Nacional

Comercio “se tragó” andenes y aceras

* El ciudadano ahora no sólo enfrenta a la delincuencia sino que sin aceras hay que bajar a las calles y exponerse a desalmados conductores * Fritangas, comiderías de 24 horas, bares y otros negocios se han tomado “el derecho de vía” del transeúnte * Urbanismo dice que está mal, que debe corregirse, pero no anuncia medidas ante un mal que cada día crece sin control

Caminar por Managua es tan escabroso como escudriñar la mente de un psicópata.
La tranquilidad es ajena a quienes tienen que recorrer la capital a pie, ya que deben ir cuidándose del que viene de frente y del que llevan al lado, pues en cualquier momento pueden ser víctimas de la delincuencia. A esto sumémoslo que literalmente se camina en la calle, debido a que las aceras han sido devoradas por un monstruo llamado comercio y por el desorden urbanístico con el que se edificó y se sigue edificando, sobre todo en avenidas principales.
Y por si lo anterior no es suficiente, los peatones son presa de los irresponsables que parquean los vehículos en las aceras, creyendo que por el simple hecho de que esa área está a la salida de su casa les pertenece, cuando en realidad es un espacio público en el que la circulación no debe ser obstaculizada por nada, ni por nadie.
EL NUEVO DIARIO hizo un recorrido por algunos sectores para constatar esta triste y al parecer irremediable realidad, pues es un problema de vieja data que ningún gobierno municipal ha logrado resolver, dejando entrever que la seguridad de los ciudadanos está en un segundo plano.

Una historia que se repite
Durante el recorrido, justo cuando circulábamos por el sector de Linda Vista, la joven Bianca Izaguirre se dirigía a realizar una diligencia personal, acompañada por un niño, cuando en cuestión de segundos, su propósito casi se ve truncado, pues una unidad de transporte colectivo estuvo a punto de atropellarla.
Cuando la abordamos, aún lucía asustada por el percance y hablaba con dificultad. Unos segundos después, compartió que “esta calle es peligrosa por donde se le busque, porque hay bastante tráfico y no hay aceras, aquí pasan varias rutas y uno sólo las ve venir encima. La vida se pone en riesgo al andar aquí”.
A escasos metros, don Oswaldo Martínez venía en su silla de ruedas. Procedía del Centro de Salud Francisco Morazán, donde le habían curado una herida. Aún aturdido por el dolor y agobiado por el sol, manifestó su preocupación en cuanto a que no existan andenes en ese sector, ya que lo considera más que peligroso.
“Yo creo que la alcaldía tiene que tomar cartas en el asunto y ampliar la vía porque los peatones están expuestos y los lisiados corremos mucho riesgo al andar en media calle. Hay que ver que han sucedido demasiados accidentes y si se pueden evitar ampliando la vía, sería mejor”, compartió Martínez.
Continuando el itinerario, cerca de los semáforos de La Ceibita, el vehículo en el que se movilizaba el equipo de END se encontró frente a frente con don Daniel Miranda, quien desafiaba el riesgo desplazándose por la carretera ya que el único espacio peatonal en ese sector mide escasos centímetros, y para colmo, estaba ocupado con varias cajillas de bebidas gaseosas, dejándolo en la sin remedio de “torear” autos.
Al preguntarle qué opina de tener que circular en plena vía para vehículos, Miranda respondió que “es una barbaridad, esto es una especie de cuchillo para los que andamos a pie, es peligroso y nadie ha hecho nada”.
También resultó curioso ver cómo en ese mismo sector, la gente tiene que ir agarrándose de poste en poste, si quiere mantener el equilibrio para caminar en la hílica acera que bordea esa transitada avenida.

Fritangas y bares al ataque
Los negocios en los que se vende comida, popularmente llamados fritangas, han proliferado en la capital, como un modo de subsistencia, sin embargo, la mayoría de propietarias pretenden ganarse la vida exponiendo la de otros.
Al recorrer Managua, el cuadro es el mismo, sólo que con diferentes actores y escenario, como si se tratase de adaptaciones del mismo guión teatral: en la acera, enfurecidos asadores que consumen la carne y el pollo condimentado que pronto servirán, inmensas calderas de aceite bullente como magma, mesas y sillas dispuestas a ser ocupadas, clientes que en medio del humo aguardan el servicio. Hombres y mujeres que cocinan y despachan, la acera resulta pequeña para tanta gente, más aún para el peatón, que si hace uso de ella prácticamente está invadiendo el negocio, granjeándose el descontento del dueño del local.
Asimismo, después del mediodía, en la mayoría de esos locales no sólo comercializan comidas, sino que también expenden licor, por lo que los clientes ya no son sólo comensales sino también tomadores que cuando ya están ebrios le faltan el respeto a los peatones.
Algo que no se puede perder de vista es que este tipo de negocios no sólo obstaculizan
la libre circulación, sino que ponen en riesgo a los transeúntes, pues con facilidad cualquiera que evite caminar en la calzada puede resultar quemado, bien con aceite, bien con el asador. Sin olvidar que el piso de estos locales es resbaloso debido a la grasa que derraman.

Puestos de la unan
Trasladarse de la entrada principal de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, UNAN-Managua, hacia el lago, en dirección a la Rotonda Rigoberto López Pérez, es una verdadera odisea, considerando que hay un tramo significativo invadido por negocios en los que venden subway, hamburguesas y otros alimentos que se preparan al instante, en estufas dispuestas en la acera. Al igual que las fritangas, ahí hay mesas y sillas para los clientes que llegan a saciar su apetito.
El desorden en ese punto es totalmente inverosímil, y aunque muchos estudiantes opinan que no es apropiado que estos negocios invadan el andén, reconocen que son necesarios para ellos.
“Vea, yo sé que no es correcto que estos vendedores se hayan tomado la acera, porque para poder caminar uno tiene que ingeniárselas, pero hay algo que es una realidad y es que esa gente vende barato. Los precios que ellos ofrecen son acordes a la situación, porque en los comedores internos de la universidad todo es caro”, compartió el estudiante del curso sabatino Álvaro Espinoza.
Cerca de Espinoza estaba José Francisco Collado, quien también opinó que es un riesgo caminar por esa calle, en la que rutas, vehículos particulares y los peatones comparten el mismo espacio adoquinado, como si fueran de una misma especie. No obstante, Collado hizo una observación muy importante acerca de la seguridad de los vendedores y los clientes: “El problema no es sólo que la gente que va a pie está siendo perjudicada, sino que los mismos vendedores y los clientes corren peligro, porque un carro que venga a alta velocidad y con desperfectos mecánicos se puede ir a estrellar en esos módulos y matar a los que estén ahí. El problema es bastante serio y hay que tratarlo”, recomendó.

“Ni modo, es el punto exacto”
Con la tranquilidad en su rostro, doña Carmen López estaba maquillándose, sentada en una de las sillas plásticas que coloca en el andén de la UNAN, donde desde hace diez años vende comida rápida.
Al preguntársele si está conciente sobre el peligro que corre estando ubicada en ese lugar y que si aceptaría que la Alcaldía la reubique refirió: “Yo sé que es peligroso pero ni modo, aquí es un punto estratégico y el impuesto que le pago a la Alcaldía es más barato que si alquilo un espacio adentro de la UNAN. Ahí estaría segura, pero además de lo caro, no podría vender cuando la universidad cierra, en cambio aquí puedo estar todo el tiempo”, refirió López.

Alma: no respetan la ley
El director de Urbanismo de la Alcaldía de Managua, arquitecto Leonardo Icaza, dijo que la acera es el área de circulación cómoda, segura y accesible para el peatón, y que ésta no debe ser obstaculizada.
Al hacerle ver la realidad de la capital, fue enfático al decir que desde 1984 existe el Reglamento del Sistema vial para el municipio de Managua, en el que se estipulan las medidas que deben tener las aceras y la función de ésta.
“La acera no es para poner mesas ni ningún negocio. Hay otros puntos en los que la gente construye a como quiere y hay invasión de derecho de vía de las casas que hacen el muro frontal en lugares no apropiados. La gente no tiene conciencia y caen en violaciones a la ley”, argumentó.
No obstante, la arquitecta Ena Ardón adujo que la comuna no puede hacer mucho para solucionar esta situación, porque tienen pocos inspectores y se les dificulta ubicar los puntos exactos en los que la gente está invadiendo este espacio. Asimismo, la arquitecta Karen Bonilla señaló que la población puede quejarse mediante cartas ante la dirección de Urbanismo y que ahí se le dará seguimiento al caso para acabar con estos atropellos.
Pese a la anuencia que alega la comuna para resolver esta pandemia, lo concreto es que el mal está bastante extendido y que si no se toman medidas enérgicas, lo único que nos queda es esperar que a los peatones nos pongan placas y pide vías para circular más seguros por las calles.