Nuestro Mundo

Una oscura realidad

Argentina, Perú y Honduras son algunos de los países con las cifras más altas en desaparición y posterior hallazgo de cadáveres con órganos extraídos

Una de las historias que se han transformado en leyenda urbana macabra es el tráfico de órganos humanos, que si bien es un crimen efectuado por grupos muy organizados, esto no los vuelve menos que el sanguinario Jack “El Destripador”.
Estos caníbales modernos que se alimentan con la venta de partes humanas, se han desarrollado a la par de los avances médicos de trasplantes de órganos humanos, transformando en negocio inescrupuloso que no perdonan la vida de hombre, mujer o niño.
La Policía Federal Brasileña capturó a once personas que conformaban una red de contrabandistas que vendían órganos en Sudáfrica a un precio de diez mil dólares la pieza.
Brasil es uno de los principales escenarios donde se efectúa esta práctica. Se ha verificado que el número de niños brasileños que salen del país en adopciones internacionales no cuadra con el que se registra en el extranjero. Parece ser que hay niños que ‘se pierden’ en el camino y no aparecen.
Somos parte del mercado
Son muchos los lugares de América Latina que registran casos de desaparición de personas y posterior aparición con órganos extraídos. Argentina, Honduras y Perú son ejemplos de ello, como asegura la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia, que también se incluye en la lista de países afectados.
Determinadas mafias de Europa del Este también han encontrado en este negocio un modo de sustento. En octubre de 2003, dos médicos checoslovacos fueron condenados a seis y ocho meses de prisión por robar órganos a cadáveres para proceder a su posterior venta. Países asiáticos como Filipinas, Tailandia o India también recogen múltiples denuncias.
Muchos gobiernos y organizaciones nacionales de transplantes niegan estas prácticas y las tachan de rumores sin fundamento. Sus argumentos se basan en el corto tiempo en el que un órgano puede permanecer fuera de un cuerpo humano: máximo seis horas. No son conscientes de que en realidad no se traslada el órgano, sino a la persona portadora del órgano donante o a quien lo va a recibir.
También se basan en que la mayoría de los casos de personas que desaparecen son niños, y sus órganos sólo son válidos para otros niños, no para personas adultas. Esto es cierto, pero también lo es que la desaparición de un niño puede ser más llamativa porque hay unos padres que le echan en falta, no así con una persona adulta que puede no tener familia, vivir en la calle y a la que nadie reclamará. En Turquía, en diciembre de 2000, el Ministerio del Interior distribuyó una nota circular en todas las comisarías informando de que esta práctica era real y que había que prestar especial atención a los barrios más pobres.
En Internet
El tráfico de órganos también se mercantiliza en Internet. El servidor chino Netease vende pulmones, riñones y córneas. El origen, desconocido. Pero la pena de muerte instaurada en el país podría dar explicación al destino de parte de estos órganos. Hace pocos años un funcionario de prisiones de la provincia china de Liaoning denunció que hospitales, policías y tribunales se ponían de acuerdo para que coincidieran las ejecuciones con las operaciones previstas.
Los gobiernos no quieren generar polémicas sobre noticias negativas de transplantes porque temen que si salen referencias de este tipo o se producen detenciones, las donaciones altruistas de órganos disminuyan.
Las mafias que operan en este campo efectúan todo tipo de acciones: secuestros, asesinatos y hasta robos de cadáveres. Además, se sigue fomentando la desigualdad, pues la salud, derecho universal de todas las personas, sólo se encuentra en manos de aquéllos que pueden permitirse el lujo de pagar lo que sea por comprar el órgano que necesitan.
Fuente: Agencia de Información Solidaria (AIS).