Nacional

Albergues en precarias condiciones


Caras tristes y familias desplazadas es el saldo que han dejado las torrenciales lluvias que han azotado la capital por más de cuatro meses. Según la Alcaldía de Managua, se han creado siete albergues en los distritos 2, 3, 4 y 6, donde se han refugiado 1,170 personas.
Un total de 502 afectados se han aislado en la Escuela Elemental de Acahualinca, 111 en el Colegio Panamericano, 108 en la Escuela Quinta Nina, 119 en la Escuela Santa Clara, 54 en el Colegio “José de la Cruz Mena”, cuarenta en el Colegio “Mercedes Campos”, y 236 en el centro Jehová es mi Proveedor.

Refugios están abarrotados
A pesar de las labores impulsadas por el Gobierno del presidente Daniel Ortega, los recursos son insuficientes para cubrir la creciente población de damnificados, los cuales parecen no tener fin. Según el director del Colegio Panamericano, Oscar Vega Chávez, en el lugar se registran 92 personas distribuidas en 27 familias; 41 niños, ocho lactantes, tres embarazadas y dos ancianos.
“El problema está en que aunque hemos recibido apoyo por parte del gobierno, no nos damos abasto con las necesidades de la población. Hemos recibido colchonetas y comida, pero nos hace falta leche para los niños más pequeños.”
Para hacer frente a las crecientes demandas de la población, el director del colegio propone aumentar el número de aulas destinadas a dar asilo a los pobladores, así como incrementar los recursos disponibles.
“En vista de que cada día es mayor el número de afectados, nosotros le hemos propuesto al Ministerio de Educación que destinemos dos aulas más para recibir a nuevos damnificados, pero siempre y cuando se sigan garantizando sus necesidades básicas”, añade Chávez.
Las autoridades del centro Jehová es mi Proveedor experimentan una situación similar, ya que tienen un total de 236 personas distribuidas en 67 familias.
¿Cuántos damnificados más recibiremos?
“En el centro estamos albergando personas procedentes de cuatro asentamientos que pertenecen al barrio “Camilo Ortega”. Aquí les estamos suministrando todo lo que necesitan: comida, alimentos y colchones, el problema es que no sabemos a cuántas personas más vamos a recibir”, señala el director Francisco Postome”.

Si el número de afectados aumenta, el gobierno se verá en serias dificultades para cubrir una creciente demanda, ya que la mayoría de damnificados han abandonado sus empleos y no tienen fuentes de ingreso para asumir sus gastos.
Según Magdalena Rivera, damnificada del barrio “Camilo Ortega”, la reinserción a una vida normal se ve aún muy lejana.
“Yo no sé qué voy a hacer cuando me tenga que ir de aquí, porque no tengo adónde ir. Mi casa quedó destruida y perdí mi empleo”, asegura.