrimiento de América. Cita: Geographie de Ptolémée/ l’Imago Mundi du cardinal Pierre d’Ailly, La description du monde de Marco Polo, son los libros de cabecera “del amiralde de la mer Océane”,- “que le da a la “cosmovisión” de Colón una dimensión histórica que hace la arqueología del asiento inconsciente de su intuición”.
No hay duda que Colón tenía exacto conocimiento del lugar adonde se dirigía. Eso “de lo fantástico” de hallar el camino de las Indias; arribar por detrás a los reinos del Grand Khan. Todo eso fue imaginación para la exportación. El plan de Colón estaba trazado con base al resultado de sus acabados estudios.
Hay que estar claros que la mente de ese tiempo flotaba en la extravagancia; aunque si se ve de cerca, la geografía de ese viaje fantástico, está comprendida dentro de otras razones.
Los criterios han cambiado. Se dice que todo se mira a través de un espejo distinto.
Los otros viajes de Colón son, entonces, animados ya no como consecuencia natural del seguimiento de su empresa, sino que se hacen dentro de una nueva ambición material y conceptual: la visión a través de ese espejo adonde aparece la imagen de nosotros, en ese tiempo, invertida. Esa es “La historia de la incomprensión”. No hay una composición de acciones determinadas y heroicas que sucedieron con sus resultados, porque dado en el cuadro de ese mundo en ebullición, de lo que se trató fue de una “combinación”.
Hacía ya varios años que COLÓN venía exponiendo todas sus razones, que además, esos datos dados por Colón no fueron nunca rebatidos ni desvirtuados dentro de un campo científico de veras, sino que se iban marginando a causa de lo que la Iglesia Católica no acababa de acomodar dentro de sus principios de “fe”; pero la expulsión de los árabes, que le representaba un problema muy complejo a la España católica, con los miramientos difíciles que se venían encima, de judíos conversos, además de los “árabes criollos españoles”; todo el gentillal de hijos de árabes nacidos en España… ¡al fin españoles..!, pero con otra religión; todo esto hizo que el papa Alejandro VI (llamado Rodrigo Borja, de Jativa, Valencia, que cambió por Borgia; y se conoce su vida mundana en Roma, padre de Lucrecia y César Borgia), con extrema habilidad propia de un Papa de esa calaña, tuvo la osada y brillante idea de nombrar a los Reyes, Fernando e Isabel, REYES CATÓLICOS, haciéndolos responsables del futuro devenir de la fe católica. Es claro que ya Alejandro VI, se había contactado con Colón, de quien ya sabía todos sus proyectos y que el Papa tenía suficiente conocimiento por el respaldado comprobado que tenía, dado por sus propios cartógrafos y navegantes. Además de la gestión del general de la Santa Inquisición, fray Diego de Deza, quien era protector de Colón y el fraile Antonio Marchena, confesor de Isabel, con quien Colón conversó en la Rábida y que por instrucción también del papa Alejandro VI, convenció a la Reyna sobre los propósitos de Colón.
La reyna Isabel, la Católica, quien era la que tenía las riendas del poder se entrevistó con el Papa. La reyna Isabel le confesó que no tenía su reinado el dinero necesario para financiar el viaje de Colón, a lo que el hábil Alejandro VI, le contestó: “Pues venda sus prendas, sus joyas” (lo más valioso de las reservas personales del tesoro de los Reyes de España)- a lo que la reyna Isabel, le dijo entonces: “¿Y a quién?”. El Papa, le respondió: “¡Pues a mí..!”
De todo eso resulta que, con toda puntualidad, como a las 10 a.m, del día viernes 12 de octubre de 1492, se oyó en todo el mundo el grito de
¡ t i e r r a…!
(MG/6/oct/05