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Una madre doliente a un año de fallido transplante de riñón

El 30 de mayo de 2009, el muchacho dejó los oficios de ayudante de construcción para siempre. En un trágico intento por escapar de la pobreza, dio su riñón y perdió su vida. Ahora una mujer llora la pérdida de su hijo en el propio Día de las Madres, una investigación pierde su rumbo en el laberinto del Poder y un caso de negligencia no alcanza la justicia, mientras la madre advierte: “su muerte no quedará en el olvido”

José Adán Silva

A ella le duelen los recuerdos. “Son punzadas aquí”, dice Elizabeth Tercero, tocándose el pecho con la mano derecha abierta a la altura del corazón. La temporada comercial de mayo, con las promociones festivas dedicadas a las madres y las canciones, y anuncios alusivos a las progenitoras, la tienen al borde del colapso.
“Uno quisiera escapar a eso, pero es mentira, le salen por todos lados las canciones y anuncios, y aunque yo no quiera, no dejo de oírlas”, dice ella en relación con las trilladas y dulzonas trovas como “Loco por un amor me aleje de tu lado, madrecita querida…” de Julio Jaramillo, que se desempolvan cada 30 de Mayo para acompañar la promoción de leches y pasteles a precios especiales por ser el mes de las madrecitas nicaragüenses, repiten los anuncios radiales.
“Yo perdí toda alegría con la ida de mi hijo”, cuenta Elizabeth, meciéndose suavemente en una silla de junco, donde se recuesta desganada para elevar la vista al techo y extraer de la memoria aquel capítulo del 30 de Mayo de 2009, que ahora le amarga los días del Mes de las Madres.

Filosofía de madre
Hace un año, exactamente un viernes por la tarde, el 29 de mayo, ella y su hijo Luis Enrique salieron en taxi antes de la siete de la mañana hacia el Hospital Militar Escuela Alejandro Dávila Bolaños. “Yo quería que todo saliera bien por él, por Luis, pero muy en el fondo temía algo malo”, cuenta ella mientras alza su vista al techo de láminas de zinc opacas.
El acto era la culminación de largos dos meses de protestas de ella y defensa férrea de él, por la decisión del muchacho de entregar uno de sus riñones a un estadounidense que no hablaba español y al que apenas tres meses antes había conocido, cuando Luis Enrique trabajaba como ayudante de albañilería en una urbanización de Managua.
La discusión llevaba tiempo. Él le decía a su madre que no se preocupara, que la operación de trasplante de riñón no sería un peligro y que por la oportunidad de poder viajar a Estados Unidos, de trabajar allá y ahorrar dinero, bien valía la pena arriesgarse a donar uno de sus órganos.
Ella confió en la buena estrella de su hijo, y aunque nunca estuvo del toda segura de la peligrosidad de la operación, al final decidió apoyarlo “porque usted sabe, las madres apoyamos a nuestros hijos aún en las peores decisiones y siempre esperamos que todo le salga bien”.
Al día siguiente, al joven todo le salió mal. Tan mal que murió. La historia, contada durante varias semanas por EL NUEVO DIARIO, todavía la agita a ella. Sobre todo porque fue la última vez que ambos estuvieron rezando.

¿Red que trafica con órganos?
El reporte médico de la muerte, según las investigaciones de EL NUEVO DIARIO, indicaba que el joven de 24 años murió en la sala de recuperación del centro médico, dos horas después de haber salido del quirófano y luego que sufriera una hemorragia por la ruptura de las puntadas en la vena cava donde estaba el riñón extraído.
El caso, denunciado en su momento por fuentes médicas, y corroborado por este medio, levantó graves sospechas de tráfico de órganos por la relación donante-receptor: un joven pobre ofrecía su riñón a un estadounidense mayor que no hablaba español y que había gastado miles de dólares en tratamiento en el Hospital Metropolitano Vivian Pellas.
Varios médicos que estuvieron involucrados en enlazar a donante y receptor, de acuerdo a las fuentes hospitalarias, se quedaron con fuertes sumas de dinero entregadas por el enfermo que buscaba salvar su vida.
“Ese dinero les mancha de sangre las manos y de vez cuando, sobre todo cuando el caso vuelve a la palestra temen que algún día la justicia les alcance, porque hasta ahora siguen impunes”, dijo uno de los doctores que colaboró con las investigaciones de este medio.
Se habló entonces de ofertas de dinero, de promesas de viajes al exterior, de ofrecimiento de trabajos bien remunerados y de complicidad de médicos en la operación.

De Nueva York a la muerte
De todas las denuncias, las únicas comprobadas hasta la fecha son que el joven Luis Enrique Picado murió desangrado y que tres meses después, el 8 de agosto, murió el receptor estadounidense en la sala “J” del Hospital Militar.
El paciente extranjero se llamaba Ryan Mattews, era oriundo de Nueva York y padecía de Insuficiencia Renal Crónica, enfermedad que se trataba en el Departamento de Nefrología del Hospital Metropolitano.
EL NUEVO DIARIO habló con uno de los médicos que atendió al joven en la operación del 30 de Mayo. Visiblemente preocupado, a ratos nervioso o dubitativo, el galeno respondió y confirmó algunos detalles del incidente.
Lo primero que ratificó fue que el joven murió a las pocas horas de la operación un día como hoy de hace un año, por las causas señaladas.

Un acta para morir
Lo segundo que dijo fue que tanto al donante como al paciente receptor, lo trataron varios doctores y asistentes médicos: urólogos, anestesiólogos y nefrólogos, más personal extra en exámenes, placas y otros de Unidad de Diálisis del Hospital Militar.
Lo tercero que afirmó fue que el personal médico sabía que en el expediente del paciente donante existía un acta notarial donde el joven Picado Tercero, “de su libre y entera voluntad”, donaba el órgano al señor Mattews y que eso implicaba que no existía, en modo alguno, algún tipo de trato comercial, sino un acto humanitario.
Elizabeth pidió una investigación por negligencia médica, luego que las autoridades del Hospital Militar reconocieran que la muerte del joven fue por desangramiento abdominal en una acción médica en la que los galenos habían asegurado no existirían riesgos fatales.
La Fiscalía comenzó las investigaciones del caso y encontró a la abogada que extendió el documento notarial, quien declaró que el joven se presentó a su despacho con el extranjero y otra persona, y que pese a que donante y receptor no hablaban el mismo idioma, ambos de mutuo acuerdo aceptaron “asumir responsabilidades por la donación”.
El destape del caso afectó mucho a doña Elizabeth, la madre del muchacho, sobre quien pesaba la sospecha de haber apoyado a su hijo a prestarse a la operación a cambio de 20 mil dólares.
Ella siempre negó saber del dinero, pero confirmó ante la Fiscalía y ante el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos, Cenidh, la versión de promesas de empleo en Estados Unidos a su hijo.

Sueños de pobre
“Él quería irse, ahorrar dinero y ayudarme a mí a comprar un terreno y hacer una casa, poner una venta y él seguir estudiando”, recuerda la señora, a quien la interrumpen en sus relatos para entregarle un rollo de tarjetas de invitación con la cara mística de dos Jesús con corazones ardientes en medio de auras, que invitan a la misa del muchacho, prevista a realizarse a las 9:00 a.m. de hoy, domingo 30 de Mayo en la Iglesia Santo Tomás Apóstol.
Las instituciones médicas dieron la cara y deslindaron responsabilidad. El Hospital Militar dijo que lo que existió fue “una relación contractual entre el paciente y el médico”.
“No es la relación contractual entre el paciente y el hospital. Tenemos documentos que firman ellos, que establecen claramente que es responsabilidad exclusiva del médico la atención del paciente, de su ingreso, atención y egreso, donde el médico establece la atención, el horario del cuido, y el hospital asume la responsabilidad inherente a la prestación de la atención médica de soporte al paciente”, dijo entonces el doctor Hugo Argüello Martínez, coronel del Ejército de Nicaragua y segundo jefe nacional del cuerpo médico del Hospital Militar.

Esperanzas versus realidad
El otro hospital emitió comunicados donde decían que una de las dos personas mencionadas en el caso (Mattews) había iniciado tratamientos en sus instalaciones, pero que debido a que no estaban facultados por el Ministerio de Salud para realizar trasplantes renales, el caso fue continuado en otro hospital por decisión del paciente.
“A mi hijo lo convencieron para que entregara su riñón. Hasta lo obligaron a firmar un acta notarial para que no se echara para atrás, y cuando yo le dije que parara, los mismos médicos intervinieron y me dijeron que no me preocupara, que era una operación normal y que ellos ya lo habían hecho antes, que iba a ser exitoso”, dijo la señora en sus denuncias ante el Cenidh y el Ministerio Público.
El fiscal especial a cargo de las investigaciones, Javier Morazán, no avanzó mucho en las pesquisas y un año después, ya no está a cargo del caso.
“Ahora lo lleva otro fiscal y el caso sigue bajo investigación”, dijeron en la Fiscalía cuando este medio preguntó qué había ocurrido con el asunto. La mamá del joven cree que su lucha no será en vano y que un día se hará justicia para su hijo: “Su muerte no va a quedar en el olvido”, sentencia.

Muerte "no determinada"
Sus esperanzas chocan estrepitosamente con la realidad del caso. En principio, nadie pidió la exhumación del cadáver y ella se quedó con la duda sobre si el nudo o la sutura que se le hizo a su hijo eran las adecuadas.
“Incluso me dijeron que si quería exhumación yo debería pagar los gastos y hasta comprar un nuevo ataúd, yo busqué apoyo y ya lo tenía, pero un policía que estaba a cargo me dijo: ya no hay necesidad de sacarlo, vamos a rifarnos con los expedientes”, recuerda ella.
En septiembre del año pasado el Instituto de Medicina Legal emitió un dictamen forense donde si bien reconocieron que la vena cava donde antes tenía su riñón izquierdo se abrió como grifo y la sangre se escapó por ahí junto con la vida del muchacho, no obstante, encontraron que la causa de la muerte del joven Luis Enrique Picado Tercero era “no determinada”.

Se abrió el corte
Según el Dictamen Médico Legal Post Mortem, realizado en base a documentos del expediente clínico del joven de 23 años fue “hemorragia masiva intra-abdominal”.
La causa intermedia fue “sangrado del cabo de la arteria renal izquierda” y esto ocurrió a consecuencia de “nefrectomía izquierda”, término médico usado para calificar la extirpación del riñón izquierdo para entregarse en trasplante a otro paciente.
En el punto tres del informe, realizado por los médicos forenses Walter Cuadra y Tuckler Urroz, se encontraba el acápite “Manera de la Muerte”, y las respuestas se catalogaba en varios cuadros donde se marca con X la causa: Natural, Suicida, Homicida, Accidental, No Determinada y No clasificable.

A paso de tortuga
La muerte de Luis Enrique Picado Tercero fue clasificada como “no determinada”, con el asterisco de que este acápite “es presuntivo de acuerdo a las circunstancias de la muerte y desde el punto de vista Médico Legal, está sujeto a modificaciones según avancen las investigaciones complementarias”.
Las “investigaciones complementarias” no han avanzado y a la fecha ella sigue esperando que alguien le diga oficialmente: “Señora vamos a enjuiciar a los que hicieron esto”. Mientras tanto, hoy ella se prepara para eludir las canciones y promociones del Día de las Madres y continúa reviviendo día tras día, aquellos recuerdos del hijo que tuvo.