Nacional

Macabro cortejo

* Ataúdes en trailers y búsqueda de desaparecidos * Desgarradores relatos de los sobrevivientes

— EDWIN SANCHEZ —

Era la marcha más triste que pueda recordar La;
Paz Centro: seis ataúdes llevados en el trailer del tractor;
que recoge la basura. Y faltaban aún los cadáveres de dos;
nińos más para completar el desastre del Mitch en este;
municipio: ocho muertos por todos.;

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Pero el alcalde Rodolfo Blanco, sospecha que hay más. "En los;
potreros hemos ido a recogerlos", dijo abatido. La Paz Centro;
no podía asimilar esta tragedia. Era imposible hacerlo. La;
mayoría eran criaturas, nińos que dormían en un refugio;
improvisado, huyendo de la muerte, pero nada detenía la;
fatalidad. La muerte los había cercado y nadie, ninguna voz de;
alerta, ninguna advertencia llegó, sólo la destrucción, la;
desaparición casi total de una comunidad: La Paz Vieja. ;

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NIETECITA ESTABA MUERTA;

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La imagen que encontraron los primeros en ir a buscar los;
cadáveres no se puede desaparecer así nomás: encontraron a una;
viejecita, Andréa Reyes, cuya mano estaba firmemente agarrada;
de la manito de su nietecita. Quería salvarla de la tragedia;
que se les vino de pronto encima a las tres de la mańana del;
viernes, deseaba ayudarla a vivir, a que viviera los ańos que;
ella, de 72, había vivido. Pero el amor esta vez no pudo;
contra la muerte. Y Andreíta Reyes, moría, ahogada;
terriblemente, a los cinco ańos de edad. ;
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La gente en su solidaridad infinita acompańó el cortejo, sin;
conocerlos, sin saber sus nombres siquiera, pero bastaba que;
eran muertos, para ir con ellos, guareciéndose con paraguas;
negros, oscuros, pasando calles inundadas, uniéndose a la;
tristeza, porque el dolor se había esparcido en todos.;

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Las cajas rústicas, apenas habían sido hechas en la misma;
mańana que rescataron los cuerpos. Los ocho muertos eran;
Marlon Francisco Escoto, de 16 ańos, Karla del Socorro de 15,;
Leyro José Escoto Arauz de 12, todos hijos de Silvia Melania;
Arauz Gutiérrez y Modesto Francisco Escoto. Los otros son: ;

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Edwin Ramón González Donaire de seis ańos, Juan José González;
Donaire de cuatro ańos, Andréa Reyes, de 72 ańos, su nietecita;
Andreíta Reyes ocho ańos, y Katia Reyes de cuatro ańos que los;
había cumplido apenas un mes antes, el 30 de septiembre.;

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Era doloroso aquel cortejo en medio de la lluvia. Ahí, entre;
la gente, iban la madre y el padre de los tres muertos y la;
otra seńora con sus familiares desaparecidos. Seis muertos;
buscando el panteón poco antes del mediodía.;

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ATRAPADOS SIN SALIDA;

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Dońa Melania Arauz dijo que cuando se despertaron, a las tres;
de la mańana, "estábamos a la cintura de agua". Era imposible;
salir. Ya habían dejado la casa por lo peligroso de la;
corriente, y se fueron donde una casa vecina. Pensábamos que;
estábamos salvo, pero pronto la casa se desplomó.;

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De la familia sólo se salvaron ella y su marido, su hija, una;
sobrinita y su suegra.;

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Habla del origen de este terrible capítulo de dolor: "Vivíamos;
a la orilla de un cauce que ahora, nos agarró en lleno, de;
frente. Nunca pensamos en la tragedia, nadie nos puso en;
alerta, supimos que sacaron a alguna gente, pero no nos;
dijeron nada. Sólo pasaron de paso". ;

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La comarca contaba con 25 casas y todas fueron barridas.;

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La seńora Arauz dijo que se vieron con la casa encima pero;
salieron. El marido la vio en apuros, y la logró sacar, porque;
antes él se había asegurado de un mecate que estaba en el;
patio. El la hizo cruzar a la orilla para ponerla a salvo,;
después fue a buscar al resto de sus hijos y miró a una de sus;
hijas arriba, en el techo de una casa. ;

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PADRE DE TRES MUERTOS;

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Posteriormente que la puso en un lugar más favorable, volvió;
en la corriente para ir a la casa caída, y buscar a los nińos,;
pero no fue hasta las 10 de la mańana, cuando bajaron las;
aguas que pudo darse cuenta que era padre de tres muertos.;

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Uno tenía la pared de la casa encima y los otros dos,;
ahogados, nos dijo ya cerca del cementerio la sufrida mujer. ;

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Pero ella atribuye a la casualidad haberse salvado, porque;
cuando la rescató su marido, se treparon a un árbol y ahí;
esperaron...;

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La casa arrasada era de piedra pome. Allí vivían desde "cuando;
pasó el Juana", y nunca había ocurrido ninguna desgracia. Pero;
la desgracia sigue ahora un próximo episodio: todos sus;
enseres, todo lo que contaba en su hogar fue totalmente;
desaparecido.;

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No nos quedó nada, nos quedamos como andamos, no tenemos;
amparo. Aquí no se han aparecido ni Defensa Civil ni ninguna;
ayuda. El gobierno no nos mira y no nos toma en cuenta, dijo. ;

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Dońa Otilia Osorio perdió a su suegra Andréa Reyes y Andreíta,;
sobrina de ella y nietecita de la difunta, y Katia del Rosario;
Reyes. Ellas estaban luchando con la crecentada para salvarse,;
pero no pudieron porque ahí nomás se vinieron las paredes de;
la casa y aplastaron a tres chavalos vecinos. Y los otros;
muchachos fueron arrastrados por la corriente. ;

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La casa destruida les había albergado por 28 ańos y habían;
soportado "tres guerras de agua y desplomes", y lamenta o;
denuncia que nunca les dijeron "les vamos a dar un lugar más;
seguro".;

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"Y ahora están estos muertos, no sabemos con qué nos van a;


salir diciendo ahora, después que perdimos a nuestra familia,;
y nuestras vaquitas".;

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NINGUNA AYUDA;

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Pero ninguna brigada de rescate llegó en su auxilio, ni para;
sacar los cadáveres. Fueron sus propios hijos que laboran en;
el aeropuerto que hicieron esa tarea.;

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Resiente que nadie del gobierno les ha dado aliento. "Al menos;
con el gobierno de Daniel Ortega mirábamos correr los IFAS en;


ayuda, y ahora ni un trailer".;

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Gerardo Reyes, el marido de dońa Melania y padre de los tres;
muertos, presentaba heridas cerca del pómulo y se le notaba;
sangre seca que había emanado de su oído derecho. El había;
salvado a su esposa de la muerte, pero ya sus hijos estaban en;
la lista de muertos que ha dejado el paso del huracán en;
Nicaragua. ;

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Nunca esperé esto, dijo. No habían lágrimas en sus ojos. El;
dolor es seco. ¿Qué más podía hacer?. La gente lo miraba allí,;
con un capote y a la orilla de la mitad de los muertos del;
carro fúnebre en que se convirtió el tractor de la alcaldía.;
No hay esperanzas a las cuales aferrarse. ;

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Después de haber visto a sus hijos con sus enlodadas caritas;
de angustia, tal vez ya nada le aliente. Ni los rumores de;
ayuda. "Estamos solos aquí", dijo. Y sólo confió en el brazo;
amigo de los que le acompańaban...;