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Refugio sin horario para los migrantes

* “Los que llegan aquí viven en una sicología de guerra, guiados por instintos de búsqueda, seguridad y esperanza, y les damos ayuda sicológica”, dice sacerdote Pedro Pantoja * “La primera frase es ‘tengo hambre’ o la denuncia de una mujer violada 70 veces”, afirma el diocesano

S. C., México / EL PAÍS   

El reloj no marca hora alguna de cierre de Belén Posada del Migrante. Antes no era así, pero la aldaba se dejó de echar cuando se volvieron frecuentes los casos de sin papeles que arriesgaban su vida saltando la verja en su huida de los secuestradores que los perseguían. Antes tampoco permitían que nadie estuviera más de tres días. Pero en 2009 eso cambió.
“¿Cómo echarlos cuando una mujer que fue violada 70 veces, o alguien que fue golpeado y retenido durante semanas, tarda mucho más que eso en recuperarse?”, se cuestiona el sacerdote diocesano Pedro Pantoja, de 66 años, y que lleva diez organizando la solidaridad de este espacio de acogida en Saltillo, Coahuila (norte de México).
“Las primeras palabras que los emigrantes que llegan pronuncian son: “Tengo mucha hambre”. Así que lo que hacemos es darles algo de comer, sin importar la hora que sea. Luego, dormirán el tiempo que necesiten”, expresa.

Amenazas a la posada
Pantoja habla cadenciosamente, y nada en su voz delata que él y la posada han sido amenazados. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de los Estados Americanos ha pedido al Gobierno mexicano que tome las medidas necesarias para cuidarles.
Ubicada a 100 metros de las vías del tren, una distancia que a pesar de ser poca puede resultar infranqueable para los emigrantes si los secuestradores así se lo proponen, Belén Posada del Migrante es uno de los 42 centros de su tipo que conforman la red de la Comisión Episcopal de Movilidad Humana, un sistema que alberga diariamente a unos 5,000 sin papeles.
“Los emigrantes viven en una sicología de guerra, guiados por sus instintos de búsqueda, seguridad y esperanza. A los que han sufrido les damos ayuda sicológica: les decimos, lo tienes que superar, pero nunca lo vas a olvidar. Es parte de tener memoria y cicatrizar. Ya luego, los preparamos. Tenemos un ingeniero que les da cursos sobre el desierto, sobre cómo caminar, cómo cruzar el río Bravo, cómo respirar para cansarse menos, cómo evadir a los Zetas, es una capacitación para el viaje”, explica el padre Pantoja vía telefónica.
Según sus registros, a partir de 2007 se detectaron dos patrones en torno a los emigrantes: el crimen organizado los eligió como parte de sus intereses, y el número de hondureños se multiplicó. Hoy, dice el sacerdote, representan el 80% de los que llegan. Unos 75,000 al año, según funcionarios de la cancillería hondureña.
Pantoja reprocha que la Policía no les ayuda, y que las autoridades migratorias mexicanas se enojan cuando se les informa de los testimonios que inculpan a sus agentes, acusándolos de brindar protección a los secuestradores. “Llegan despojados y los despojarán aún más”, sentencia el religioso.