Nuevo Amanecer

Símbolo y representante de la boaqueñidad”1


Creció en un ambiente cultural, no por pequeño falto de calidad y estimulante, que se mantenía en frecuente actividad gracias a la influencia de figuras notables como el padre José Nieborovski, benefactor del pueblo, y a muchas personas entusiastas y de talento.
Jamás ha querido vivir en otra parte que no sea su ciudad original, porque toma para sí aquel verso expresado por Flavio Tijerino: “al fin y al cabo motivo somos de la jeografía”
(La densidad del miedo…). Y la vida entera de Armando Incer Barquero, su proyecto familiar, su creación poética, su quehacer cultural, cívico, su labor magisterial, su profesión de médico y su función social y laboral en la comunidad boaqueña, está signada por la pertenencia y arraigo a una tierra, una tradición local, unas costumbres, unos valores entretejidos bajo el aire silbante y alegre de nuestra meseta.
Este varón que ha conocido muchas ciudades, vive, ama, sueña, labora, desde su propia ciudad. Se ha cultivado leyendo y estudiando a los grandes de la literatura de aquí y de más allá, pero escribe desde joven y firma sus escritos en Boaco. Allí también va recreando a diario la nostalgia y vigencia de nuestra historia departamental y nacional a través de los objetos que ha ido coleccionando en su casa-museo. Creemos, por todo esto, que Armando Incer Barquero es símbolo y representante de la boaqueñidad. Aquí, más explícitas, las razones:
Sus méritos artísticos e intelectuales, como son sus aportes a la literatura nacional a través de la poesía y el teatro, a través de su labor promocional del arte y la cultura. El grupo U es un ejemplo de ese aporte, pues él y Flavio Tijerino, poeta y escritor de similar magisterio y arraigo en Boaco, seguidos por un grupo de jóvenes soñadores y entusiastas, fundaron y desarrollaron en aquellos años dorados de los 50 y 60, un movimiento cultural, artístico y cívico, original y trascendente en la historia de nuestras letras. Toda una revolución provincial que nos cambió el gusto y nos ayudó a ver con nueva mirada la belleza. Hablo de los que entonces cruzábamos la adolescencia. Pero también fue un baño de agua fresca para toda la comunidad boaqueña. Labor integradora, pues la consigna de su Decálogo era “Nadie es el último”.
Sus valores humanos y humanísticos. Además de ser médico, estos valores lo han llevado a contribuir con causas humanitarias y de humanidades. Su conciencia y apego a las raíces lo han convertido en un representante idóneo de la boaqueñidad, identificado con su tierra, sus gentes, con la historia y la cultura de su espacio geográfico. Este arraigo, más que una necesidad física y material, ha sido una decisión, una voluntad de estar, porque para él, “Esta tierra tan dura / es la de promisión” (“Supongo”) y no puede o no quiere dejar la
“Suave penumbra esa / en que nos criamos” (“Aire purísimo”). Y porque allí, en su Boaco, el de todos nosotros, ha recorrido con fe y perseverancia un largo y fructífero camino, dedicado a pensar, a soñar, a cantar y a contar, a moldear, con acción y trabajo permanente, la cultura, la historia de un pueblo, de una región de Nicaragua, de la que es cronista, testigo y también protagonista en sus 74 años de vida bien vivida. Por eso dice en otro de sus poemas, con clara conciencia de su raíz y oficio: “Atado estoy / fiel a mi vocación de pluma y pico” (“Entré en ella y me aclaro”).
Todas estas cualidades y características de su personalidad, este hacer, este caudal de inteligencia, sensibilidad y gusto por las cosas buenas y bellas del mundo, este modo de amar, trasmutado en creatividad estética, en promoción de la cultura, en interés por el rescate de nuestra historia, en conciencia de servicio a la comunidad, en vocación de magisterio hacia los jóvenes, a quienes ha enseñado y promovido durante décadas en el aula y fuera de ella, toda esa sencillez y lucidez de la palabra, afabilidad y capacidad receptiva de inquietudes, de entusiasmos y proyectos a favor del bien común, del avance y la unidad “En espíritu y ansias y lengua”, como soñaba el mayor de nuestros poetas, Rubén Darío, toda esa conjunción de valores y méritos lo ha traído desde sus verdes cerros hasta la planicie de lagos y volcanes. Aquí ha puesto su sello provincial. La Academia Nicaragüense de la Lengua lo ha incorporado en su seno como Miembro Correspondiente desde enero de 2002. En esa ocasión, el Instituto de Cultura Hispánica, en acto conjunto, lo nombró Miembro Honorario.
En su breve y poético Discurso de Ingreso, dejó constancia de su boaqueñidad y puso en alto, con dignidad y conocimiento, la estirpe y herencia de su pueblo de “Encantadores”. Hizo suyas las palabras de un boaqueño emigrante y nostálgico de su origen, Jorge Quant, y tituló su disertación “Yo sólo he tratado de describir mi tierra: Boaco” En ella, subrayó los apartados de su recorrido por los meandros de nuestra historia y cultura regionales con frases emblemáticas de identidad y anhelos: “Boaqueños, Riachuelos, vamos a correr”,
“Boaqueños, Pájaros, vamos a volar”, “Boaqueños, Cascadas, vamos a saltar”, “Boaqueños, Topacios, vamos a brillar” (Revista Lengua, No 26. Managua, Academia Nicaragüense de la Lengua, marzo 2003). Por eso, también debemos ver en el doctor Incer Barquero al Académico de la Lengua que nos representa con dignidad y propiedad.
Hace algunos años, le hice una entrevista. Al iniciar la conversación en su terraza, viendo las imágenes del parque, la iglesia de Santiago y la aguja de crespo filo de su ciprés, en esa noche de verano, con el gozo del aire y la quietud del pueblo natal, me completó los datos generales que yo conocía sobre su persona, con su propia ubicación:
“Nací cuando Boaco era Chontales. Era el gran departamento con todas las cosas bellas que eso significaba. Era el estilo patriarcal de las haciendas, el estilo de vida. He viajado mucho, pero siempre regreso a Boaco. En eso, Boaco se parece a Nueva York. Dicen que los newyorkinos viajan a todas las ciudades, pero siempre vuelven a su ciudad. Y aquí estamos, en Boaco, haciendo el esfuerzo”
En reconocimiento a ese esfuerzo permanente, la comunidad boaqueña residente en Managua lo agasajó en familia (22 de agosto de 2004), porque somos una familia de un pueblo pequeño desparramado entre cerros, donde todos a la postre resultamos parientes.
Encontramos a Armando Incer, médico de muchos años de ejercicio, bajando y subiendo calles para ver a sus enfermos (gracias, Armando, por mis padres, a quienes asististe hasta el final de su tránsito por este valle de flores y cenizas). También animando y curando en el hospital José Nieborovski. Dando consulta en su clínica privada, en su hermosa casa-museo frente al parque, donde reparte sus actividades entre la medicina, la poesía, la recolección y cuidado de las piezas que conforman el museo, el que fue creando, enriqueciendo, con amor y paciencia, desde hace más de 40 años. Cumpliendo las labores de funcionario de gobierno. Fue Alcalde Municipal y organizó con todos los sectores de la población, durante su período, el Centenario de Boaco, famoso por su brillantez cultural. Dirigiendo, participando, en las actividades de la Biblioteca Municipal. Ayudando en tareas y proyectos comunitarios, civilistas, ideando escalinatas de poetas, de artistas, coordinando trabajos de investigación médica, histórica, literaria, folclórica.
Cronista de su época y de otras épocas, desde nuestros antepasados, los indígenas encantadores, pasando por los tres Boacos de los siglos coloniales, repasando la galería de figuras ilustres y benefactoras como el padre José Nieborovski, las maestras de antaño, los Padres del Departamento, los personajes pintorescos, lo extraordinario y lo cotidiano que nos ha ido construyendo. Siempre curioso, nos ayuda a devolver a las cosas su sentido profundo y antiguo, renovándolo para el presente y proyectándolo hacia el futuro.
Armando Incer, escritor de versos y prosas. “La guerra predilecta” (2º premio del concurso “Manolo Cuadra” promovido por la Revista Ventana de la UNAN- León, 1961). Huérfano esquife, Debo la sed, Breve historia de Boaco son algunas obras de su producción. Creatividad sostenida desde los años 50 hasta nuestros días, ha logrado una nota personal, según Jorge Eduardo Arellano, en una “depuración consciente y constante, profundamente emotiva y severa en su expresividad” (Arellano “Recordación del grupo U”, en El “Grupo U” de Boaco: Antología poética y labor teatral. Managua, Academia Nicaragüense de la Lengua, Embajada de España, Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica, 2002). Originalidad de su palabra que se vuelve didáctica y sencilla en sus escritos históricos, con la sencillez del que sabe a fondo.
Armando Incer, Académico de la Lengua, descubriendo a Boaco ante la Academia, trayendo la Academia a Boaco, ayudando a la juventud a reconocer y a gozar las grandes obras de la literatura y de las artes. Esta última vocación la comparte plenamente con su compañero de fundaciones estéticas, culturales y jornadas cívicas, Flavio Tijerino. Y todo con sobriedad, con la sencillez de ese “varón callado y su cigarro”.
El grupo de boaqueños en Managua cumplió con un acto justo al reconocer los méritos y valores de este varón que ha hecho tantas cosas buenas en la apretada agenda de su vida, por lo que ha recibido muchos honores y distinciones. La placa honorífica que le fue otorgada decía en su parte medular:
“... Porque cultivar la belleza y soñar alto ha sido su mayor ocupación”.
Es ese tipo de existencia lo que valoramos quienes viviendo fuera de nuestra tierra original, tenemos el corazón y los recuerdos plantados en lo que nos queda de nuestro pequeño paraíso: Boaco, el de las lluvias, aire fresco y campanas en la tarde.
En su Breve historia de Boaco el doctor Incer concluye:
“Todos hemos nacido para el compromiso”.
“Y este concepto debe transformarse en una realidad para estar contentos no con lo que hicimos, sino con lo que logramos”. Yo creo que Armando puede seguir viviendo contento. Se ha comprometido con la vida, con su profesión, con el arte y la cultura, con su pueblo. Ha hecho, sigue haciendo y va logrando día a día. Ha cumplido con su compromiso.
Armando Incer Barquero, hijo de padres empeñados y esforzados. Familia de intelectuales brillantes, así lo demuestran sus hermanos, entre ellos Jaime, reconocido científico y estudioso, prestigio de Nicaragua. Le deseamos lo mejor: que siga con su poesía, con su trabajo cultural, con la Academia, con el servicio a la comunidad, con su casa-museo, recogiendo nuestra historia, que empiece cada día con su nombre, Carmen, rodeado de hijos y nietos, que sigan allí el parque, la iglesia, la plazoleta del Grupo U, los bailantes de Santiago. Y que vuelvan el aire puro, los ríos caudalosos, los árboles, los pájaros...
Al inicio de este siglo XXI, como el doctor Incer afirmaba en su Historia de Boaco, “el reto es grande y la solución deberá ser una tarea compartida”. Creo que esa es la lección sugerida, la herencia que debemos retomar y enseñar a las nuevas generaciones: Compartir el mundo para mejorarlo. Para que vuelva a ser vida el recuerdo y la nostalgia. Para recobrar el paraíso. Y se cumpla de la mejor manera el anhelo del poeta que augura la continuidad del circuito vital cuando nos dice: “Lo dejo todo / lo heredamos / para que otros sigan disfrutándolo,/ como lo he hecho yo, / mientras pasaba, / varón callado y mi cigarro”. (Heredo lo que dejamos).
1. . Nota: El presente trabajo fue leído por su autora en versión original, a manera de palabras de bienvenida, durante el almuerzo y homenaje ofrecido al doctor Armando Incer Barquero por la comunidad boaqueña residente en Managua el domingo 22 de agosto de 2004 en el Restaurante La Cocina de doña Haydée.