Nuevo Amanecer

CANTO A LA MUJER ESTÉRIL


(1938)

DULCE MARÍA LOYNAZ (La Habana, Cuba 1902-1997)

Hoy, a bordo, viene con nosotros una poeta impresionante. Una cubana de raíz profunda, una obra hecha vida. Nuevamente Cuba emergiendo en poesía. La poesía pura de Dulce María Loynaz.
Su vida y su obra han sido esenciales, tratando de buscar una pureza sin igual que ha resistido los envites de la historia de su país, saliendo no sólo ilesa, sino victoriosa. Dulce María (con ese nombre podría haber sido guerrillera o niña bien, criada en una casa burguesa, mimada y con una educación exquisita). Pues bien, esto último fue. Y al lado de todo ello, un patriotismo traducido en amor y canto hacia su isla encomiable, hasta el punto de ser enterrada arropada por la bandera cubana.
Y ahora viene la contradicción: la Loynaz, respetada y consentida por todos, dictadura y revolución; amada por todos, visitada por todos, elogiada por todos, y al final, sino por todos, sí por muchos críticos, olvidada a la hora de reconocerle sus méritos. Antes que ella, una larga lista de nombres de varones. De nuevo, el machismo literario, que sigue aún vigente. No hay otra explicación a mi modo de ver para esta injusticia. Porque Dulce María debería estar accesible y asequible en todas las librerías como un referente de nuestra poesía, como una Storni o una Mistral. Sin embargo, muy pocos la conocen y algunos empezamos a conocerla y reconocerla después que le dieran el premio Cervantes. Hizo falta el galardón más importante en lengua española para acercarnos tímidamente y con escepticismo a su obra, ya cuando era anciana y le quedaba muy poco para abandonarnos.
De Dulce María no podemos dejar de leer su Canto a la Mujer Estéril. Por eso, excepcionalmente, hoy elegimos recomendar un solo poema, ni siquiera un libro, aunque no evitemos mencionar otros libros de los suyos que deberían leerse. Pero es que un poema bien vale una obra, y éste es sencillamente redondo, completo y viene a darnos un ejemplo de los horizontes lejanos a los que una palabra y la misma literatura pueden llegar. Siempre se ha leído como un texto dedicado a las mujeres que no podían tener hijos, a la contradicción, a la dramática antítesis de tener la condición natural de engendrar vida, y no poder darla naturalmente. Pero si lo leemos en otra clave, el poema va aún más allá, es como esos cartuchos que al impactar en el cuerpo del animal herido se desgranan en perdigones que se dispersan por el interior del cuerpo. Un poema bala que llega a tantos lugares, aún todavía inexplorados. Pongamos por ejemplo, esta estrofa:

Contra el instinto terco que se aferraa tu flanco,tu sentido exquisito de la muerte;contra el instinto ciego, mudo, manco,que busca brazos, ojos, dientes...tu sentido más fuerteque todo instinto, tu sentido de la muerte.Tú contra lo que quiere vivir, contra la ardientenebulosa de almas, contra laobscura, miserable ansia de forma,de cuerpo vivo, sufridor... de normasque obedecer o que violar...¡Contra toda la Vida, tú sola!...¡Tú: la que estáscomo un muro delante de la ola!Madre prohibida, madre de una ausenciasin nombre y ya sin término... -esenciade madre...- En tutibio vientre se esconde la Muerte, la inmanenteMuerte que acecha y rondaal amor inconsciente...

Desde principio a fin, este poema es estremecedor. Pero insisto que no es sólo a la madre que no puede tener hijos, es al que cree que su vida no engendra, que no dado ningún fruto, a todo aquel que está delante de un pasado sin saber ni qué ha hecho, ni qué ha dado ni qué ha sido. En otra estrofa del poema dice:

¡Se te quema el amor y no calientatus frías manos !... ¡Se te quema lenta,lentamente la vida y no ardes tú!...¡Caminas y a ninguna parte vas,caminas y clavada estása la cruzde ti misma,mujer fina y doliente,mujer de ojos sesgados donde huyede ti hacia ti lo Eterno eternamente!...
Madre de nadie... ¿Qué invertido prismate proyecta hacia dentro? ¿Qué río no negro fluyey afluye dentro de tu ser?... ¿Qué lunate desencaja de tu mar y vuelveen tu mar a hundirte?...

Sin embargo, al final del poema, entre palabras que no sobran, que buscan la esencia y le eliminación de cualquier forma de fácil retórica, de cualquier adjetivo ocasional, siguiendo el modelo juanramoniano y hasta el ritmo de Rubén, Dulce María empuja el poema de nuevo hacia arriba, desde el pozo sin fondo en el que había caído como una piedra lanzada en busca de vida que no encuentra y le dice a la mujer que ella misma es Eva, la primera mujer, el origen de todo, siempre por comenzar, como cada día, como cada historia. No hay nada que esté acabado. Siempre todo puede volver a comenzar de nuevo. Éste puede ser un recurso de los desesperados, o del que nada nunca tuvo, pero es tan cierto como que somos hijos de esta realidad que ha venido repitiéndose una y otra vez durante tantos siglos como de los que la humanidad tiene memoria. Y aun así, seguimos con actitud de derrotados, como si no supiéramos, al decir de Rubén, que hacia Belén una caravana está pasando constante, silenciosa y largamente.
De Dulce María se pueden encontrar aún con relativa facilidad algunas de sus obras, entre ellas, la novela Jardín, olvidada también en las referencias al realismo mágico, pero probablemente una de las novelas que fueron pioneras de esta corriente que abanderó el boom sin que todos los del boom fueran realistas y mucho menos mágicos. Sin embargo, creo que la verdadera Loynaz está en la poesía, en libros como Versos, donde podemos encontrar el Canto a la Mujer Estéril, y también Poemas sin Nombre (1953) o el relato magistral de Un Verano en Tenerife (1958).
Loynaz fue condecorada en su país con la orden Félix Varela, como correspondía no sólo a la poeta, educada en tardes elegantes de piano y poesía, sino también a la hija de un general libertador de la guerra de la independencia. Dulce María murió corporalmente en 1997, pero si la vida o, al menos, la literatura es justa, aún le queda mucha tiempo entre nosotros por delante. Espero hayan tenido un buen viaje, fue un placer navegar con ustedes y con semejante poeta.

franciscosancho@hotmail.com