Nacional

Dos revoluciones, dos decepciones y al final taoísmo


Edgard Barberena

Hijo de un guerrillero que acompañó a Fidel Castro, soportó el exilio en Estados Unidos, asimiló el hipismo y la psicodelia de los años 70, hasta que se involucró con activistas sandinistas para después venir a combatir a la Guardia Nacional de Somoza en el Frente Sur.
Nos referimos a Ernesto Alomá Sánchez, nacido en Cuba, nacionalizado nicaragüense durante la década de los 80, y que llegó a ser un alto funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores.
Su padre, Ernesto Alomá Sabas, fue capitán del ejército rebelde, entró a La Habana en los primeros días de enero de 1959 junto a Fidel Castro, Camilo Cienfuegos y Ernesto “Che” Guevara, vistiendo uniforme verde olivo y con una ametralladora Thompson.
Cuando triunfó la revolución cubana, Ernesto tenía 10 años. “Mi padre tuvo algunas contradicciones con el gobierno revolucionario, llegó a ser miembro del gabinete de Fidel y Director General del Instituto Cubano de Estabilización del Café.
El papá de Ernesto renunció al gobierno antes del segundo aniversario de la revolución cubana y se dirigió a EU, y “después mi madre (Lilia Alomá) nos llevó a mi hermano y a mí a ese país, cuando tenía 12 años”.
Llegó a Miami el 30 de noviembre de 1960, cuando había sido elegido presidente de EU John F. Kennedy, y ahí comenzó su vida, aunque “en un principio a mí no me atrajo mucho Estados Unidos, pero ahí pasé 18 años”.

Estuvo clandestino en EU
Abandonó el College porque lo andaban buscando para mandarlo a pelear a la guerra de Vietnam. Se escondió en San Francisco, California, hasta que terminó la guerra. Estaba casado con la norteamericana Tamara Ward.
Cuando el presidente James Carter dio una amnistía para los que habían evitado el servicio militar obligatorio, salió de la clandestinidad. Asimiló el movimiento contracultural que se produjo en EU, el que tenía muchas expresiones.
“Viví en California, donde sentí estas expresiones de cambios, en la música, las artes, la política…, y a mí me afectó todo. Yo tenía 20 años en 1968, tomé LSD y otros psicotrópicos, estuve en el movimiento hippie”, dice Ernesto.
Esos movimientos que vivió en EU transformaron las ideas de Ernesto quien había llegado a la nación norteamericana con una familia que se había vuelto anticomunista y antirrevolucionaria.
“Yo me alejé de ese ambiente que tenía su máxima expresión en Miami, y me fui a California donde se estaba dando otro tipo de revolución, que pienso que fue más profunda que las revoluciones sociales, porque es una revolución que tiene que ver con el espíritu y el alma”, dice Ernesto, quien en esa época comenzó a coquetear con el pensamiento oriental (budismo, taoísmo y zen). Estos estudios los profundizó después que abandonó Nicaragua en 1985.

Sandinistas lo contactan en San Francisco
Después que se separó de su primera esposa se fue a vivir a San Francisco, donde vivían los latinos, y ahí conoce a los nicaragüenses sandinistas que estaban creando La Gaceta Sandinista, Walter Ferreti, Raúl Venerio, el poeta Roberto Vargas --que todavía vive en San Francisco--, Harold Solano y Bermang Zúniga.
Un día lo visitaron y “me ofrecieron trabajar con ellos para recolectar fondos y medicinas para enviar al FSLN, y así empecé a colaborar con ellos de 1975 a 1978”.
Cuando se produce la toma del Palacio Nacional, el 22 de agosto de 1978, “decido venirme para acá para unirme al FSLN”, y viaja a Costa Rica con una carta que le extendieron (los sandinistas) en San Francisco, California.
Viajó a Costa Rica (primera vez que llegaba a Centroamérica) con papeles falsos que le entregó en San Francisco un nicaragüense de apellido Vega Cuadra. Una vez que hace el contacto en Costa Rica lo envían a una casa de seguridad, para después ser trasladado a entrenarse a El Guanacaste, y así pasó a formar parte del Frente Sur.

Nunca le gustó la vida militar
Después que ingresa Managua con el Frente Sur, visitó al sacerdote Miguel D’Escoto Brockmann, a quien había conocido en Los Ángeles, California. A él “le dije que no quería estar en las armas, por lo que me dijo que me fuera a trabajar al aeropuerto para atender a funcionarios extranjeros”.
Una vez que cambió el verde olivo por la guayabera blanca y el pantalón oscuro, tuvo el honor de haber ido --en octubre de 1979-- en la delegación oficial de Nicaragua a la sexta cumbre del Movimiento de Países No Alineados, que se desarrolló en La Habana, Cuba.
Ernesto en la delegación viajó como Director de la Dirección de los Países No Alineados de la Cancillería. “Para mí esto fue una experiencia tremenda, porque volví a mi país como sandinista, vistiendo verde olivo como se presentó mi padre en enero de 1959”.

La purga del 81
Cuando asesinaron al presidente egipcio Anuar el Sadat, el 6 de octubre de 1981, mientras Daniel Ortega estaba dando el pésame en Naciones Unidas, Ernesto muy ingenuo y con falta de experiencia, ofreció declaraciones a los periodistas de que Sadat estaba bien muerto porque había sido un traidor a la causa palestina.
“Esto lo publicó el diario La Prensa en primera plana, y produjo que me corrieran de la Cancillería”. Víctor Hugo Tinoco, quien era vicecanciller, lo llamó a su despacho para decirle que por las declaraciones que ofreció tenía que abandonar el Ministerio de Relaciones Exteriores.
Tomás Borge, quien era ministro del Interior lo mandó a llamar, y ahí se encontró al venezolano Freddy Balzán, quien le dijo: “No jodás, si las declaraciones que vos diste fueron correctas, lo que pasa que estando en la Cancillería no podías hacer eso”.
A los días, el canciller Miguel D’Escoto regresó de las Naciones Unidas y mandó a llamar a Ernesto para reengancharlo en la Cancillería, diciéndole que todo había sido un malentendido.
Serruchaderas
de piso en el FSLN
Después, en la Cancillería, comenzó a enfrentar chismes, envidias y luchas por el poder dentro del mismo FSLN, y alguien a quien todavía Ernesto no ha identificado, utilizó el partido para sacarlo del Ministerio y mandarlo a formar parte de un batallón de reserva del Ejército.
Ernesto, quien fue guerrillero del Frente Sur y participó en un sinnúmero de combates contra la GN, a esas alturas no tenía las condiciones físicas para ir otra vez a combatir.
“Yo no iba a ir a un batallón de reserva, cuando una gran cantidad de los funcionarios del Ministerio del Exterior no habían combatido, y yo sí era uno de la minoría de ese Ministerio que había combatido a la Guardia Nacional”, dijo.
“Decidí no acatar la orden partidaria y renuncié, además, que ya tenía ciertas contradicciones dentro del Ministerio con algunos compañeros, porque se empezó a dilucidar de que yo no era nicaragüense”, dijo. Esto coincidió con la etapa en la que se estaba separando de su segunda esposa, la nicaragüense Rosario Orozco, que es la madre de su hija Xilonem.
Tiene buenos recuerdos de funcionarios de la Cancillería, como Guillermo Genie Espinoza, quien estuvo a cargo de los países árabes, fue asesor de Tomás Borge y Embajador de Nicaragua en Libia, pero después abandonó el sandinismo y Nicaragua.
Conserva gratos recuerdos del ya fallecido doctor Leonte Herdocia, quien fue su maestro.
Cuando abandona Nicaragua, regresa a EU a ver a su progenitora y a su padre que todavía estaba vivo. Posteriormente se traslada a vivir a México, donde retomó estudios del taoísmo, algo que ha podido profundizar en los últimos 25 años; además, que se ha convertido en un ecologista que reside en el sector atlántico de Costa Rica, en Playa Chiquita.

Parafraseó a Paulo Coelho
En el estado de Morelos, en México, tuvo su tercera esposa, Verónica Zúniga, la que también le ayudó dándole todo mientras él se dedicaba a estudiar el taoísmo chino.
“Después de la experiencia de Nicaragua empecé una nueva época en mi vida, y decido cambiar de rumbo, y así continúo en el estudio de las filosofías orientales, algo que nunca lo hubiera podido hacer sin la ayuda de la madre de mi hija y de mi hijo adoptivo, que se llama Alejandro Alomá”, dice Ernesto, quien el pasado 5 de agosto cumplió 62 años.
Ernesto, quien ha cambiado radicalmente “la concepción egocentrista” con que uno es formado, dice: “A mí no me interesan logros materiales porque eso no resuelve el problema de fondo”, al tiempo que preguntó: ¿Cuántos ricos hay en el mundo y están vacíos por dentro? Y respondió: “Porque el dinero y las cosas materiales no resuelven los problemas de una persona, cómo se siente en relación con los demás y el universo”.
Fueron “testigos” de la entrevista una pequeña imagen de Buda y una veladora roja encendida, mientras en un equipo de sonido a bajo volumen podía escucharse el tema “New Kid I Town”, del grupo The Eagles, una banda de rock estadounidense que apareció en Los Ángeles, California, en 1971.

ebarberena@elnuevodiario.com.ni