Nuevo Amanecer

El Mercado de Poesía


El “Mercado de Poesía”. Esto es, diciéndolo así directamente, como que si la poesía fuera algo que revende; y en consecuencia como, ¿algo que se compra, también…?, pues, sí.
No es que me voy a poner a cabildear, aduciendo teorías baratas. No, ni siquiera estoy queriendo irme más para allá de donde todos los días a mí mismo me preocupan estas mismas cosas que estoy viendo ahora, más que nunca, así como se me vienen frecuentemente a mi mente de viejo escritor, cuando estoy sentado gozando la tarde, ahí en la terraza de mi casa.
Entonces, pensando en esto, digo que no es tanto detenerse en el enunciado que escribí antes: que si se compra o se vende la poesía, poniéndola a nivel de una mercancía. No. Lo que yo veo primero que todo es la manera de tocar el escoyo que siempre encontramos al pensar ¿y qué es poesía…? ¡En eso está la cuestión…!
Bien puede uno intentar recurriendo con esa preguntita a lo que han escrito por ahí muchos ilustres, grandes y famoso escritores, pero, sin embargo, no nos quedamos muy tranquilos que se diga, como les pasará también, muy seguro, a otros que me estarán leyendo ahorita, porque lo que dicen como definición de la poesía, no lo llena a uno del todo, ¿verdad…?
Ahora, démonos una vueltecita por otro lado, y, procurando dejar de ser graves, pensemos en lo que se nos viene a la cabeza cuando decimos, sin más ni más, qué es lo que nos pasa, entonces, cuando al leer un poema decimos que nos gusta o tal vez no nos gusta, y también le agregamos que: “esta poesía está buena, o esta poesía no está buena,… ¿qué carajo es eso…?
Lo que a mí me llama la atención es el término “poesía”. Se puede decir, entonces, buena y mala “poesía”. Sí; pero la cuestión es que se está diciendo: “poesía”; que volviendo en lo que íbamos, volvemos, entonces con… ¿y qué es la poesía…? Y esto no es que se nos ocurre así nomás.
Veamos como ejemplo el suceder literario, que es otro asunto importante; y que nosotros lo tenemos en nuestras manos todos los fines de semana --los sábados--, leyendo las secciones literarias de los dos más importantes diarios de Managua.
Antes de seguir adelante, quiero señalar, o tal vez advertir, que a esas hojas literarias, que son, sin duda, prospectos del acontecer cultural del país, se hace necesario que los mismos diarios les pongan más atención: eso hay que decirlo de paso.
El valor cultural, que deberá servir de reflexión de un periódico, en estos tiempos modernos, cuando se ha bajado a la “noticia roja”, las páginas de literatura, y arte en general, que se leen en las páginas de un periódico, ¡mantienen el prestigio del diario!... ¡que se fijen en eso…!
Pues bien y, jugando con ánimo literario, se me vino la idea de barajar los términos serios dentro del ámbito de la poesía --como tal-- y tomar de allí, de esas ramas, algunas hojitas que me puse a escoger para adornar esta travesura que se me ocurre. Así que estando leyendo estas páginas literarias de los sábados, sin discriminación alguna, simplemente leyendo y diciendo: “ me gusta”… “no me gusta”, sobre alguno de los “poemas leídos”, en esas páginas.
Sin embargo, en un momento caí en la cuenta, quizás con un poco de interés más que simple, que cada “poema”, que yo había leído, a parte de que sí “me gustó”, o “no gustó”, algo había pasado por entre las pestañas de mi interés, algo como imágenes vivas de lo sucedido allí mismo en las márgenes del poema leído: imágenes buenas o malas, pero que eran imágenes que sí en realidad habían sucedido, en la forma que fuera.
--Vean qué cosas --me... dije; pero eso no quitaba que había de entre esos escritos algunos que me merecían mayor interés, sin poner nada de mi parte: allí estaba el interés como una cosa… Eso era cierto, simplemente cierto, sin necesidad más que leerlos; pero el “pero” que se me vino enseguida fue que todavía tenían encima algunos fragmentos de esos “poemas feítos”-- que estaban mal hechos--, pensaba yo; pero luego viene otra vez…- ¿…y, qué es la poesía…? –pues que la “poesía”, ¡también tiene que ser algo bien hecho…! ...pues claro…! ¿…y cómo es que debe hacerse bien hecha “una poesía”…?
-...tal vez buscando por todos lados por donde asome el misterio que tiene todo, y con tal, que se lo encuentre, todavía. Aquí viene pues, a engancharse lo que dije yo al principio de este escrito: -“que… ¿la poesía es algo que se compra…?
La poesía, sí, se compra…Quiero decir primero que, desde luego, no se fía, así materialmente, porque no es objeto expuesto; pero en cambio, cuando digo que se compra es cuando digo que se obtiene, se toma de ahí afuera: allí nomás está. Se toma; se compra con el gusto que uno cuenta: el ánimo amoroso; la idea que uno mágicamente halla entre unas hojas que el viento sopla suave; en el acercamiento de un beso que tiene color de Luna tierna, el sueño de un ángel bajito adentro del vidrio de una uva…! ¡vea cuántas cosas…! …y que en seguida, me he puesto a pensar, riéndome, en la figura gráfica de verme yo mismo con una canastita poniéndome en una esquina a vender “poesía”…¿Ajáa..? Pongámonos en la realidad que tenemos enfrente y empecemos porque se me va dejar ensayar mi pequeño negocio que voy a poner, advirtiendo de previo que no vale aquí lo sui géneris.

Venta de poesía

-Encargado- Fernando Silva

-¿…y, quién va llegar a comprar...?- ¿…y yo qué le voy a vender…?
Únicamente que le vendiera mentiras; ¡tal vez alguna mentira bonita…!, Quién sabe…!, pero el comprador que llegara, si es que alguno llegara, alguno que iba a comprar “poesías”… ¿y yo adónde agarro “poesías…? ¿…lo tendría que engañar…? No. Lo único que se me ocurre es poder sacar mi mano por la ventanita de mi “venta” y señalarle afuera: una flor en una rama; una piedra a la orilla de otra piedra; una fruta en el suelo entristecida; los árboles de enfrente que con el viento mueven el verde… y qué más… pues ya está!
Y tal vez, que en seguida le entregara mi tarjeta escrita a mano con
“un aire suave de pausados giros”