Nacional

Piscicultura de montaña

* Una inédita experiencia de mujeres de la comarca Santa Rosa, en el municipio de San Fernando, que pretenden convertirla en un ejemplo en el norte del país y ser un atractivo turístico * Trabajaron arduamente, a iniciativa del Instituto de Promoción Humana, y lo creyeron realidad hasta cuando vaciaron en la laguna más de 5 mil peces

Leoncio Vanegas

SAN FERNANDO, NUEVA SEGOVIA

Una mujer saca un alimento granulado de una bolsa de plástico y caminando por la orilla, lo esparce por la orilla de la laguna; de inmediato el agua burbujea, son los peces tilapias que también la siguen.
Norma Elena Fonseca la observa desde una esquina de uno de los 4 estanques de forma rectangular: dos de 10 por 20 metros y dos de 10 por 5, todos con una profundidad de 1.20 metros.
“En unos hay 2 mil 700 y en otras hasta mil 400; por todo echamos el 7 de agosto (2009), más de 5 mil peces”, detalló. Ella es la coordinadora de un grupo de 10 mujeres, que además de saber cultivar maíz, frijoles y hortalizas, ahora han agregado la piscicultura de montaña, un rubro totalmente nuevo para ellas.
La idea se las sembró en su comarca, que comprende la cooperativa “Gregorio Blandino”, Martha Adriana Peralta Paguaga, ex alcaldesa de Ocotal y directora del Instituto de Promoción Humana, Inprhu, filial de Nueva Segovia, una idea, que según Norma Elena, costó que les entrara en la cabeza.
Hasta un hospedaje en su imaginación
Relata que el proyecto propuesto con financiamiento de la Fundación Prodel venía para 30 mujeres, pero al final sólo 10 se anotaron con el beneficio de la duda. “Pues, nosotras dijimos: vamos a probar, vamos a probar…”. En tanto, otras en broma y en serio les desanimaban con frases como: “Ustedes se están matando y nada van a hacer”.
“Pero no, trabajemos. Al final nos vamos a dar cuenta si nuestros esfuerzos fueron en vano o no. Fue todo lo contrario, porque dentro de las mujeres, surgía una idea y la otra decía una idea, y nos fue encantando el proyecto y seguíamos excavando. Diosito, danos fuerza, decíamos en los momentos que no queríamos nada”, relata la lideresa del grupo.
Todavía atiborradas de dudas, las 10 mujeres y algunas con la ayuda de sus maridos, se abrieron paso sobre la tierra; con sus manos ampolladas y sus cuerpos adoloridos, no dejaron de picar con las piochas y barras, y palear el material hacia las orillas, pero faltó mucho, al día en que se toparon por el cansancio.
“Nos reunimos las 10 mujeres y nos dirigimos a doña Martha Adriana y nos recibió, también Ana Julia Olivas (técnica del proyecto), a pedirle apoyo para la excavación y el repello, y así logramos darle empleo a más gente por un mes”, recuerda.
Tras unos seis meses de arduo trabajo, las piletas estaban allí ante sus ojos. Luego, cuenta Norma Elena, se atrasó la llegada de los peces que ellas querían ver nadar en los estanques, con agua que viene del río Achuapa, por medio de una acequia de varios kilómetros, desde los pinares del pie de la cordillera Dipilto-Jalapa, que además, provee líquido para los sembradíos y ganadería de la cooperativa.

Cultivado en aguas limpias
“Lavamos las pilas, se hizo cambio de agua y quedamos a la espera de los peces ¿Y cuando van a venir los peces, doña Martha? Era la pregunta insistente que hacían cada vez que ella les visitaba. “Pero de repente se aparece, y nos dice: mujeres, los peces vienen”, rememora.
Tanto sacrificio invertido, valía la pena celebrar en el momento, “algo que soñábamos, se nos hizo realidad; se nos hizo realidad, porque trabajan chavalas jóvenes, también”.
El jolgorio de bromas que hacían cuando excavan la tierra para las pilas, se convirtieron en nuevos proyectos. Cuenta que sus demás compañeras le decían: Norma Elena, sabés que, vamos a levantar un kiosco, yo voy a freír los pescados, yo los voy a empacar, vamos a vender y nos vamos a desarrollar, vamos a ir a las radios y periódicos y vamos a decir que somos las primeras cultivadoras de tilapia en Nueva Segovia”, narra sonriendo.
Y los planes se amplían, pues, con un fondo que van a crear con las primeras ventas de pescado, piensan cavar dos estanques más, para cultivar el banco de semillas, pues ya saben diferenciar el sexo en los pececillos y pesarlo. Gestionarán incluso un cuarto frío para conservar el producto, en tanto, se le busque mercado.

Y un nutritivo más para sus hijos
“Y echamos a volar el cerebro, porque queremos que vengan turistas, porque tenemos una hacienda antigua, y puede ser un hospedaje; que vengan organismos que nos quieran apoyar”, sugiere, Fonseca. Además, destaca que ofertarán un producto sano y de buena calidad, porque el agua fue examinada y resultó limpia.
Las mujeres de esta comarca, a tres kilómetros de la carretera pavimentada de Ocotal-Jalapa, con desvío en la comarca Achuapa, se han propuesto convertir su experiencia en una pequeña empresa pesquera, cuidar su sostenibilidad para servir de ejemplo para otras féminas de otros municipios.
Han propuesto a dos jóvenes bachilleres de la comunidad, a capacitarse como futuros administradores de su futura empresita.
Además, están convencidas que a partir de marzo próximo, con las primeras atarrayas que saquen cargada de peces, sus hijos agregarán a su plato otro producto nutritivo. Pronto, también se verá en el mercado de Ocotal, el pescado fresco y empacado, cosechado por las mujeres de Santa Rosa.