Nuevo Amanecer

Desde “El nombre de la rosa” a "La misteriosa llama de la reina Loana"


fjbautista@yahoo.com
18 septiembre 2005

A Humberto Eco (Turín, Italia, 1932) se le conoce más por la película (1986, dirigida por el francés Jean-Jacques Annaud) “El nombre de la rosa” que por la propia lectura de su novela (1981), jornada que no resultará tan sencilla ante la obligatoriedad de remontarse en una crónica medieval y una actividad detectivesca emprendida a fines de 1327 por el fraile franciscano Guillermo de Baskerville, ex inquisidor, y el joven novicio, discípulo y narrador Adso, que pretende esclarecer los crímenes cometidos en una abadía benedictina, buscando entre los laberintos del monasterio de Melk y su biblioteca. No deja de ser el asunto un engorroso recorrido que fácilmente podría hacer huir al lector, teniendo que sortear las numerosas citas del latín, las conspiraciones por el poder temporal y religioso y el oscurantismo dogmático que pretende ocultar el acceso al conocimiento que se guarda sigilosamente, como en un oscuro mundo subterráneo, en la inaccesible e inmensa biblioteca, que finalmente termina arrasada por el fuego.
Ahora Eco nos sorprende con una nueva ficción en una renovada novela contemporánea que carece del defecto de la anterior y tiene la virtud de cautivar con cierto humor y misterio inicial, aunque con algún tedio final. Con la desacostumbrada característica de ilustrar la obra con fotos de portadas de libros y revistas, de pósteres, figuras y dibujos, que son los que ayudarán a Giambattista Bodoni a recobrar la memoria perdida. Resulta que este hombre de 60 años, casado con Paola, con dos hijas, Carla y Nicoletta, y tres nietos, propietario de una librería anticuaria, y que se dedicaba a comercializar con libros antiguos en Milán, ha perdido, por un lamentable accidente hipertensivo, la llamada memoria episódica, es decir aquella que establece el nexo entre lo que somos hoy y lo que hemos sido. Ha despertado entre tinieblas en la cama de un hospital, un abril de 1991, sin la memoria personal, en una desconcertante realidad. Recuerda, sin embargo, todo lo que se puede aprender por haberlo leído, pero no recuerda lo que está asociado con sus experiencias directas, ni su nombre, ni a su familia ni las emociones, sabores, gustos y costumbres. No sabe quién es, pero puede recordar datos históricos, referencias científicas. Piensa: olvidar es atroz.
Son los libros, en ambas novelas, el asunto alrededor del cual circundan las historias. En “El nombre de la rosa” resultó ser la biblioteca el factor clave para el esclarecimiento de los crímenes ocurridos, y se supo que era aquel libro segundo de Aristóteles (no encontrado aún), el tratado que habla sobre la risa, el motivo principal, el robo, el ocultamiento y el conocimiento de lo que aquel libro decía y que un monje viejo y ciego, guardaba celosamente por considerar que cada libro escrito por ese hombre ha destruido una parte del saber que la cristiandad había acumulado a lo largo de los siglos. Decía que la risa es la debilidad, la corrupción, la insipidez de nuestra carne, la risa libera del miedo al diablo, en cambio el Filósofo, la eleva a arte. Es la expresión del típico oscurantismo medieval.
En esta nueva novela, titulada en exceso: “La misteriosa llama de la reina Loana” (abril 2005), no solo el personaje principal es un lector incansable que tiene por oficio los libros antiguos, sino que, para recuperar la memoria, se retira a la casa de su niñez y adolescencia en Solara, donde nació, para buscar algo que únicamente puede hacer él mismo: recordar. Para eso recurre a esa memoria de papel de cajas y estantes de libros, folletos, revistas y cuadernos que se guardan por allí, que él utilizó, leyó en sus cursos escolares o en los momentos de esparcimiento. Debía lanzarse a la conquista de su identidad entre esas sombras dispersas de páginas y textos. Encuentra historias, historietas, caricaturas, sellos postales, cuentos e imágenes vistas y pasadas leídas desordenadamente. Desde Fantomas, Sandokán, y las primeras hazañas de Mickey Mouse, que cuando los americanos se volvieron malos, se impuso la italianización de las historias extranjeras; hasta libros clásicos y canciones que se transmitían en la radio en 1938 de la Italia proletaria y fascista, versos sueltos y artículos de periódicos, todo en busca de las primeras lecturas para saber quién se era y cómo se llegó a creer y pensar en lo que creyó y fue. Estaba en esa lectura, desde las primeras letras, la exaltación al Duce, al soldado italiano, la guerra con España y la conquista de Etiopía, las hazañas de la Primera Guerra Mundial, los judíos como estirpe traidora, la comparación de los rasgos viriles de Julio César y Mussolini. Feos eran los enemigos, los ingleses y los franceses, los españoles franquistas eran nuestros amigos, estábamos al lado de los camaradas alemanes; lo hermoso era morir por la patria. Reconoció que había nacido y crecido en un clima nacionalista
El pueblo estaba con la SS o las Brigadas Negras, en los alrededores de Solara los partisanos; rebuscó entre cartas y postales del abuelo, quien era vendedor de un periódico o revista socialista, supo que éste había escondido a unos muchachos que los fascistas buscaban. Guardaba él un frasquito vacío que supo era de aceite de ricino, un purgante, que alguna vez se lo hicieron tomar con una dosis de materia fecal disuelta, por subversivo, para purgarle las ideas torcidas. Veintiún años después, cuando cayó el fascismo, el abuelo hizo lo mismo con aquel que le había hecho tomar a la fuerza el aceite mientras otros le tapaban la nariz. Aunque seguía sin recordar, había aprendido mucho.
Cuando iba recuperando la memoria, sentía que los recuerdos se arremolinaban. Le ha dado un segundo ataque, esta vez más fuerte que el primero, excitado por el recuerdo de Lila, la presión se le había subido a alturas vertiginosas. Lo creen en coma profundo. Él sabe que la familia está a su lado, escucha y entiende, siente que vive en un eterno presente, es espléndido, ahora, en ese silencio, se le permite entender todo lo sucedido.
Ambas novelas de Eco abordan el tema religioso y polemizan sobre el mismo. En su última novela, dice que si Dios estuviera en todos lados sería fascista, y que de los diez mandamientos solo hay cuatro que son buenos: no matarás, no hurtarás, no levantarás falsos testimonios y no desearás a la mujer ajena. Otros son de sentido común, porque mentiras las decimos todos, sirven para justificar las guerras, donde sí se puede matar. Cuando se dice que tendrás a un solo Dios, se te prohíbe pensar, y por lo tanto debes aceptar la sociedad tal y cual es. Lo mismo es no codiciar los bienes ajenos, es para no alterar la forma de vida de los que tienen, porque el que desea esos bienes es el que no los tiene, no desees lo que no tienes, respeta el orden de la propiedad. Este mandamiento prohíbe la revolución. Algunos dicen que el Mal no existe fuera de Dios, otros que el mejor regalo de Dios es nuestro libre albedrío. La prueba de que Dios es malo, es que nos ha creado imperfectísimos.
En “El nombre de la rosa”, por la temática de la obra, se discute sobre más ámbitos de carácter religioso, particularmente sobre la polémica entre la pobreza de Cristo y el poderío político y económico de la Iglesia y sus jerarcas, esto alrededor de la figura de los papas de la época (Aviñon, Juan XXII) y la doctrina de la pobreza de los franciscanos; sobre la obediencia, fidelidad y sumisión a la corte pontificia, sobre el oscurantismo que se promovía entre la plebe y el conocimiento que se guardaba para una elite privilegiada que podía juzgar lo correcto o incorrecto, lo verdadero y lo falso, poder que los llevaba hasta a condenar a la hoguera por herejes a los que opinaran diferente. Palabra, que según Carlos Fuentes (1928), en su novela El instinto de Inez (2000) ha sido abusada de su pura raíz griega, haireticus, que quiere decir el que escoge, aunque también podría entenderse como partidario, sectario, el que abraza una opción diferente.
En las dos obras, con el sello del autor, se demuestra su conocimiento de la literatura, la historia y la filosofía, incursiona con su creatividad narrativa en los oscuros y siempre desconocidos rincones de la conciencia y el comportamiento humano colectivo e individual, pasado e inevitablemente coexistiendo y condicionando el presente.