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“La Abuela del Iván” no descansó ayer

* Se trata de una anciana que se gana la vida vendiendo la suerte * Casada dos veces, no pudo tener hijos, aunque dice que no paró de intentarlo

Amparo Aguilera

Mientras la mayoría de nicas preparaba ayer los festejos para sus madres, Clementina Pérez, de 86 años, se disponía a vender, como siempre, la lotería y la raspadita en una esquinita del mercado “Iván Montenegro”, para “sacar la comida del día”, como ella misma explica.
La ancianita, conocida como “La Abuela” en el mercado señalado, cuenta que no tiene hijos, pese a que se casó dos veces y en las dos ocasiones lo intentó.
Pero “Dios no me los dio, hice el intento, de nada sirvió. Ahora no tengo a nadie que mire por mí, sólo unas sobrinas que hacen lo que pueden, por eso el Día de la Madre para mí es como cualquier otro: un día más de trabajo. No descanso, no paro de trabajar”, comenta.
Aunque no muestra resentimiento por esto. La señora vende la lotería y la raspadita desde las ocho de la mañana. Termina la faena entre 5 y 5:30 de la tarde. La mayoría del tiempo pasa sentada en una silla de plástico, ofreciendo la suerte a toda persona que ve sobre el andén.
A su lado derecho, mantiene una cajita de cartón, donde guarda agua y pan para comer. “La verdad es que como poquito, entonces prefiero no gastar mucho en comida, pues cada plato vale 40 córdobas y no me gusta desperdiciar”, expone.

Trabaja con bastón en mano
Refiere que una sobrina la lleva hasta el mercado. “La casa queda cerquita, así que me vengo caminando (con bastón en mano) hasta el Iván”, indica, tras advertir que sus parientes le han pedido que dejé de trabajar, “pero no puedo vivir sin hacerlo”, manifiesta.
“La Abuela” tiene más de 50 años de vender lotería en distintos puntos de la capital. Uno de sus orgullos es el premio mayor que vendió el año pasado. “Lo vendí en pedacitos aquí (en el “Iván Montenegro”) y fue de 5 millones de córdobas, para mí fue una gran alegría porque varias personas se ayudaron con el premio, incluyendo yo”, destaca.
Para sus clientes ella es un ejemplo. “Mientras unos andan de vagos, robando o pidiendo, la señora, como puede, se gana su comida honradamente. Siempre viene al mercado, nunca, nunca falta”, dice Omar Zeledón, quien de vez en cuando le compra la lotería.
“La Abuela” detalla que al día vende unos 30 “pedacitos” de la suerte. “Vendo algo cada día, a pesar de que la gente no tiene riales. La gente vive a como puede, siempre ha sido así, pero gracias a Dios no dejo de vender”, apunta.
Cuando se le pregunta por su “jubilación”, suspira y recalca: “Hasta que no pueda bajar de mi cama dejaré de vender lotería, yo no puedo ni quiero dejar de trabajar, no tengo hijos y me tengo que mantener”, puntualiza, mientras continúa ofreciendo la suerte a los managuas.