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Miles de promesas pagadas y “Minguito” ya está en Managua

* Derroche de tradición y fe en trayecto desde Las Sierritas hasta los escombros de Managua * La “Chica Vaca” no sólo llegó, sino que bailó, repartió bendiciones y gritó vivas a su santo patrono

Santo Domingo de Guzmán ya se encuentra en Managua. La pequeña imagen bajó del que es su hogar la mayor parte del año para darles la oportunidad a los fieles de tenerlo al alcance de la mano y que le presenten sus peticiones.
Desde Las Sierritas, Minguito fue trasladado hacia la iglesia de Santo Domingo en los escombros de Managua, en medio de toda una peregrinación religiosa que congregó a miles de creyentes, los que aprovecharon la ocasión para saldar alguna promesa hecha al milagroso Santo.
Los primeros cohetes se escucharon a las seis de la mañana de ayer. La imagen salió de su santuario rodeada de fieles. Algunos de los presentes estuvieron en vigilia toda la noche, a la espera de que “Minguito” iniciara su recorrido. Otros madrugaron y llegaron a Las Sierritas con los primeros rayos del Sol.
Minutos antes de que el recorrido de Santo Domingo iniciara, se dio un enfrentamiento verbal, que casi llegó a los golpes, entre el Comité de Cargadores de Managua y el de Las Sierritas. Pero este hecho no empañó la celebración.
Centenares de capitalinos caminaron los casi 10 kilómetros de distancia --desde la iglesia en Las Sierritas hasta el templo en Managua-- acompañando a Santo Domingo, que este año fue adornado con flores color naranja.
La fiel asistente
Pese a estar en duda la presencia de la popular Francisca Villalta la “Chica Vaca”, el equipo periodístico de EL NUEVO DIARIO tuvo la oportunidad de hablar con la mayor de los promesantes. Como en sus mejores tiempos, la “Chica Vaca” bailó al Santo, aun con sus fuerzas menguadas.
Tomando en cuenta la batalla que tiene con su “álbum de recuerdos”, sorprendió a una de sus admiradoras. “¿Se acuerda de mi mamá?, ella le ayudaba a usted para que hiciera sus arreglos”, le dijo la promesante. La “Chica Vaca” respondió sin titubeos: “Claro que me acuerdo de ella, ¿cómo voy a olvidarla?”, y hasta le dijo la dirección de la casa donde vivía.
Al preguntarle su nombre, la “Chica Vaca”, ella respondió: “Me llamo Juana Francisca Villalta… y me dicen de cariño la ‘Chica Vaca’… ¡¡Viva Santo Domingo!!”, gritó con voz quebrada. Fue tanta la emoción que causó entre los promesantes, que un matrimonio se acercó para pedirle que bendijera a sus gemelitos.
Al recorrido, la acompañó su hijo Álvaro Santos, quien además es el jefe de la cuadrilla de bomberos voluntarios del Mercado Oriental. “Todos los años la acompañamos y le damos nuestro apoyo, y así será hasta que ella pueda”, expresó Santos.
Promesantes
Fue inevitable ver a un par de niños pintados de rojo acompañadas de su papá de nombre Juan Gabriel Rostrán, quien aseguró que “cuando nació la primera niña (Perla) me dijeron que tenía un tumor en la cabeza y se la entregué al Santo en promesa, para que la sanara, y a los pocos meses ya no tenía nada… la segunda niña (Rosa) casi no llega a nacer, pues su mamá estuvo a punto de tener un aborto y ambas salieron con bien, por eso estoy pagando promesa”, contó. Otra de las promesantes, María Morales expresó que “Minguito me salvó la vida, yo fui baleada, y en mi lecho de muerte él me tocó… yo lo sentí y pude verlo en mi mente. A los cinco días hasta me dieron de alta”, relató.
Como éstos, son decenas los milagros que los fieles atribuyen a aquel Santo que realizó su primera manifestación en tierra nicaragüense en 1885.
Emocionados
A la llegada de “Minguito” al barco, los cargadores asignados no pudieron aguantar las ganas de llorar al colocarlo sobre la mesa. Entre lágrimas y risas se abrazaban y oraban al Santo patrono por lograr un año más de tradición.
Restan nueve días para que la diminuta pero muy aclamada imagen regrese a su hogar de antaño, que deja únicamente durante 10 días para bajar a Managua.
La celebración de Santo Domingo de Guzmán se remonta a la segunda mitad del siglo XIX, en 1885, cuando un campesino de Las Sierritas encontró la imagen dentro de un hueco  de madero negro.
Según cuenta la tradición, aunque el campesino --Vicente Aburto-- trasladó al Santo a Managua, en más de una ocasión la imagen regresó milagrosamente al mismo lugar donde fue encontrada, por lo que decidieron construir un templo donde pudiera ser venerada.