Nacional

Pobreza y engaño, insumos para un mundo de sordidez

* Llegan a la capital y cargadas de sueños, pero se encuentran con gente que las pone a la orden de “depredadores” * Policía destaca que en 16 de 18 de estos centros requisados el año pasado, se confirmaron prácticas de proxenetismo y explotación sexual de adolescentes * Organismos defensores de la niñez alertan de subregistros y de nada sirve el cierre de estos negocios si no hay castigo para sus operadores

I entrega

Marta aprendió a los 16 años, que en la capital, sus caricias de niña tienen un precio. Pero no fue lo único, también sabe ahora que su sueño de volver a casa y traer un día a sus tres pequeños hermanos a conocer las escaleras eléctricas de Metrocentro, se quedó en eso, en un sueño y nada más.
Esta menor, convertida ya en mujer tras 34 días de trabajo nocturno en un club para adultos de Managua, dice que le consuela saber que no es la única, cuya vida se volcó cuando dejó su humilde vivienda en el norte del país. Y no miente. Indagaciones hechas por un equipo de END comprobó que una docena de estos centros, se nutren de adolescentes que llegan a la capital en busca de mejor suerte.
Lo más escandaloso, es que propietarios de clubes, que realizan estas prácticas pese a que en el pasado autoridades locales les han mandado a cerrar sus establecimientos bajo la presunción de permitir bajo sus carpas explotación sexual, proxenetismo y prostitución. “Bueno, uno lo hace por necesidad, ellos (los dueños) por negocio”, nos dice Marta.
En este submundo de explotación, se mueve toda una estructura más o menos organizada y con conexiones que llegan hasta el mismo Consejo Supremo Electoral, CSE, desde donde se emiten cédulas alteradas para descabezar los operativos policiales que buscan frenar la explotación sexual contra menores.
Marta por ejemplo, con 16 años cumplidos naturalmente, guarda en su cartera una identidad que la hará pasar ante un oficial de policía como una joven de 19, edad suficiente para ser considerada en el país como alguien responsable de sus propios actos. ¿Cómo la consiguió?

Desempleo, pobreza y engaño
La crisis económica del año pasado por ejemplo, dejó a unas 63 mil personas sin trabajo tras el cierre de varias empresas, la mayoría del sector de las maquilas. A esta cantidad, se le debe sumar los 80 mil jóvenes que anualmente entran al mercado laboral, de los cuales según economistas independientes, sólo entre 4 mil y 5 mil lograrán ser empleados.

“Las proyecciones de creación de empleo para este año son insuficientes”, advierte el economista Alejandro Aráuz. La falta de empleo, agrega Aráuz, redundará en un crecimiento del empleo informal y un aumento de las migraciones de las ciudades más empobrecidas a las más dinámicas como la capital del país.
Es por lo último que a Managua, llega un buen número de jovencitas en busca de oportunidades. Sofía por ejemplo, una muchacha nacida y criada en León, abandonó sus sueños de ir a la Universidad, porque en su casa ya fue imposible mantenerla en su último año de secundaria.
Dejó de estudiar y tampoco encontró ocupación allá. “Intenté una carrera técnica y tampoco se pudo. Ni modo”, comparte, mientras deja que una mirada pícara se pierda en la nada de las mesas de un bar donde trabaja desde hace seis meses.

No sólo venden cervezas y rones
Delgada, blanca, cabello rizado. Sofía encaja perfectamente en la descripción que uno puede hacer de una mesera atenta y “chispa”, de no ser porque prefiere hablar poco. Sus ojos, que ella misma llama “soñadores” confirman sus 19 años vividos. “Dicen que soy la más bonita de acá”, agrega. En el bar que la encontramos, ubicado en la calle principal de Altamira, no sólo se venden cervezas y rones.
Pero esa es sólo “la base de las ofertas”. En este bar se prostituyen también adolescentes y jóvenes provenientes de varios municipios del país, incluso algunas que han llegado desde la Costa Atlántica. Sofía llegó allá de mano de “una amiga” que le hizo saber que había una plaza para trabajar de mesera.
La amiga le dijo que además de un salario básico, “lo fuerte” de la plaza eran “las extras”. “Pensaba que se trataba de la propina, pero... (calla y ríe nerviosa), lo que ustedes ya saben”, señala. A Sofía no le anduvieron con rodeos. “Me dijeron que si quería el trabajo que me quedara, si no que me fuera”, recordó.

¿Te gustaría dedicarte a otra cosa? – le preguntamos—“Pero claro, esta es una forma de vida horrible”, responde de inmediato.

Policía confirma
En mayo de 2006, EL NUEVO DIARIO presentó una serie de reportajes relacionados a la explotación sexual que sufren menores y adolescentes nicaragüenses en Guatemala, en los famosos lupanares, adonde son llevadas con engaño y desde donde incluso autoridades nicaragüenses han logrado rescatar a una veintena de muchachas.
Con sus respectivas diferencias, lo que está sucediendo en Nicaragua parece inspirado en ese tipo de negocio. Acá existen “captoras” de menores, que igualmente les ofrecen empleos y que también una vez que llegan a Managua, son dadas en administración en algunos centros nocturnos.
“Hay operativos donde hemos dado con centros donde se practicaban el proxenetismo y la explotación sexual. Hemos logrado rescatar a muchas niñas de estos lugares”, señala el Subcomisionado Felipe Ruiz, Jefe del Departamento de Delitos Especiales de la Dirección de Auxilio Judicial, DAJ.
Ruiz dio a conocer a manera de ejemplo, que el año pasado, ejecutaron 18 operativos contra centros donde se desarrolla la prostitución, seis de los cuales funcionaban en Managua y 12 en los departamentos de León, Chinandega, Matagalpa y Estelí.
Los operativos ayudaron a confirmar que en 16 de los lugares visitados se estaba practicando el proxenetismo y en dos, se estaban explotando sexualmente a menores de edad. Un caso se ventiló en la capital y el otro en León.
También las autoridades policiales realizaron tres allanamientos donde resultaron cinco personas detenidas, quienes fueron acusadas por los delitos de pornografía infantil, explotación sexual y trata de personas.
“Los casos que han sacado a luz las autoridades policiales nos preocupan, pero más nos preocupan los subregistros, porque sabemos que los hay y muchos”, agrega Georgina Mendoza, miembro del Consejo de Integración de la Federación de la Coordinación Nicaragüense de ONG que trabajan con la Niñez y la Adolescencia, Codeni. “Sabemos que las mayores víctimas son menores”, advierte Mendoza.

Algunos centros “flexibles”
A diferencia de los lupanares de Guatemala no todos los dueños de establecimientos retienen por la fuerza a las muchachas, aunque no faltan quienes una vez que llegan al lugar, les inventan deudas que deberán pagar con horas-trabajo.
Algunas de estas deudas suelen ser una especie de comisión a la “amiga” que las “enganchó”, los gastos para una nueva identidad, alimentación, y dormida si no tienen dónde hacerlo. “Lo más caro es lo de la identidad y es la mayor exigencia”, confirma Marta.
Patricia es otra joven leonesa. Es morena, de ojos pequeños y labios carnosos. Se declara así misma como muy conversadora y lo es. Hizo un año de Administración de Empresas en una universidad privada, pero la tuvo que abandonar debido a un embarazo no planificado.
Igual que las demás muchachas supo de un bar en un centro nocturno de Managua, que ofrecía buena paga por desempeñarse como mesera, pero además, le dijeron que por el horario, el trabajo incluía dormida y alimentación. “Ya aquí me dijeron de que se trataba…igual, no tuve opción”, dijo, agregando que en su casa, su hijo la aguardaba con dinero para comer y vestirse. “Yo lo veo (a mi hijo) los fines de semana. Nadie sabe allá (en León) que me dedico a esto”, dice.

¿No tenés problema para volver?, es decir, ¿No te retienen? –le preguntamos- “No. Ellos (los dueños de los clubes) saben que uno necesita el trabajo…que (una) se va con ganas de no volver, pero vuelve”, responde.

“Juventud divino tesoro”
Igual que los boxeadores, las jóvenes de estos centros nocturnos saben que su carrera exitosa suele ser muy corta. Ser nueva en ese mundo y tener pocos años de vida en el “comercio de caricias”, significa “buenas extras” cada fin de semana.

Mildred tiene 16 años de edad. Dice que su mayor virtud es desconfiar de todo el mundo. Se rehúsa a decir de dónde viene, pero el acento y la viveza típica de una capitalina la delatan. Asegura que nadie en su familia conoce de dónde verdaderamente sale el dinero que lleva a casa.
“Las mayores no nos quieren, porque los clientes nos prefieren pollitas”, dice. Se declara con novio, al que según ella, no le pasa ni por la mente que no es la única persona que la conoce en su precoz intimidad.
Mildred no parece inconforme con lo que hace. Dice que también lo dejaría, pero “sí y sólo sí”, existe otro empleo que le dé las rentas que le da el bar donde labora. “En un día malo puedo ganar 600 córdobas, y en un buen día hasta 1,500”, aseveró.
Para ganar lo que Mildred gana en uno de esos buenos días, una empleada doméstica en Managua necesita laborar 15 días continuos en turnos de 24 horas, si fue contratada con lo que aquí llaman “dormida adentro”. Patricia, su compañera de trabajo más cercana, dice que aún en “días malos”, de poca clientela, se sigue ganando más que en la casa de “un acomodado”.

Los horarios y los costos por servicio
Hay lugares donde las jóvenes ingresan a trabajar a las nueve de la mañana. A excepción de las vísperas del fin de semana, el mismo fin de semana y días de pago.

“A veces nos vamos hasta la madrugada”, señala Patricia. Cuando eso ocurre tienen licencia para entrar a mediodía al día siguiente, pues sus patrones consideran el cansancio que la noche de “bailongo y otros servicios” pudieron dejar en sus jóvenes cuerpos.

También ficheros
En bares como el que trabaja Mildred y Patricia, el cliente suele comprarlas por 200 córdobas para lo que ellas llaman “el rato”, una media hora más o menos. Del monto, el dueño del establecimiento recibe 100 córdobas, pero no es todo, las muchachas debieron antes lograr que el cliente consumiera un mínimo en su mesa. “Si no hay ese mínimo de consumo, no hay caricias”, dice Mildred.
Nos explicaron que ese mínimo, es variado de acuerdo al local. Hay quienes lo han establecido en 500 y otros en 700. Por supuesto, el cliente no es enterado de ese acuerdo. “Es que él (cliente) viene, te echa el ojo y para asegurarte, te ofrece que te sentés con él. Ahí es donde el consumo se dispara”, explica Patricia.

En efecto, una vez que la muchacha acompaña al cliente, los tragos suben de precio. Una cerveza por ejemplo, pasa de tomarse a solas en 25 córdobas a 50 con “compañía”. 15 de ese monto son para la acompañante. Si es ron lo que el cliente quiere tomar, la tarifa sube drásticamente. “Por cada trago que yo me tome, deberá pagar a cuenta del bar 50 córdobas, la mitad es para mí, asegura Mildred con el gesto de quien hace cuentas en el aire.

¿A domicilio?
Las muchachas dicen que los propietarios de este tipo de negocios están claros que la competencia es fuerte, por lo que también están obligados a ser más “creativos en sus servicios”. Cuentan que antes, sólo permitían la “venta de caricias” en sus instalaciones, pero hoy día el cliente tiene la opción de llevársela fuera.

Por supuesto, una exigencia como ésa, tiene para “el comprador” un costo mayor. Conocimos por ejemplo, que por tres o cuatro horas el cliente debe pagar 300 córdobas al dueño del establecimiento y 200 córdobas ganaría la joven. Ahora, si el cliente quiere tenerlas hasta por un máximo de tres días, es posible, sólo si entera mil 500 córdobas al “patrón”.

¿No temen a ese tipo de servicio? ¿Es seguro? – preguntamos—“Sí, hay temor…pero es parte del trabajo”, responde Marta. Mildred dice que el dueño del negocio generalmente conoce a quienes piden ese tipo de servicio. “Son como clientes conocidos, es como un VIP, ¿sabe?”, agrega con el rostro arrugado y molesto, tras el sorbo de una cerveza caliente que para ella, perdió la gracia.

Mañana:
* Las horas en el infierno y los rostros que ellas prefieren no recordar jamás
* Autoridades luchan contra verdaderos “depredadores”, ¿Quién gana la batalla?