Nuevo Amanecer

Centroamérica: ovejas negras con ovejas blancas

Únanse, brillen, secúndense tantos vigores dispersos; formen todo un solo haz de energía ecuménica. RUBÉN DARÍO (“Salutación del optimista”)

No es tan verdad que los sueños tan solo sueños sean. Por algo se comienza y por lo general se comienza por soñar y aún cuando algunos buenos sueños no lleguen a ser una realidad permanente, sino la más de las veces transitoria e incluso fugaz, lo importante es que contagien para que otros sueñen igual y entre tantos sueños podamos hacer una sola realidad. En el caso de soñar con una FEDERACIÓN DE ESCRITORAS Y ESCRITORES DE CENTROAMÉRICA, es imprescindible unirnos en ese sueño uniendo nuestros sueños. Es como unir todos nuestros vigores dispersos.
Hace ya casi treinta años, entre 1976 y 1978, un grupo de escritores soñamos con un medio de comunicación cultural que uniera los vigores dispersos de una Centroamérica que, en ese entonces, para muchísimos tan solo llegaba por el sur a Costa Rica, y que para nosotros hacía mucho tiempo incluía Panamá. Fue así que nació, gracias al decidido apoyo que en Nicaragua dio al proyecto Xavier Chamorro Cardenal (1), LA PRENSA LITERARIA CENTROAMERICANA, con corresponsales en cada uno de los seis países y con un Consejo Editorial verdaderamente ecuménico, es decir centroamericano y centroamericanista y con lo mejor y más beligerante de la intelectualidad de aquel entonces como colaboradores. Aquello fue algo como la verdadera Federación de Repúblicas Centroamericanas en la cultura; la mitad del sueño de Morazán y de Darío. La otra mitad quizás sea, el día de hoy, la creación de esta FEDERACIÓN DE ESCRITORAS Y ESCRITORES DE CENTROAMÉRICA, que es hora impostergable e inexcusable que incluya a Belice.
No es, desde luego, LA PRENSA LITERARIA CENTROAMERICANA el único antecedente de lo que hoy nos proponemos. Cuando existía la de México se pensó en la Comunidad de Escritores Centroamericanos, unida a la Comunidad de Escritores Latinoamericanos de allá, y fugaces sueños de publicaciones anteriores a la que menciono, que le dieron sentido a la también fugaz, pero aleccionadora existencia de la nuestra. Y así, poco a poco, tantos sueños nos traen al día de hoy, quizás para que despertemos a un sueño mayor que entre todos podamos hacer realidad.
Ante este nuevo reto bien vale la pena morir soñando, es decir vivir para darle forma real y precisa a este sueño que recoge tantos vigores dispersos. Ojalá que este conjuro dariano resulte y que todos podamos ser espíritus fraternos, luminosas almas, precisamente porque hemos reconocido nuestro momento, el momento de todos los centroamericanos que a través de nuestra cultura, unida, rescatada de tanta alineación y deformación, proclamamos nuestra identidad de escritores como la expresión de un istmo soberano de siete velas, entonando, como dice Rubén, nuevos himnos, lenguas de gloria.
Debemos de establecer, partiendo de nuestras multiétnicas y multifacéticas raíces, nuestro propósito de romper la incomunicación y el aislamiento de nuestro quehacer literario y artístico, por medio, al menos al comienzo, de una publicación de nuestra Federación, y a la vez de una mayor coordinación con todos los escritores de Centroamérica, de parte de quienes tenemos responsabilidad o acceso a suplementos culturales y revistas ya existentes en nuestros respectivos países.
No sé quién en sus sueños ha intentado diferenciar los colores de las ovejas que ha contado para dormirse. Debe de ser un trabajo digno de Tito Monterroso distinguir una negra de una blanca mientras saltan la valla, y a la vez tratar de conciliar el sueño. Yo pienso que Tito Monterroso sí habría podido dormirse, hasta con el profundo sueño de un buen dinosaurio, no así los Estados Unidos, que siguen teniendo pesadillas dignas de un mal dinosaurio cuando se empecinan en convertir sueños democráticos en pesadillas, e irnos catalogando a los centroamericanos (latinoamericanos, o si se quiere afroamericanos o caribeños o indígenas puros del Quiché, de Subtiava o Monimbó) en ovejas negras u ovejas blancas, y eso si les ha pasado el capricho mimético de incluir el calificativo de ovejas rojas.
Las ovejas rojas fueron la pesadilla americana de muchos trasnochados. En el nombre de esa pesadilla, y de lo que podía suponer de democrático, se exterminaron razas, pueblos y sueños. En el nombre de esa pesadilla todavía hay quienes no quieren dejar conciliar un sueño unitario, integracionista, a la gran mayoría de los centroamericanos. Pero los sueños parecen ir imponiéndose al menos en nuestros propios pueblos: vemos de la noche surgir la utopía sobre cadáveres, sobre guerras que queremos pertenezcan de una vez por todas al pasado. Sobre la VERDAD de nuestra pesadilla, las pupilas comienzan a abrirse hacia una Centroamérica unida, y no hacia el fogonazo de un tiro.
Necesitamos un cristal prístino de paz, libre de prejuicios, tolerante y justo para mirar a nuestro alrededor. Vistas desde ese cristal no nos escandalizará si las ovejas son blancas o negras; porque ciertamente todo depende del cristal con que se mira: Nos importará más el que unas y otras son centroamericanas, sean centroamericanas y puedan estar orgullosas, blancas o negras según el cristal de cada quien, de ser centroamericanas.
La creación de esta federación no es trabajo fácil, pero la eficacia de algunos intentos pasados, tales como Educa, Csuca, etc. son sumamente alentadores. No cabe duda que el campo cultural, en el que por las razones que sean parecen predominar los escritores, es el más propicio para realizar o iniciar con bases reales esta integración centroamericana, que debiera de partir de la integración nacional de los escritores y artistas de cada país, y consolidarse con una unión de principios centroamericanistas con las diferentes asociaciones de escritores y artistas de los otros países centroamericanos, desde luego bajo el buen arbitrio y estímulo imparcial de esta Federación que ampliaría o podría ampliar desde esa base su influencia al campo editorial, es decir, favorecer la publicación, edición y distribución del libro centroamericano, en base de convenios con todas las editoriales centroamericanas existentes, sin menoscabo de la posible creación de una Editorial Centroamericana.
Pienso que esta Editorial Centroamericana podría estar integrada por un Consejo Editorial en el que estuvieran representadas cada una de las Editoriales existentes en cada país, que tuvieran un fondo editorial de no menos de cien títulos. Enemigo como soy de los requisitos, creo que éste, muy discutible por cierto, sería con el carácter de exigir actualidad, calidad y perseverancia a esa especie de confederación de editoriales que integrarían y fortalecerían con semejante experiencia la Editorial Centroamericana, que lejos de duplicar trabajos fuera así coordinadora de publicaciones –a la vez que haciendo sus propias publicaciones, quizás las más valiosas– co-editora en otros casos, para no hablar de una fundamental distribuidora del libro centroamericano ya no sólo a nivel regional, sino internacional.
Sueño que en esta Editorial cabrían ovejas negras y ovejas blancas. Me refiero a nosotros los humildes autores, y sin otra discriminación que no fuera la calidad. Una editorial que rescate los llamados viejos valores, que contrate a estudiosos en la materia para hacer prólogos y epílogos ubicadores, analizadores de nuestra historia, de nuestra realidad. Ensayos que nos ayuden a comprender nuestro pasado, que nos ubiquen en nuestro presente y nos lancen a la conquista de un futuro de auténtica integración centroamericana, donde sean respetadas todas las etnias, todas las culturas y todas las ansias de libertad y justicia de todos nuestros pueblos y de todas nuestras razas y de todas las mezclas de nuestras razas.
Una editorial, desde luego, que promueva a los nuevos valores, a las nuevas ovejas negras, y a las nuevas ovejas blancas. Una Editorial que podría tener una Colección para corderos, para los novísimos, para los que algunos creen que cuando berrean, berrean sin color alguno.
Digo todo esto porque doy por un hecho la fundación de esta Federación y que si se va a meter en serio a emprender esta gran empresa de la paz a través de la cultura, no puede faltar una publicación centroamericana, inicialmente al menos trimestral, con un Consejo Editorial en el que estén representadas las más importantes Asociaciones o Centros de Escritores de Centroamérica, y si en un país hay dos, pues esas dos o más sin son reales, limando las asperezas o diferencias que pudiere haber.
Propongo lo anterior como producto de una experiencia personal, de la búsqueda de una identidad centroamericana partiendo de una conciencia nacional, no chauvinista, en la que va implícita la consolidación de la independencia y la soberanía de nuestros pueblos, junto con el convencimiento de que solo como latinoamericanos nos podemos salvar, y de que solo como centroamericanos unidos podremos afrontar la hecatombe económica que empobrece a nuestros pueblos, poniendo ante nuestras narices una explosión social que no podremos evadir por ser intelectuales, sino todo lo contrario, ya que la neutralidad en ese campo no existe.
Dentro del espíritu quijotesco de casi todo escritor y de creer en las utopías, un grupo de intelectuales creamos, hace ya 25 años, el NUEVO AMANECER CULTURAL, suplemento semanal de EL NUEVO DIARIO, y lo creamos no únicamente para ser un medio del intelectual nicaragüense, sino para ser la casa de cuanto intelectual del mundo vivió en su momento y vive en Nicaragua, así como para divulgar la cultura universal y rescatar nuestros propios valores. A pocos meses de crear este suplemento, nos propusimos convertirlo al menos una vez cada dos meses, en NUEVO AMANECER CULTURAL CENTROAMERICANO, intento en que hemos fracasado, pero que todos podemos retomar.
Además de ponerles esta publicación a la orden, con los mejores fines de integración centroamericana que nos animan, se la proponemos como otro reto de experiencia colectiva y centroamericana, ya que en cada país podríamos contar con intelectuales que hacen función de “Consejos” o “Corresponsales”, que seleccionen y nos envíen el material que en su oportunidad representará a su país. Esta reunión y difusión de materiales, cada día será más importante, en la medida que los acontecimientos regionales, la crisis económica y la disyuntiva de los esfuerzos que se hacen por la paz, afecten el quehacer del arte y la cultura, y cumplirá así una invaluable función integracionista, ya que a nosotros no nos cabe la menor duda de que el campo cultural, es el único en el que la integración centroamericana es una realidad, pues es ahí donde nuestros intelectuales y artistas hacen una causa común.
Definitivamente creo en las utopías, y sueño con una Centroamérica pacífica y Atlántica, criolla y caribeña, mestiza, mulata y negra, india en muchas indias sin sangre en la tierra ni en la mirada; con samba y mambo; con mariachis y corridos y cantos de ida y vuelta; con el danzón y el songoro cosongo, con valses y lambada, con las mazurcas y polcas norteñas que bajan titiritando de frío en las guitarras, reafirmándose en las marimbas, hasta el corazón y palpitando en la estruendosa batería de ancestros africanos y en el sello inconfundible de la trompeta o el saxo.
La danza, el baile, los océanos en un solo cuerpo, en la cintura cimbreándose en siete partes, tras siete velos en los que se dibuja el istmo, el ombligo de América sobre un vientre terso, una meseta donde reclinar la cabeza mientras vuelven a surgir las caderas volcánicas, los pechos agigantados por el fragor del tambor, y nuevamente los remansos, las quebraditas, la humedad y el bosque virgen, la tierra incógnita en la que pastan muy hermanas: ovejas negras y ovejas blancas.
Managua, agosto de 2005.
(1) Sub-Director del diario La Prensa por esa época, y hoy Director de EL NUEVO DIARIO.