Nacional

A un mes heridas todavía sangran en Chichigalpa


Carlos Larios

Chichigalpa es catalogada por sus pobladores como un municipio tranquilo, pero no ajeno a hechos de violencia y a la delincuencia. En muchos puntos de este bonito lugar se pueden observar grupos de hombres y de jóvenes desempleados, entreteniéndose de diferentes maneras, ya que la mayoría está a la espera de un “enganche” en alguna de las empresas más grandes que generan trabajos temporales, como es el caso del Ingenio San Antonio (ISA). En este panorama hay una población que esconde un fuerte resentimiento por lo que consideran el abuso de autoridad de la Policía.
Alonso Israel Cuadra Zamora, un joven de 19 años, originario del reparto Candelaria, tuvo la oportunidad de conseguir el “enganche” para trabajar como cortador y cargador de caña en ISA, desde 2008. Trabajó en esta empresa junto a sus tres hermanos hasta que todo cambió la mañana del pasado 7 de julio, cuando la Policía de Chichigalpa ejecutó una orden de detención por el delito de Robo con Fuerza, que según el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh) estaba vencida, lo que a su vez hizo estallar el resentimiento de algunos pobladores.
Cuadra Zamora pensó que ese sería un día normal de trabajo, y se levantó a tempranas horas de la madrugada para estar listo junto a sus tres hermanos y esperar a las 5:15 a.m. el recorrido de un bus propiedad de ISA en el sector conocido como la Sonia Katín.
Los trabajadores son trasladados hasta otro punto más cercano al Ingenio, conocido como Bodega La Constantino, donde se toman su tiempo para desayunar, y luego dirigirse a sus labores a bordo de un camión, pero esa mañana el consumo de alimentos fue perturbado por un hecho de violencia que generó la muerte de dos jóvenes y 32 lesionados, entre civiles y policías.

Violenta irrupción
Cuadra relató que en ese momento estaba dentro del bus y se disponía a desayunar, cuando de pronto un oficial con el rostro cubierto por un pasamontañas subió al vehículo y lo agarró del cuello, pero el agente del orden estaba acompañado por otros oficiales y guardas de seguridad de ISA, quienes facilitaron sus vehículos.
“En ese momento el que me tiene agarrado me está pegando rodillazos aquí en la costilla, luego subió otro y también me empieza a golpear, pero no sé cuáles son los nombres de esos policías; a mis hermanos no les gustó que me estuvieran golpeando y ellos se metieron, porque es una cosa lógica, y se pusieron a pelear con esos policías, pero después subieron seis más, y cuando miré que estaban golpeando al menor de mis hermanos, vi que se armó el pleito”, recordó Cuadra.
El resto de compañeros de labores de los hermanos Cuadra observaron la violencia policial y la resistencia al arresto, por lo que decidieron apoyar a los jóvenes, lo que produjo que uno de los oficiales realizara un disparo preventivo al aire. Alonso señaló que los policías que llegaron a detenerlo no portaban armas de fuego, por lo que el inspector Nelson Rodríguez le quitó la escopeta a uno de los guardas de seguridad del ISA para dispararle frontalmente a un joven que perdió la vida casi instantáneamente.
Llamamos al gerente administrativo y al relacionista público del ISA, pero el primero a través de su asistente manifestó que estaba en una reunión, mientras el segundo dijo que nos atendería cuando se desocupara, pero al final no recibimos respuesta ante las interrogantes. Las principales: ¿prestó sus armas y guardas de seguridad el ISA a la Policía? ¿Por qué continuaba trabajando Alonso en ISA si se supone que les había robado unos cables?

Inspector Rodríguez mató a Ervin
El disparo impactó en el pecho a Ervin José Urrutia López, de 26 años, compañero de labores de Alonso, quien murió en el lugar del conflicto. “El inspector Rodríguez fue el que hizo todos los disparos, porque hirió también a un muchacho en la oreja, y a mi hermano, Róger Cuadra, le dio con la culata de la escopeta, y cuando se le acabaron las balas le tiró una pedrada; luego varios policías me montan en la tina de una patrulla, me “enchachan” y me van golpeando, y la gente se puso a brincar (reclamar) más”, relató Cuadra.
Sin embargo, las investigaciones policiales y el expediente, por esta primera muerte, en manos del Ministerio Público, señalan que fue el policía voluntario Pastor Tórrez, quien habría realizado los disparos con la escopeta marca Winchester, serie L2710595.
En el lugar, unos 30 compañeros de trabajo del joven se involucraron en el forcejeo contra los oficiales, pero el “chavalo” fue trasladado a las celdas de esa delegación policial donde continuó el conflicto y se tornó más violento. A las 11 de la mañana, familiares del primer fallecido y de los lesionados protestaron en las afueras de la Policía exigiendo justicia. Media hora después, pobladores --sobre todo jóvenes de diferentes barios--, armados de palos, piedras, tiradoras y bombas molotov, expresaron su descontento con los agentes del orden, y los atacaron. 

Muerto no estaba en el conflicto
Ervin Urrutia (q.e.p.d.) trabajaba en el ISA cargando caña en camiones, y según su hermana Silvia Lorena Urrutia, de 22 años, el día de la tragedia éste perdió la vida debido al abuso de la Policía, porque él no estaba impidiendo el arresto de Alonso.
“Según lo que me dijeron los amigos de mi hermano, él estaba largo de donde ocurría el pleito, pero que de repente pasó la Policía haciendo disparos y a él le dieron en el corazón, en la espalda y en la oreja; pero hasta el momento no sabemos quién mató a mi hermano, si ya lo agarraron, ni nos han dicho cuándo va a ser el juicio, no nos han dicho nada”, criticó Silvia.
También resultaron heridos de bala Michael Antonio García Quiroz, de 23 años, y los hermanos Dagoberto y Rider Odonel García, de 25 y de 23 años, respectivamente, quienes fueron trasladados a un centro hospitalario, y actualmente están afectados por las consecuencias que les han dejado estas lesiones.
La Policía informó que éstos junto a otros obreros intentaron despojar de sus armas a los oficiales, pero las víctimas aseguran que los agentes del orden llegaron desarmados, y prueba de ello es que tuvieron que auxiliarse de las armas de los guardas del ISA.
Rider asegura que él no estaba evitando el arresto de Alonso, y que no se explica cómo un oficial de la Policía se dispuso a realizar disparos de manera descontrolada. “Yo ni siquiera estaba viendo el problema, porque lo que busqué fue apartarme del lugar, no miré quién disparó porque corrí de espaldas, y algunos dicen que miraron disparar al inspector Rodríguez, yo lo vi con la escopeta pero no sé si fue él quien disparó”.
“La Policía de Chichigalpa es muy violenta (e) irrespeta los derechos de los pobladores, es necesario que la cambien”, consideró Ridel, quien desde que resultó herido no ha podido trabajar, ya que las lesiones no le permiten movilizarse.
En el expediente policial señalan que “…las personas que estaban en el camión antes descrito, se opusieron tomando palos, piedras y otros objetos que lanzaron en contra de los oficiales de Policía que integraban la guardia operativa, ante lo cual el acusado Pastor Tórrez Medina para repeler la agresión, sin tomar las debidas precauciones en el uso racional de armas de fuego, disparó al menos en tres ocasiones el arma que portaba”.

“Salió a comprar medicamento y lo mataron”
La Policía de Chichigalpa informó que los agentes Nelson Rodríguez (al frente de los uniformados), Leonardo Torres y Agapito Silva resultaron con lesiones y golpes. Pero la acción de estos oficiales provocó que la batalla campal continuara, y en horas del mediodía los pobladores atacaron a los policías, quienes respondieron lanzando bombas lacrimógenas, regresando las pedradas y subiendo a un agente al techo de la unidad con un fusil AK.
En los canales de televisión se pudo observar el preciso momento cuando un oficial armado de un fusil AK realizó un disparo de manera frontal contra los inconformes pobladores. A las 3:10 p.m., el joven Norvin Antonio Flores Flores recibió en la tetilla derecha un impacto de bala y cayó agonizante en la esquina noreste del parque, alrededor de su cuerpo se podía observar a oficiales que no le brindaron auxilio. 
Doña Damaris Flores Ríos, de 49 años y madre de Norvin, relató que ese día envió a su hijo a comprar a la farmacia un medicamento para otro de sus hijos que prácticamente está desahuciado, pero el adolescente no regresó más con vida.
“Cuando vi que no regresaba, salí a buscarlo por todas las calles, pero no lo encontré, regresé a mi casa y una vecina me dijo que estaba viendo en las noticias de los canales a mi hijo muerto, yo salí como loca corriendo a identificarlo; mi hijo no tenía nada que ver con esa trifulca, porque a él lo impactaron al dar la vuelta por una esquina por la espalda”, recordó doña Damaris.

Expediente aún en investigación
Josefina Lucía Flores, de 48 años y tía del fallecido, dijo que los culpables de la muerte de su sobrino son los oficiales, y descarta que el arma la haya disparado un poblador del lugar, ya que éstos no portaban armas de fuego al momento que enfrentaban a las autoridades policiales a quienes les dañaron una camioneta y una moto policial. Denunció que pasaron varios días luego de la muerte de Norvin y no hubo quién les recibiera la denuncia en la delegación policial, y ahora temen que no se haga justicia en este caso.
La Directora General de la Policía Nacional, primera comisionada Aminta Granera, dijo que no han concluido con las investigaciones de este caso por ser más complejo, y advirtió que no van a permitir que más oficiales sigan siendo agredidos por pobladores, tras recordar los incidentes de Chichigalpa, advertencia que no comparte doña Damaris.
“Ahora la comisionada Granera se lava las manos diciendo de que ella no va a permitir que le estén boicoteando a la Policía, según ella repudia lo que el pueblo ha hecho, pero no condena los hechos que hizo la Policía, yo no estoy conforme con esto… le pido a la comisionada que se haga cargo de esto y se haga justicia”, exhortó con lágrimas en su rostro la adolorida madre.
Doña Josefina solicitó a la jefa de la Policía que así a como puso a trabajar a todo el aparato policial cuando a ella la visitó una bala perdida en su casa de habitación, ubicada en residencial Altos de Santo Domingo, también ponga a trabajar a los oficiales para aclarar este caso, teniendo en cuenta que todos somos iguales ante la ley y la Constitución.