Nacional

Imprudencia y Policía con una reacción desmedida

* Familiares piden que le devuelvan la honra a sus deudos, honrados productores que nunca fueron delincuentes * Respetaban y querían mucho al capitán Amador, pero otros policías obraron sin cordura y se produjo matanza * Uno de los muertos era un muchacho que nada tenía que ver con la discusión, y fue rematado por la espalda cuando trataba de salir de la escena

Francisco Mendoza

ZAPOTE KUN, WASLALA

La comunidad de Zapote Kun está ubicada a 13 kilómetros del balneario de Puerto Viejo y a 46 kilómetros de distancia de la cabecera municipal, Waslala, de donde eran originarios los ciudadanos Virgilio Quintero López, Jairo y Salomé Zeledón Acuña, quienes perdieron la vida junto a dos policías el Jueves Santo.
A unos cincuenta metros de distancia de la vivienda de Virgilio Quintero, ahora yacen los cuerpos de estos tres productores. Uno de ellos dejó ocho hijos en la orfandad, entre ellos un pequeño que su madre arrulla en brazos. Los otros dejaron cuatro y tres niños huérfanos.

Un paseo fatal
Todo parecía normal cuando Virgilio Quintero López, sus cuñados Salomé y Jairo Zeledón Acuña, y sus amigos José Raúl y Ángel del Socorro Salguera Aráuz, decidieron irse a dar un chapuzón a Puerto Viejo, ubicado sobre la vía a Siuna, en el río Iyas, sin imaginarse que la muerte los esperaba después de haber ingerido unas cuantas cervezas.
Ángel del Socorro Salguera Aráuz, comerciante de granos básicos, es el propietario de una camioneta roja que está retenida en la Policía Nacional y que salió libre, ya que sólo portaba su arma, la cual entregó al capitán Amador antes que le dispararan.
Salguera Aráuz aseguró que todos salieron en la camioneta, y al llegar al lugar se saludaron con los policías y hasta los invitaron a comer.
Ya con sus tragos, por estar celebrando la Semana Santa, unos sacaron sus armas y las dispararon al aire, lo que provocó que la Policía comenzara a desarmarlos, por lo que él le entregó su revólver 357 al capitán Amador y éste comprobó que esa arma no había sido disparada, pero a pesar de todo, fue esposado por un policía.
De pronto escuchó la balacera, y uno de los agentes le manifestó que se tirara al suelo para que no lo mataran.

Policía disparó primero
José Raúl Salguera, quien estaba en el grupo de Virgilio, señaló que después de los tiros, los policías trataron de desarmarlos, pero violentamente, y cuando Virgilio iba a entregar su revólver al capitán Amador, un policía le disparó a éste, y fue lo que provocó la balacera.
“Estamos claros de la situación, se murió un gran hombre como era el capitán Amador, muy querido en Waslala, pero nosotros perdimos a tres grandes productores, también queridos en la zona”, dijo Salguera.
“Quiero aclarar que nosotros no somos delincuentes, como dijo la comisionada Aminta Granera, quien afirmó que faltaba uno de los delincuentes; ella no tiene la culpa porque así le informaron, pero nosotros somos productores y reconocidos por la Policía de Siuna y por las instituciones financieras con las que trabajamos”, agregó.

Acción irresponsable
Mercedes Lemus, poblador del balneario Puerto Viejo, dijo que la Policía actuó irresponsablemente, al disparar en contra de civiles que nada tenían que ver, provocando siete heridos, quienes por temor a represalias, no quisieron dar declaraciones.
Doña Modesta Acuña, madre de Jairo y de Salomé, dijo: “A mí nadie me contó, yo escuché los disparos y cuando llegué ya estaban mis dos hijos y mi yerno muertos. Al principio no pude meterme donde estaban, porque un policía “hasta que bailaba” con un AK. Fue hasta que se marchó ese uniformado que fui a verlos, pero ya nada tenía que hacer”.
Añadió que “los policías agarraron a mi hijo Jairo y le querían quitar a la fuerza la pistola, pero como no se las dio, le pegaron un balazo, pero cuando cayó Jairo, Salomé y Virgilio Quintero López se enfrentaron a balazos con los oficiales, y murieron al instante”.
La señora agregó que su hijo Salomé se iba corriendo y le dieron un tiro por la espalda.

El cuarto civil muerto fue rematado
En referencia al ciudadano Henry Ochoa Castro, quien murió cuando trataba de escapar de la balacera, la señora dijo que este muchacho ni siquiera era conocido por la familia, ya que vivía en la comarca Zacatera.
Ochoa Castro recibió un balazo en la pierna y después un policía voluntario se le acercó, y al ver que no tenía armas, le dio dos balazos en la espalda, aseguraron los vecinos de la zona.
Doña Marlene Zeledón Acuña, esposa de Virgilio Quintero y hermana de Jairo y Salomé, no pudo decir mucho, debido a la pérdida de su marido y de sus hermanos, pero pide que se investigue, y que estos policías que acabaron con tres miembros de su familia sean castigados, ya que quedó con ocho hijos que mantener.
Rosa Ivania Quintero, esposa de Jairo Zeledón Acuña, queda con tres niños a su cargo. Dijo que sólo le llegaron a avisar que la Policía había matado a su esposo, y que manifestaban que éstos eran delincuentes, pero que todos sabían que eran personas trabajadoras.
María Elena Quintero, tía y suegra de dos de los fallecidos, pide a las autoridades que desmientan lo que manifestaron de sus familiares, señalados de pertenecer a una banda de delincuentes.
Muchos ciudadanos, como Joaquín Orozco Aróstegui, dijeron que a los policías voluntarios y a la misma Policía hay que inculcarle más disciplina para que puedan tratar a las personas, por lo que demandan una investigación por parte del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos, Cenidh, y que los culpables de estas muertes no queden en la impunidad.
Orozco también lamentó la muerte del capitán Amador, ya que era una buena persona.
Doña Adela Castro González y su esposo, Santos Elías Ochoa Aguilar, piden castigo para los que mataron a su hijo, ya que está comprobado que éste nada tenía que ver con el grupo que quería desarmar la Policía, pero que además lo remataron cuando estaba herido.