Nacional

Dramático naufragio entre las olas

* Coraje y terror en la bocana del Malacatoya * Odisea de corresponsal Cermeńo y compańeros

— AUGUSTO CERMEŃO —

El Lago de Nicaragua se ha extendido de;
manera impresionante en estos poblados, al juntarse las aguas que;
corren incontralables por el río Malacatoya, que crece y crece;
debido al apocalíptico diluvio. Lo único que nos muestra que hay;
indicios de vida es la gente clamando ser rescatados.;


En un viaje que emprendimos en una lancha rápida del Ejército;
Nacional, a cargo del Mayor Freddy Rodríguez, navegando contra;
las fuertes corrientes y raudales peligrosísimos tapizados de;
troncos por doquier, nos aventuramos en dirección a Tepalón y;
Malacatoya. ;


Los militares tenían como misión entregar un cargamento de;
medicinas que iba resguardado por los concejales Marlon Otero y;
Roger Valdez. Marlon era el que jefeaba la misión por parte de la;
Alcaldía de Granada. ;


Además, se agregaron al grupo: Armando Espinoza, voluntario,;
Javier Caldera, fotógrafo voluntario que formaba equipo con este;
corresponsal, el capitán Vega y un teniente que no puedo precisar;
su nombre. ;


Ya cerca de la bocana del río, frente a "El Porvenir", una;
hacienda que fue propiedad del doctor Lorenzo Guerrero,;
expresidente de la República, avistamos el hermoso barco "Hilario;
Sánchez" de la Empresa Nacional de Puertos (ENAP). Ahí debíamos;
dejar unas raciones frías a los brigadistas de la Defensa Civil.;


Sólo pudimos lanzar algunos paquetitos debido a que las aguas del;
Gran Lago ya estaban un tanto encrespadas. Al acercarnos al barco;
los tumbos lanzaron la débil embarcación militar contra la coraza;
del Hilario Sánchez, y un tubo metálico que sostiene la tolda;
saltó por los aires.;


Eso no minó el ánimo de la tripulación. Pensamos en dejar al;
regreso los paquetitos de ración fría y enrumbamos hacia la;
bocana. Entre unas ramas de árboles que emergían en la;
superficie, avistamos cuatro pequeńas embarcaciones. Estaban;
repletas de damnificados, muchos de ellos nińos y nińas.;


El doctor Paul Borge, que estaba a cargo de esa misión, como;
representante de la Cruz Roja, nos expresó su preocupación por el;
peligro de cruzar la bocana para aproximarse al Hilario Sánchez,;
que estaba atracado a un kilómetro del lugar.;


¿ZONA DE DESASTRE?;


Al penetrar al río, confundidos en un gigantesco playón que daba;
la impresión de ser una extensión del Gran Lago de Nicaragua,;
optamos por solicitar un guía al doctor Borge, quien gustosamente;
accedió y se montó en nuestra lancha el joven tepaloneńo Felipe;
Pérez. ;


Ese nombre no se me olvida por que iba adelante, a la par mía,;
conversando sobre todos sus desgracias y la fría respuesta del;
Presidente Arnoldo Alemán con su "zona de desastre". Muchas;
críticas crudas se escuchan por todos lados por la actitud del;
hombre que tiene en su manos el timón del país.;


"Y dice que van a gobernar 50 ańos Nicaragua. ĄDios nos;
proteja!", exclamó Felipe, un joven moreno, de facciones;
aborígenes, que salía con toda su familia del lugar "por que ahí;
no hay vida para nosotros. Tarde o temprano moriremos de hambre y;
abatidos por las plagas y enfermedades".;


Ya en el playón, donde se ven sólo las copas de los árboles de;
potreros y la desaparecida ribera del río, Felipe nos lleva por;
una serie de curvas, círculos, que nos hacían pensar algunas;
veces que no avanzábamos, sin embargo estábamos corriendo por el;
verdadero cauce, orientados por Felipe.;


Un campesino del lugar, con su casa inundada a la altura de la;
cintura, nos mostró cuán humana es la gente más humilde de;
nuestra nación. Nos ayudó a amarrar el bote a un poste de cerca;
de alambre que se asomaba en la superficie.;


El río estaba tan crecido que una enorme rama de árbol de;
genízaro nos impedía el paso. Nuestro "ángel guardián", el;
campesino "afectado", según "nuestro presidente", nos sugirió;
desviarnos por los caminos, ahora convertidos en ríos.;


Volver al cauce fue otro problema serio, por que en un momento;
determinado nuestro notable guía se desorientó y terminamos en un;
potrero rodeado de cercas. Eso era visible por los postes que;
emergían en la superficie.;


Felipe y este corresponsal, logramos cortar la cerca, con el agua;
al pecho, quedando libre el acceso al cauce normal del río.;
Nuevamente seguimos sorteando dificultades y más dificultades, en;
las que estuvieron en riesgo nuestras vidas.;


Enormes troncos de árboles flotando en el río, eran esquivados;
magistralmente por nuestro lanchero, el corpulento Gustavo Cruz,;
quien se aprestó a la misión de manera voluntaria. A pesar de su;
corpulencia e indiscutible valentía, a Gustavo de vez en cuando;
se le veía palidecer.;


Por el camino, observamos en centenares de casas, rostros;
afligidos, nińos gritando por ayuda, hombres y mujeres cargando;
enormes bultos (sacos y motetes), pensando que llegábamos por;
ellos. Tanto drama y desesperación nos hacía pensar en convertir,;
por arte de magia, nuestra lancha en un enorme Arca, más grande;
que la de Noe. Nos dolió mucho no poder hacer nada.;


ĄAL FIN EN MALACATOYA!;


A eso de las 11:30 de la mańana llegamos a Malacatoya. La lancha;
la dejamos amarrada en un sitio y caminamos más de un kilómetro;
con el agua a la cintura y contra la corriente. Las piernas se;
entumían, por lo que el paso era lento. ;


Complicaba la entrada de la lancha una lomita que impedía el;
paso. Sin embargo, luego de hacer los contactos con los miembros;
del Comité de la comunidad, conseguimos ayuda para salvar la;
lomita. Decenas de brazos empujaron la lancha. Era el;
medicamento del pueblo damnificado.;


Se dio el inconveniente de que el doctor Pablo Sandino estaba al;
otro lado del pueblo, por lo que Marlon entregó las medicinas a;
un partidario "rojo sin macha". No nos explicamos por qué no las;
entregó al Comité de Emergencia local.;


Por la premura del tiempo, Marlon entregó por bulto el;
medicamento. Eran 28 cajas grandes, 11 medianas y seis pequeńas;
cajitas blancas conteniendo antibióticos en cápsulas. Otero;
orientó a su partidario, alguien de su confianza, que sólo;
entregara las medicinas al doctor Pablo Sandino, para que éste;
dispusiera cómo iban a ser distribuidas.;


El doctor Sandino no estaba en Santa Lastenia, como se suponía,;
estaba al otro lado del río. Resultaba peligroso cruzar el;
poderoso raudal del Malacayoya para entregar el medicamento al;
doctor Sandino. El mismo mayor Rodríguez sugirió no hacerlo.;


En la iglesia de El Tabacal, donde hay casas que sólo asoman el;
cucurucho del techo, se dejaron depositadas los medicamentos.;
Como a eso de la una y media de la tarde emprendimos la gira de;
regreso. Fue toda una gran odisea. Esta vez la lucha era por la;
velocidad de la corriente, que impedía maniobrar correctamente a;
Gustavo Cruz.;


En esta gira de retorno nos acompańa el mandador de una lechería;
propiedad de la familia Enríquez. Nos dijo que ya se habían;
contabilizado 40 terneros muertos. En el camino nos encontramos a;
algunos de estos semovientes flotando en el agua.;


El mandador, del que no recuerdo su nombre, donó un bidón de 20;
galones de leche para ser entregada a los nińos que estaban en el;
Hilario Sánchez. El mismo seńor obsequió riquísima lechita helada;
para la tripulación. Algunos tomaron, y otros no tomamos.;


LA LANCHA SE LLENA;


En la lechería estaban más de 100 refugiados y montamos en la;
lancha a una docena de ellos. Nuestra nave iba repleta de gente.;
Algunos miembros de la tripulación nos desprendimos de nuestros;
salvavidas para entregárselos a mujeres, nińos y un anciano. ;


A estas alturas la situación se torna mucho más peligrosa, por la;
carga de infantes y mujeres que llevábamos. Sin embargo logramos;
sortear la muerte y llegamos hasta la bocana a eso de las tres de;
la tarde. Las lanchas de la Cruz Roja que habíamos dejado entre;
ramas de árboles, ya no estaban.;


Observamos que el Hilario estaba en el mismo sitio y una pequeńa;
embarcación se mecía al lado del mismo. Pensamos que ya todos;
estaban ahí, fuera de peligro. Gustavo se negaba lanzarse a las;
embravecidas aguas del Cocibolca, esta vez acompańadas de fuertes;
vientos.;


Insistía e insistía en no cruzar, por lo que pensamos que se;
había acobardado. Sin embargo, todos pensábamos que se podía;
cruzar. Teníamos gran confianza en la destreza del timonel. Se;
dio un primer intento, con todo y la gente evacuada de Santa;
Lastenia, pero Gustavo no pudo contra las enormes olas que se nos;
venían encima y amenazaban con hundirnos.;


Se regresa y el mayor Rodríguez llama por radio a ENAP para que;
ordenen se acercara más el Hilario Sánchez. No resultó. Poco;
después vimos acercarse la lancha de la Cruz Roja, venía por los;
evacuados. Se los llevó y los de la misión nos quedamos.;


NOS HUNDIMOS;


Gustavo seguía insistiendio en su temor por las enormes olas de 2;
a 3 metros que se estaban formando y que el motor "tiene una;
fallita". El mayor Rodríguez, le orientó lanzarse a la aventura,;
y todos estuvimos de acuerdo. ;


Gustavo, contra su gusto, se aventuró frente a las olas. Nosotros;
observamos que la lancha de la Cruz Roja, un poquito más grande;
que la nuestra, se iba como sorteando el peligro, evitando ir;
contra las olas y llegaron sanos y salvos al Hilario Sánchez.;


La lanchita cedió a la naturaleza encolerizada comenzó a;
hundirse. Javier Caldera, con una panita, trataba de achicar el;
bote. Armando me gritaba que vaciara el bidón de leche y ocuparlo;
para achicar.;


Apenas logré vaciar el bidón, intenté usarlo para achicar, pero;
la lancha ya estaba repleta de agua. El motor se apagó y;
estábamos como a la deriva. Una ola como de tres metros de altura;
se nos vino encima y la lancha se volteó sobre nuestras;
humanidades. ;


Armando, Javier y yo quedamos como sepultados por la nave. Se nos;
vino encima. Como pude, logré sumergirme y salir a la superficie.;
El saber nadar fue vital. Aunque algunos compańeros dicen que fui;
sacado del fondo en estado inconsciente. La verdad es que al;
salir vi que todos estaban asidos al borde del bote, e hice lo;
mismo.;


En el momento de nuestro naufragio, la lancha de la Cruz Roja;
desembarcaba a los damnificados y supimos que el capitán;
Francisco Sánchez y el doctor Borge Blandón, exigían la salida;
inmediata de la embarcación cruzrojista. ;


El rescate fue otra odisea increíble. Las olas impedían que se;
acercara a nosotros. El coraje del timonel de la lancha de la;
Cruz Roja pudo más que el poderío de las olas y logró lanzarnos;
un mecate. Uno por uno fuimos subiendo y Ąpor fin a salvo!.;


MORIBUNDOS;


Me faltaba la respiración y desgarraba abundante sangre. Armando;
también estaba golpeado y Javier estuvo cerca de hundirse en el;
lago. Un teniente del Ejército logró jalarlo y ponerlo cerca del;
bote. El rostro de Javier estaba morado.;


Subimos al Hilario y el doctor Borge nos suministró calmantes.;
Una vez que sacaron la lancha del ejército, partimos hacia;
Granada, donde mucha gente esperaba el desembarco de los;
damnificados. La misma Alcaldesa Raskoski estaba en el muelle.;


Todos logramos salvar nuestras vidas, que es lo principal. En lo;
material, todos dejamos algo en el lago. Personalmente perdí una;
costosa micro grabadora Sony, una cámara, un radio para el;
monitoreo que fue facilitado por Armando Espinoza, libretas,;
censos poblacionales de Malacatoya, ropa y todo lo que andaba.;


En una ambulancia de la Cruz Roja fuimos trasladados al Hospital;
de la Amistad Japón Nicaragua. Ahí nos chequearon. Me tomaron;
placas, la presión (que estaba muy alta) y me dejaron en;
observación. Toda la noche fue de inyecciones y jincadera para;
realizar diversos exámenes. Gracias al tratamiento médico de;
emergencia me sacaron el agua detectada en los pulmones. Ayer por;
la mańana, me dieron de alta. Marlene, mi esposa, siempre estuvo;
a mi lado.;


Esta es una experiencia más, gajes del oficio. Estoy convencido;
que más dificultades hay en nuestro espinoso camino de;
comunicadores comprometidos con el interés común de este pueblo;
golpeado por toda clase de fenómenos, guerras, hambre, desempleo;
y la incomprensión de quienes usan el poder para su propio;
beneficio.;