Nacional

Poeta haitiano nos canta todo el dolor de su pueblo

* Se ha convertido en la figura más emblemática del Festival de Poesía en Granada * Poeta y visionario, vio con horror la destrucción y la muerte en su país, y sólo aquí recuperó la poesía

La noche anterior fue agitada y extensa, sin embargo, a las siete de la mañana ya se encontraba dispuesto a brindar una entrevista. En la mesa de lectura nocturna del martes cautivó a los amantes de los versos con una composición de su libro Tanbou (Tambor). Con su potente voz y su buen español transmitió al mundo ese mensaje de esperanza y optimismo que canta en sus métricas.
Gahston Saint Fleur es un consagrado poeta haitiano que llegó a las rimas por accidente. Desde niño componía letras de canciones y formaba parte de un grupo cultural multidisciplinario, sin embargo, su familia lo alejó de la música por temor a que se convirtiera en “un vago” y le inculcó una pasión in extremis por los estudios.
Saint Fleur es dueño de un nacionalismo envidiable. Se muestra orgulloso de ser hijo del país más pobre de Latinoamérica, porque “somos una de las naciones más ricas culturalmente”.
“En Haití la experiencia cultural es espontánea, nace de nuestra gente y tenemos mucho talento que no ha necesitado formarse en escuelas, tal es el caso de Franketienne, nominado al Premio Nobel”, afirmó enfáticamente mientras llevaba a su boca la taza de café con leche provista para el plantado desayuno que dejó a un lado para compartir su experiencia.

No es interiorista
Saint Fleur afirma que no es un poeta convencional, porque le ha dado un nuevo enfoque a la poesía.
“Yo no uso la poesía como puente para hablar con el mundo, sino que es un diálogo íntimo entre la poesía y yo para hablar sobre el mundo”, aseguró.
Y es que ser investigador social le ha dado la ventaja de tener una visión realista de su país, lejos del idealismo de muchos bardos.
Ese realismo lo ha llevado a buscar cómo orientar a su pueblo, a fomentar lo autóctono, no sólo traduciendo obras, sino también escribiendo en Kreolé la historia de ese pueblo que ha trazado su ruta con sangre.
“Mi obra llama a la esperanza, a buscar el compromiso de mantenerla encendida y a luchar conscientes de su destino”, compartió.

Poeta y visionario
“Yo siempre he dicho que entre un poeta y un visionario hay un solo paso, pero he tenido una experiencia particular y dolorosa”, dijo previo a una abstracción que lo desvió un poco de la entrevista.
Hasta el momento habíamos evadido hablar del terremoto de Haití, pero era imposible, más aún cuando Gahston confesó que “algunos de mis versos son una especie de anuncio de la catástrofe que estamos viviendo, y me sentí culpable, como si con ellos atraje la desgracia”.
Algunas de esas estrofas están en su libro Atrahasis, poemas de sangre, en el que se lee: “Si te vas a mi jardín/no bebas de sus aguas/ni te bañes en sus ríos./Ríos de agua mezclada con sangre. Sangre, manchas de sangre./Lágrimas, gotas de lágrimas. Sangre mezclada con lágrimas/Lágrimas mezcladas con sangre”.
En Tanbou Kreyòl (septiembre 2009) hay versos que anticipadamente llaman a que los haitianos unidos se sobrepongan a la tragedia: “Si no luchamos juntos/ para salvarnos/ nos moriremos todos”.
“Yo me sentí muy impactado por eso de mis poemas, pero en realidad son solo las conclusiones a las que me ha llevado el análisis de determinadas situaciones que me llevaron a pensar que un descalabro de esa magnitud podía pasar”.

Nicaragua le devolvió
la sonrisa
Gahston estaba en Haití al momento del terremoto, y confesó que “ir a Puerto Príncipe y mirar cómo quedó es sencillamente desolador”.
Con admirable humildad y conmoción agradeció a los nicaragüenses por el apoyo que han brindado a Haití y por la acogida que le han dado en el festival, “muchos dicen que soy el niño mimado de todos los poetas”.
Asimismo, aseguró que lo vivido en Haití es doloroso, por lo que participar en el VI Festival de Poesía en Nicaragua le ha servido de terapia.
“Desde el terremoto no había escrito. En Nicaragua volví a reconectarme con la poesía, volví a sonreír, el festival es una terapia de rehabilitación que llevaré de regreso a mi país”.
Según el poeta, lo que más lo desmoralizó del terremoto fue la destrucción del palacio de Gobierno, “verlo hundido fue horrible, porque es el símbolo de la moral haitiana, en mi fuero interno me sentí destruido”.
Y ese dolor sólo pudo expresarlo en nuestra tierra, donde escribió:
Una lluvia de desastres azotó mi jardín/ sembrado de plantillas, de flores de esperanza/ de palmeras donde ondeaba la moral en alto/ y en el centro,/ un castillo blanco de mármol./ El Palacio se ha hundido, sólo queda el llanto.
Emocionado por la temática, agradeció a EL NUEVO DIARIO la oportunidad de dirigirse al pueblo de Nicaragua y dijo: “¡Qué viva Nicaragua para siempre, que viva el Festival de Poesía!”