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“Las Constituciones no son hijas caprichosas del pensamiento”

* Se encuentra presente en el “Diccionario crítico de juristas españoles, portugueses y latinoamericanos” * Obra fue editada por la Cátedra de Historia del Derecho y de las Instituciones de la Universidad de Málaga, España y L’Institut pour la Culture et la Coopération (Montréal, Québec)

Un esfuerzo intelectual de envergadura, que congrega la vida y la obra de los juristas hispánicos, brasileños, quebequenses y restantes francófonos, más connotados de la historia mediata, es el “Diccionario crítico de juristas españoles, portugueses y latinoamericanos”, editado por la Cátedra de Historia del Derecho y de las Instituciones de la Universidad de Málaga, España, y L’Institut pour la Culture et la Coopération (Montréal, Québec).
Nicaragua está presente en esta obra, a través de la biografía del insigne jurista Emilio Álvarez Lejarza, que fue escrita por el autor de éste artículo en estrecha coordinación con la Facultad de Derecho de la Universidad de Málaga, y, desde luego, con las luces del doctor Emilio Álvarez Montalbán, hijo del jurista multifacético.
Cada biografía, ahí expuesta, rescata el papel que jugaron en su tiempo los hombres y mujeres de leyes en los difíciles caminos de la lucha por el Derecho, que no es más que el elevado propósito de hacer prevalecer la justicia, a través de la razón y las razones, tal y como lo recuerda Cicerón, quien, posiblemente, salvó su patria con el don de la palabra, sin armas ni ejércitos.
La obra terminada e impresa llegó a manos de quien escribe en 2009 cuando me encontraba en Filadelfia, EU, sirviendo en causas intelectuales. Diserté sobre la vida del nicaragüense ante un selecto grupo de juristas norteamericanos. Y ahora, no he dudado en compartir con los lectores de EL NUEVO DIARIO un fragmento de la biografía del hombre que contribuyó con sus estudios a limpiar, de interesadas leyendas y errores intencionados, la historia de Nicaragua y de Centroamérica en general.
Observador del bien público
Nacido el 25 de octubre de 1884 en Granada, departamento de Nicaragua, realizó estudios de bachillerato en el Instituto de Oriente de Granada. Mientras cursaba la licenciatura, impartió clases de Matemática y Gramática en aquel instituto. En 1917 obtuvo el grado de Doctor en Derecho en la Universidad de Oriente, con tesis sobre las Asignaciones forzosas.
Fue titular, durante varios años, de la cátedra de Derecho Constitucional en las escuelas facultativas de Managua y de Granada, destacando por su agudo conocimiento del Derecho y la Historia, donde con acierto aplicó el método histórico.
Ejerció como Juez de Distrito, desempeñó la cátedra de Educación Pública durante el gobierno del General Emiliano Chamorro, y más tarde las funciones de Magistrado --el más joven de su tiempo-- de la Corte Suprema de Justicia. Desarrolló tareas diplomáticas como Ministro Extraordinario y Plenipotenciario de Nicaragua en Honduras y Cónsul Honorario de España en Nicaragua (1940). También fue Senador.
Militó activamente, como toda su familia, en el Partido Conservador. En 1950 representó al partido en las negociaciones con los liberales, quienes, en ese momento, estaban en el poder. Ello dio como resultado “El pacto de los generales”, un acuerdo firmado por Anastasio Somoza García y Emiliano Chamorro que trajo consigo la reforma de la Constitución.
En el tiempo difícil de su partido político, fue gerente del diario de Managua La Prensa. Formó junto a su director, Pedro Joaquín Chamorro Zelaya, una pareja de estudiosos ciudadanos observadores del bien público y vigilantes de la legalidad.
Enriqueció el estudio del habla nicaragüense
Miembro fundador de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua (establecida en Managua el 20.IX.1934), además de Secretario Perpetuo de la Academia Nicaragüense de la Lengua, en la que ingresó el 23.XII.1941, renunciando posteriormente.
Enriqueció el estudio del habla nicaragüense e impulsó la inclusión de voces de raíces indígenas en el Diccionario de la Real Academia Española. Perteneció a varias academias de Historia de América, en cuyas labores colaboró de modo muy destacado. De su matrimonio con Juana Montalbán Herdocia (1918) nacerán sus hijos: Emilio Ignacio y Juan. Al fallecer su primera esposa, se casó en segundas nupcias con Margarita Chamorro Zelaya (1925), y tuvo seis hijos: Esperanza, Berta, Julio, Margarita, Carmen y Pedro José.
Multifacético ciudadano
Su estudio sobre la historia constitucional de Nicaragua, cuyo prólogo corrió a cargo de Manuel Fraga Iribarne, representa un sobresaliente ejercicio de hermenéutica jurídica y una impagable lección de patriotismo.
En ella puede leerse: “Las constituciones políticas (…) no son hijas caprichosas del pensamiento que las redactó ni son obras sistemáticas concebidas por el genio de los autores. Son hijas de la Historia y se incuban lentamente en el seno de las sociedades en las que se engendran y se desarrollan, al impulso de fuerzas que al fin terminan por imponerse. Por eso los directores de pueblos, aunque tengan un valor personal formidable, rastrean esas corrientes que agitan a los pueblos para sacar fuerza y prestigio, ya que tal es el secreto de su poder sobre las multitudes. Cuando prescinden de esos movimientos, cuando por sordera o ceguera no oyen ni ven, ni alcanzan a comprender e interpretar lo que los pueblos desean y no responden a sus necesidades y anhelos presentes, se malgastan y van perdiendo la confianza popular”.
Como Senador, mantuvo una intensa actividad parlamentaria en la Asamblea Constituyente que dio origen a la Constitución Política de 1950 (La Gaceta, nro. 235, 6.XI.1950), debiéndose a su instancia la constitucionalización (art. 4) del uti Possídetis juris de 1821 esto es, asumir como límites del territorio nacional los equivalentes a las divisiones en Virreinatos, Intendencias o Audiencias fijadas por la Corona de España consagrándolo en principio de legitimación territorial.
Su continua labor humana y dedicación intelectual le hicieron merecedor de otras importantes distinciones, así: Comendador con placa de la Orden Pontífica de San Gregorio Magno, otorgada por la Santa Sede; Comendador de las órdenes de Isabel la Católica y del Mérito Civil, otorgadas por España. Recibió también la Orden Imperial Soberano Constantino el Grande, y, la Orden del Quetzal, otorgada por Guatemala, entre otras.
En Nicaragua se le recuerda así: “Multifacético ciudadano, alto valor de las letras y de la sociedad nicaragüense. Jurisconsulto eminente y no menos eminente historiador, educador y político. Deja ejemplo patriótico de su dedicación a las grandes causas nacionales (…) Un ciudadano de gran talento, erudición, y en lo social un caballero de palabra suave y exquisitas maneras. Tenía el don de la paciencia, y jamás se le vio en ninguna circunstancia alterado, a pesar de las difíciles situaciones a que se enfrentó. Tenía especial cariño por su ciudad natal, Granada.”.